De política y cosas peores

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Catón.-

«A mi novia le gusta hacer el amor en el asiento de atrás del coche». Tal confidencia le hizo Babalucas a un amigo. Y añadió: «Eso no me gusta nada». «¿Cómo es posible que no te guste?-se sorprendió el amigo-. Hacer el amor así es muy excitante». «Sí -reconoció Babalucas-. Pero a mi novia le gusta hacer el amor en el asiento de atrás del coche mientras yo voy manejando». La señorita Peripalda, catequista, no sabe nada de las cosas de la vida. Hizo una piyama de hombre para el Ropero del Pobre de la parroquia. La encargada le dijo: «La piyama es de hombre, pero no le pusiste bragueta». Preguntó tímidamente ella: «¿Y no se la pueden dar a algún soltero?». Mario Vargas Llosa es una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo. Novelista extraordinario, sus obras forman parte destacada del acervo literario universal, tanto que lo hicieron merecedor del Premio Nobel. A más de eso el escritor es observador acucioso de la escena política del mundo, que reseña en forma objetiva y analiza con profundidad. Liberal en el mejor sentido de la palabra, está alejado de todo dogmatismo y toda radicalidad. Por eso sus opiniones son respetadas, y atendidos sus puntos de vista. Estuvo hace unos días en la Ciudad de México y dictó una conferencia. En el curso de la presentación dijo: «Veo muy mal a México». Una catarata de aplausos, señal de acuerdo, siguió a sus palabras. Añadió: «Temo muchísimo que el populismo, que parece realmente la ideología del Presidente de México, nos conduzca otra vez a una dictadura, perfecta o imperfecta, pero dictadura al fin y al cabo». No está solo Vargas Llosa en esa percepción. Somos millones los mexicanos que igualmente estamos viendo a México muy mal. A la inseguridad, rampante ya, se añaden un estancamiento económico patente y una visible incapacidad del régimen para atender con eficiencia, no con demagogia, los grandes problemas nacionales. Rico en manejo de imagen; pobre, pobrísimo en el manejo de la realidad, a un año de haber asumido la máxima magistratura el Presidente ha hecho poco y ha deshecho mucho. Hasta ahora su actividad más importante han sido sus cotidianas comparecencias mañaneras. Ciertamente su honestidad personal, incuestionable en lo que hace al manejo de los fondos públicos, ha hecho inviable la corrupción en los funcionarios, lacra que mucho daño hizo a la Nación. Eso es fruto mayor, hay que decirlo. Pero en el combate a la delincuencia y en obras de infraestructura sus logros pueden medirse con el número cero. En todo el país se escuchan quejas motivadas por la penuria en que tiene a los estados y los municipios, a instituciones de educación y cultura, y aun a las que tienen que ver con la atención a la salud. Sus programas sociales -me resisto a decir «electorales»- están lejos de alcanzar la cobertura prometida, y sus visitas a comunidades pobres no se traducen en beneficio real para sus habitantes, sino en discursos repetidos una y otra vez con iguales palabras y conceptos, discursos de candidato en campaña, no de Presidente en funciones. En efecto, como dijo Vargas Llosa, México se ve muy mal. Claro: siempre habrá quienes tienen otros datos. Nadie que tenga escrúpulos de moralina debe posar los ojos en el cuento que ahora sigue. Preferible será que quienes sufran esos tiquismiquis de pudicia se salten en la lectura hasta donde dice FIN. En la cena de parejas uno de los invitados relató: «Aquella mañana hacía tanto frío que, con perdón de las señoras, mi parte de varón se me puso así». Y con los dedos índice y pulgar señaló un espacio equivalente a una pulgada. «¡Cómo! -exclamó con asombro su esposa-. ¿Te creció?». FIN.

 

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

El beato Jan de Ruysbroeck está casi olvidado.

Nació en el siglo XIII y vivió en ese pequeño pueblo de Bélgica, Ruysbroeck, cerca de Bruselas. Nutrido en las obras de San Agustín vivió la vida de la fe, pero tuvo siempre fe en la vida. Sostenía que la muerte no existe ni para el espíritu ni para la materia. Decía que la vida es Dios, y Dios la vida.

Una mañana le pidió permiso al prior de su convento de ir al bosque a meditar. Concedida la autorización se internó en la foresta. Metido en sus pensamientos caminó tanto que no regresó a la hora de la comida. Sus hermanos pensaron que se había perdido y decidieron ir en su busca. Se extrañaron sobremanera cuando el prior les dijo:

-Esperen a que se haga de noche. Entonces les será más fácil encontrarlo.

En efecto, cuando los monjes entraron en el bosque vieron a lo lejos un raro resplandor. Fueron hacia él y hallaron al beato Jan, cuyo cuerpo despedía una luz sobrenatural salida de su alma.

El beato Jan de Ruysbroeck está casi olvidado.

Yo lo recordé porque hoy es su día.

¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.

Por AFA.

«. Un año de gobierno de AMLO.».

Para unos ha estado bien,

para otros ha hecho daño.

Lo cierto es que este año

nos ha parecido cien.

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