León Krauze / Los costos de ceder frente a Trump

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En campaña, Andrés Manuel López Obrador prometió que la relación con el gobierno
estadounidense sería de respeto mutuo. Dijo que respondería con fortaleza e inmediatez a cada
infamia trumpista. Escribió un libro donde recogió lo que parecía una doctrina para lidiar con el
mercurial presidente de Estados Unidos. No se trataba de una promesa de beligerancia sino de
dignidad frente a las previsibles exigencias de Trump. A diferencia de Peña Nieto, decía López
Obrador, el nuevo gobierno mexicano no cedería a imposiciones ni se andaría con lisonjas
vergonzosas frente a un hombre que se ha dedicado, por años, a vilipendiar lo mexicano.
En esto, como en otras cosas, la realidad ofrece otros datos. Frente a Estados Unidos, el presidente
de México ha pasado de la pretensión de dignidad a la concesión como estrategia única. Y los
costos han sido brutales.

La relación bilateral durante el primer año de gobierno de López Obrador atravesó un punto de
inexión durante la crisis de principios del verano, cuando Trump amenazó a México con la
imposición de aranceles para obligar al presidente mexicano a endurecer radicalmente su política
migratoria contra los centroamericanos que cruzan el país rumbo a Estados Unidos. Como ocurrió
con Enrique Peña Nieto, cuya única prioridad en la relación bilateral siempre fue la agenda
comercial, el gobierno lopezobradorista cedió a la presión estadounidense y convirtió al territorio
mexicano en tierra inhóspita para los mismos migrantes que López Obrador prometió proteger. Es
verdad que México no aceptó que se le designara Tercer País Seguro, pero fue una victoria pírrica:
en la práctica, Estados Unidos ha hecho lo que ha querido con México en materia migratoria. La
presión de Trump llevó al gobierno mexicano a militarizar sus fronteras, en plena adopción de la
estrategia punitiva que tanto daño ha hecho a la comunidad migrante en Estados Unidos. El
resultado ha sido una catástrofe moral.

El gobierno mexicano ha ignorado el sufrimiento de miles de personas en las fronteras del país. Dos
grandes reportajes recientes muestran la realidad en Matamoros y Tapachula, zonas críticas de la
tragedia migratoria mexicana. El primero, rmado por Kevin Sieff, reportero del Washington Post,
retrata la desesperación de miles de migrantes centroamericanos en Matamoros, donde tratan de
2/12/2019 Los costos de ceder frente a Trump sobrevivir bajo un frío inclemente y la amenaza constante del crimen organizado. Las condiciones
en el campamento de refugiados, dice Sieff, son espantosas por insalubres y precarias. La amenaza
de una epidemia que derive en una crisis de salud pública es inminente. Desesperados, los padres
preeren enviar a sus hijos solos a Estados Unidos a arriesgarlos a pasar un día más en el inerno
mexicano.

Algo parecido ocurre en Tapachula. Un reportaje reciente de Elena Reina en El País retrata otra
versión del mismo colapso moral que el gobierno mexicano ha permitido con su inhumana política
de migración. Lo que describe Reina es el inerno, ni más mi menos. Mujeres centroamericanas
obligadas a prostituirse, bajo los ojos de sus hijos, con tal de sobrevivir; Tapachula como “una
cárcel” donde el abuso, el dolor y la violencia son de todos los días. La de Reina es la crónica de una
degradación dantesca, de mujeres agredidas de mil maneras: encadenadas, vejadas, esclavizadas.
El horror

Además del retrato común del sufrimiento y la desesperanza, los dos reportajes coinciden en la
indolencia del gobierno mexicano. Dada la horrenda situación, esa indolencia revela no solo
ineptitud sino crueldad. Ambas son atribuibles a una persona: Andrés Manuel López Obrador. El
dolor de esos migrantes en las dos fronteras mexicanas es responsabilidad del presidente de
México y su política de concesión frente a Estados Unidos. Fue López Obrador quien aceptó
colaborar en el injusto programa “Permanezca en México”, que ha enviado a México a miles de
migrantes centroamericanos mientras esperan la supuesta resolución de sus peticiones de asilo en
condiciones como las que describe Kevin Sieff en Matamoros. Fue López Obrador quien aceptó
militarizar la frontera sur mexicana, atrapando a las mujeres centroamericanas en esa cárcel que
describe Elena Reina. Fue López Obrador quien decidió no otorgar recursos sucientes para
construir los albergues necesarios o mejorar las condiciones abyectas de los que ya existen. Todas
esas son decisiones enteramente imputables al presidente de México y a nadie más. Esa es la
verdad de la relación con Estados Unidos durante el primer año de gobierno de López Obrador. Que
no quepa duda: la historia juzgará con dureza a los involucrados

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