La edad, se presume

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Alicia Caballero Galindo.-

Quien se incomoda cuando preguntan la edad o “se quita” los años, ¡cuidado! Significa que no la ha vivido plenamente. La edad no se esconde ¡se presume!

Estadísticamente hablando, la edad promedio del ser humano en el planeta, se ha incrementado notablemente a medida que la civilización avanza. Según testimonios directos (restos humanos) la vida del hombre primitivo era corta debido a la peligrosidad de sus actividades para conseguir alimentos y la rudimentaria forma de vida. Cuando se descubre la agricultura y nace el sedentarismo, la especie humana evoluciona; pero la lucha por poseer territorios y dominio sobre otros pueblos, cobraba muchas vidas, además de las muertes causadas por enfermedades. Todas las culturas antiguas, incluso la griega y la romana que son consideradas ejemplo de avances de todo tipo, no escapaban a las guerras que mermaban considerablemente sus poblaciones, pocos llegaban a los treinta o cuarenta años porque los que sobrevivían, eran víctimas de enfermedades infecciosas, producto de la falta de higiene en sus actividades vitales. Los grupos en el poder, también tenían vidas cortas porque además de las enfermedades, eran traicionados y asesinados por quienes aspiraban a sus posiciones. En Grecia y el Imperio Romano considerados por la historia como una civilización avanzada, un hombre de cincuenta años o más era raro.

En la Edad Media, la situación era semejante y al restablecerse el poder de las casas reales en Europa, la insalubridad y las enfermedades eran el principal enemigo, además de las persecuciones religiosas y políticas que mermaban la población. La mortalidad infantil era alta, por eso esperaban engendrar muchos hijos para que sobrevivieran algunos.

La supervivencia humana a través de la historia, a pesar de sus avances, ha sido difícil por ese afán de poder y ambición que lleva a los pueblos a encuentros fratricidas e inútiles; Las Guerras Mundiales son un ejemplo de la barbarie del hombre del siglo pasado, semejante a la de los humanos de hace cientos  y miles de años atrás. Qué podemos decir de nuestros días, donde en mundo arde; en Medio Oriente, Venezuela, Nicaragua, Chile, Bolivia, muchos pueblos de África…

Sin ir tan lejos; nuestro país se encuentra inmerso en un ambiente de violencia tal, que las muertes de hombres, mujeres y niños está a la orden del día y con una impunidad que da miedo…

En medio de este mudo tan complicado y heterogéneo, paradójicamente, los avances médicos, permiten que el promedio de vida del ser humano contemporáneo, sea más largo, con mayor calidad de vida y una apariencia mejor. Es increíble lo que la ciencia médica está logrando al tener un conocimiento más profundo de la composición celular de los seres vivos, las enfermedades que los aquejan y la manera de combatirlas, hasta la reposición de brazos, piernas, ojos, órganos internos, está convirtiéndose en una realidad. A mediados del siglo pasado, la edad productiva de los seres humanos era muy baja, actualmente, las facultades humanas han mejorado, generando la prolongación de la etapa productiva, de igual manera, existen recursos para ver, caminar, escuchar mejor. Los avances científicos, permiten mayor calidad de vida. La medicina estética y de rejuvenecimiento, mitigan los estragos naturales de la edad. Con el fortalecimiento del cuerpo, el promedio de vida aumenta y las personas viven con calidad y activas física e intelectualmente.

Las últimas tendencias nos llevan de regreso a lo “natural” para curar enfermedades y prevenirlas; uno de los mayores enemigos increíblemente, es la misma ciencia que, para optimizar las producciones de cárnicos y productos alimenticios, usa hormonas, y todo tipo de químicos, generando un incremento alarmante de las enfermedades y la proliferación del fantasma de nuestra era: el cáncer. A decir de los médicos naturistas, se previene y se cura con productos naturales,  pero la industria farmacéutica perdería miles de millones de pesos…

Los naturistas proponen: “Que la comida sea tu medicina, para evitar que la medicina sea tu comida.”

Gran verdad.

En medio de esta vorágine de la vida moderna donde se enfrentan peligros externos e internos para la sobrevivencia, el cumplir años y vivir con calidad, es un privilegio que se presume, no se debe esconder porque todos somos guerreros de la vida y si estamos vivos es porque hemos librado miles de batallas de las que hemos salido victoriosos.

Negar los años que se han vivido, tal vez esconda frustraciones de quienes lo hacen, e inconscientemente se niegan a reconocer su edad tal vez porque sienten que desperdiciaron tiempo de vida y piensan que “es tarde para algunas cosas”

¡Nunca es tarde para nada cuando se tiene conciencia! Si hay vida, hay oportunidades de crecer, enmendar caminos, hacer lo que se desea. Nunca se es demasiado grande para emprender caminos. Hasta donde la vida alcance, la intención de crecer da satisfacción siempre. Los abuelos de hoy, no estamos sentados en un sillón contando historias con nostalgia; somos gente activa que trabaja, lucha, crece, construye y da ejemplos para que las generaciones venideras aprendan a trabajar, soñar, luchar y crecer, siempre crecer, mientras tengan vida. La edad se presume porque muchos seres humanos se quedan en el camino y nosotros seguimos caminando y dando ejemplo. Cuando alguien pregunte su edad, exprésenla con orgullo. Es un privilegio ser sobreviviente de mil batallas. Les comparto un poema a propósito.

 

Por el camino

 

Mis pies descalzos

se van desmoronando

por la ladera.

 

Siempre hacia arriba

con la vista en la cumbre

voy caminando.

 

Sombras grotescas

a orillas de la vera

ya están sin pies.

 

Tienen raíces

se quedaron sembradas

sin avanzar.

 

Sigo subiendo

voy quedando sin pies

no me detengo.

 

Por el camino

sangra mi corazón

en la penumbra.

 

Cuando es de noche

me encuentro en el camino

puntos brillantes.

 

Y al llegar el sol

comprendo que esas luces

son puntos vivos.

 

Ojos abiertos

que ya no tienen cuerpo

y parpadean.

 

Cuando los veo

mi alma se estremece

y sigo andando. . .

 

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