Carlos Marín / Inquisidores en apuros

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s improbable que lo haya hecho, pero el presidente de la sección instructora de la Cámara de Diputados, Pablo Gómez, puede todavía hoy lunes honrar su palabra y tramitar lo necesario para que mañana su ex correligionaria Rosario Robles enfrente a sus inquisidores.

Al informar que la señora fue notificada el lunes de la semana pasada, el legislador dijo que se le emplazó “para comparecer personalmente o por escrito” ante esa instancia que pretende inhabilitarla hasta por 20 años (adicionales a los 10 que le aplicó ya la Función Pública) para trabajar en el servicio público.

—¿Ya supiste lo del juicio político? —le preguntó en la cárcel mi compañera Lourdes Mendoza “justo un día después de que en la Cámara de Diputados aprobaran comenzar un juicio político en su contra”.

—Sí, y buscaré que me dejen ir a la Cámara a defenderme, como marca el debido procedimiento.

Ante reporteros, Gómez aseguró que, en caso de que la ex funcionaria decidiera asistir a San Lázaro, la Cámara solicitará al juez (Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, el sobrino cómodo de la diputada Dolores Padierna) dictar las medidas conducentes para garantizar la presencia de Robles en el recinto legislativo.

Esta nueva humillación a la única persona bajo proceso por la llamada estafa maestra tiene como pretexto el presunto desvío de recursos federales cuando la señora fue titular de las secretarías de Desarrollo Social, primero, y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, en el sexenio peñanietista.

Asesinada la respetable tradición del circo por la estulta prohibición de exhibir animales, será en la pista de la Cámara de Diputados donde se ofrecerá un entretenido espectáculo de compensación, con la exposición de una sarta de calumnias y vaguedades como las que el propio Gómez anticipó al contar que, “en su primera reunión para analizar el expediente, la sección instructora acordó solicitar a diversas secretarías de la administración pública federal, universidades públicas y a la Auditoría Superior de la Federación copias certificadas o archivos físicos de las actuaciones relacionadas con los desvíos de recursos públicos imputados a la ex secretaria”.

La petición es por demás insensata, ya que no existe un solo señalamiento que involucre a Rosario Robles en saqueo alguno.

—¿Te arrepientes de haberte presentado? —le preguntó Lourdes (El Financiero, 4 de diciembre).

—No, porque soy inocente y, si no me presentaba, hubiera aceptado mi culpabilidad; dos, porque a mí me acusan de omisión, no de habérmelo robado; y tres, porque creo en la presunción de inocencia y el debido proceso, y yo no lo estoy violentando. Aquí aplicaría el dicho de Benito Juárez: ‘a los amigos, justicia y gracia, a los enemigos, justicia a secas’.

La columnista recuerda que la acusación contra Robles no ameritaba prisión preventiva, se presentó voluntariamente en dos ocasiones ante el juez y, de los 11 implicados en la estafa maestra, “es la única que está en la cárcel…”.

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