María Sherer / A AMLO le urgen contrapesos

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Soledad Loaeza es la menor en una familia numerosa, con una mayoría de mujeres. Esos factores tuvieron una enorme influencia en su vida. “Eso marca profundamente”, afirma la respetada académica, lo mismo que haber sido becada por la SEP desde niña, un importante acontecimiento para una familia con ocho hijos. “Esa niña se paga sola”, decía su madre, orgullosa. “Yo lo entendí como ‘te bastas sola’, lo que me permitió ser independiente, incluso de ella, y tener la convicción de que podía salir adelante por mí misma”.

Sólo porque lo cuenta ella, le creo que era una alumna bastante regular, con problemas de conducta. Tanto, que fue expulsada por las monjas del Francés del Pedregal y cursó un año en la Prepa 4. Pero para la entrada a la universidad, ya había destacado: entró al Colegio de México a Relaciones Internacionales, y al terminar fue becada para aprender alemán en Múnich, en el Geschwister Scholl Institut, donde preparó una especialidad para mudarse después a París, donde se doctoró en Ciencia Política.

Loaeza había titubeado: quería ser historiadora, o estudiar letras, quizá psicología. Pero entonces los padres decidían por sus hijos. Los suyos intervinieron para que se convirtiera en una abogada de la Libre de Derecho. No era una decisión cualquiera: de los ocho hermanos, solo ella y el único varón fueron a la universidad. “Mi mamá me decía: ‘Tienes que ser como Amalia González Caballero de Castillo Ledón’ (primera mujer embajadora y primera integrante de un gabinete presidencial)”.

Había que darle una carrera para que pudiera mantenerse: “‘Es que Marisol es lista y tiene muy mal carácter y por eso no se va a casar’”, sostenían sus padres. Lo hizo dos veces: el primer matrimonio fracasó poco después del primer año. El segundo fue el definitivo. “He sido extraordinariamente afortunada. Le di la vuelta a la tortilla. Habiendo crecido en una familia de mujeres, tuve tres hijos varones, hombres de bien, trabajadores, buenos padres de familia”.

Mientras se abría la matrícula para ingresar al Colmex, se fue a Francia, interna. “Los franceses me enseñaron a pensar”. Volvió justo en octubre del convulso 1968. Loaeza llegó a la Ciencia Política a través de la Historia. “Tuve dos maestros muy importantes: Rafael Segovia y Prodyot C. Mukherjee (profesor de Estudios Orientales); también Porfirio Muñoz Ledo fue muy estimulante. Cuando terminaba su clase, te daban ganas de sacar las serpentinas y las cornetas y gritar ‘¡Viva México!’”.

Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, la profesora emérita del Colmex, estudiosa de las derechas en México y en Europa, expresa sus temores: “Creo que ya tenemos todos claridad en la urgencia de que López Obrador tenga contrapesos, de que tenga quien lo pueda detener, pero también está claro que los partidos están hechos pinole, salvo el PAN”.

-Pero estará, si cuaja el partido de Calderón…

-“El PAN es el fantasma de López Obrador y él no sólo está resucitando a Calderón, está reviviendo al PAN en la medida en la que lo está picando. Si se dividen los panistas, ya es una cosa de ellos. Creo que tienen que resolverlo y que no han podido resolverlo porque necesitan al líder que nunca han tenido. A diferencia de la izquierda, la derecha nunca ha tenido un líder como Lázaro Cárdenas, como Jesús Reyes Heroles. No han tenido a una figura que realmente haga el papel de unificarlos. Tampoco lo ha tenido la derecha, en términos amplios, en parte por su heterogeneidad. La derecha mexicana es más heterogénea que la izquierda, por eso necesitan a alguien que los discipline, que los ponga a pensar. Mira, dentro de los parámetros del propio Acción Nacional, el propio Gómez Morín nunca tuvo la valentía de asumirse como líder del partido públicamente. Diego (Fernández de Cevallos) nunca tuvo la disciplina para asumirlo; tuvo la personalidad y tuvo la labia, pero no la disciplina”.

-¿Diego fue lo más cercano a un líder que tuvo el PAN?

-“Carlos Castillo estuvo muy cerca, y (José Ángel) Conchello, lo que pasa es que a los panistas no les gusta hablar de él y son muy injustos, porque Conchello los modernizó, y le salvó la cabeza a Acción Nacional en el 76”.

-¿Se puede hacer oposición al margen del PAN?

-“La derecha, insisto, es heterogénea. Desde luego tienes a las clases medias mexicanas, clases que defienden la libertad, pero se oponen a la igualdad con todas sus fuerzas, porque la igualdad las desaparece y las deja con otro estatus, por eso México siempre ha tenido clases medias muy sustantivas. Creo que López Obrador pierde de vista que no puede gobernar sin partidos; él cree que sí, pero no se puede. Y es mucho, mucho mejor tener a la derecha en un partido moderado como es el PAN a tenerla por fuera, organizándose en grupos radicales enloquecidos y subversivos. Eso sí es de miedo. De una cosa se tiene que dar cuenta: de que se está jugando las cartas de tal manera, que está provocando la aparición de una derecha militante radical y terrible como puede ser la derecha mexicana extremista. Y no, no me refiero al Yunque, ese es un grupo marginal. A esa derecha radical no la conocemos. Esa derecha que contiene a todas las clases medias, que lo último que quieren es que sus hijos vayan a una escuela pública, que sus hijos sean atendidos por médicos de instituciones públicas, esos grupos son los que le van a dar una sorpresa muy desagradable al presidente López Obrador, que no se va a recuperar fácilmente”.

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