Magos y Faquires en Victoria

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

La presencia de magos, faquires y otros personajes esotéricos despertó, entre los victorenses, un alto grado de morbo y curiosidad por sus poderes mágicos, desapariciones, presentimientos y mentalismo. La mayoría vinieron de Europa y países orientales. Con excepción del Mago Merlín uno los más célebres en México, capaz de volverse invisible, los otros usaban nombres exóticos, difíciles de pronunciar.

Quienes acudieron al Cine REX a mediados del siglo pasado, seguramente recuerdan al Fantástico Mago Hyta Hary quien debutó en ese lugar la noche del 27 de diciembre de 1954. Cuando hizo su aparición ante “El Culto Público de Ciudad Victoria” portaba un colorido turbante de gala y un camisón de seda verde con extrañas figuras estampadas. Su número estelar se llamaba El Jardín Zoológico con animales auténticos que aparecieron de la nada en escena.

En cambio el Profesor Gamberti era un mago de menor categoría, modesto y poco conocido a pesar de su ambición de fama. Un domingo 13 en su tránsito por Victoria, al no encontrar un escenario ni representante que lo apoyara, presentó una función en la Cervecería La Movida del Once Morelos y Matamoros: “…de una a tres de la tarde, habrá una rica botana de mole y el Che Quintero amenizará la actuación del profesor, con selectas canciones de su Variado Repertorio.”

No hace falta demasiado cerebro para imaginar el final de aquella reunión esotérica, donde las bebidas espirituosas mezcladas con la música vernácula, se evaporaron mágicamente. Lo cierto es que el mago desapareció al día siguiente y los parroquianos de La Movida, jamás volvieron a tener noticias de su paradero.

En cambio el profesor Zara Fakir Hindú y su esposa Teytú, eran de mayor prestigio. Desde su consultorio en la habitación No. 12 de la Casa Turista, -Nueve entre Hidalgo y Juárez-, propiedad de Vicente Gil, anunciaron a los victorenses que estarían unos días en la ciudad. “…con gran experiencia porque se ganaron la confianza de destacadas personalidades de nuestra mejor sociedad, debido a la seriedad y sentido de responsabilidad que siempre han puesto dichos profesores en todos sus trabajos”. En la foto del periódico el profesor aparece extremadamente delgado, pensativo con un gorro y vestido negros, mientras sus manos se posan sobre una esfera de cristal. Siempre dispuesto a resolver en un simple consulta, males de amores y problemas emocionales.

“…Como cualquier ser humano han tenido en su vida un momento de crisis psíquica, la que lo ha colocado en una encrucijada y en tales condiciones no ha sabido que camino tomar”. Afortunadamente para salir de esos laberintos y orientarlos, estaban en Victoria Zara y Teytú: célebres psicólogos, siquiatras y neurólogos inigualables. “Los resultados se conforman por lo regular de una neurosis que hacen fácil presa a quien la padece, hasta precipitarlo en un vacío de horrores.”

El misterioso Zara siembre atinaba en el blanco del asunto. Si alguna persona mostraba comportamientos extraños o un grave trance, sin pensarlo debía acudir inmediatamente al taumaturgo para restablecer la energía y salud. Después de todo, con su enorme conocimiento del espíritu humano, el paciente podía controlar el: “… ánimo deprimido y volver nuevamente a la normalidad”. Agrega el mensaje con letras pequeñas: “Recuerde que esto lo encontrará en verdaderos doctores psicópatas y no en simples charlatanes…”.

Después de varias semanas y agotada la nutrida consulta, los habilidosos psíquicos se despidieron a través de un anuncio en periódico El Heraldo, donde informan su traslado a Tampico, agradeciendo a las autoridades municipales, sociedad, prensa local y público en general, el cariño, hospitalidad y cooperación: “…que nos brindaron durante el tiempo que permanecimos en esta bella ciudad.” La interminable historia debió continuar en la Quinta Morena del puerto jaibo, donde los esperaban otros enfermos del alma.

Sobre el mismo tema, los victorenses recuerdan que Alí-Kemar uno de los fakires orientales más célebre que visitó esta Capital, se instalaba en la Plaza Morelos o Los Carreones. Durante una semana, permanecía sepultado en condiciones agónicas sin comer ni beber agua. A través de una claraboya de cristal, niños y adultos pagaban un boleto para observar el sereno y deteriorado rostro del fakir, debido al prolongado ayuno.

 

 

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