Teatro Tayita

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

La carpa teatro, era una combinación de revista musical, baile, humorismo, declamación, títeres, canciones y dramaturgia de fácil aceptación entre el pueblo. Prácticamente, los victorenses vieron como una novedad la llegada de las primeras de esa modalidad. No solo por tratarse de una nueva forma de entretenimiento masivo, sino también porque contribuyeron al desarrollo de la cultura local. Este tipo de espectáculos trajo consigo, artistas y músicos que después figuraron en escenarios importantes y cine mexicano.

Respecto al Tayita, se trataba de un teatro portátil que recorrió la mayoría de las ciudades de la República Mexicana. Lo mismo preservó y difundió el arte escénico en Monterrey que en Colima, Saltillo, Chilpancingo, Mérida, Querétaro y Guadalajara. Sus propietarios José Luis Padilla -hermano de Raúl “El Chato”- y la vedette Blanca Morones ofrecían a donde llegaban una variedad de obras melodramáticas y revista musical. El diseño de la gran carpa  de lona, comprendía una sección de luneta y sillas acolchonadas. En gayola, la gradería era de madera.

Podemos afirmar que prácticamente el Tayita sustituyó la ausencia del Teatro Juárez, demolido arbitrariamente a finales de los cuarenta por el gobernador Raúl Gárate. Por varios años se instaló en un solar baldío de casi una manzana, ubicada en el 17 Carrera Torres, frente al estadio. La primera temporada en esta capital inició el 12 de febrero de 1955 con el estreno El Seminarista de los Ojos Negros, probablemente basada en el célebre poema de Miguel Ramos Carrión. Continuó el miércoles 16 con La Madre y el sábado 19 se presentó La Plegaria de los Náufragos y Gran Fin de Fiesta -dos funciones tarde y noche- a favor del Colegio Antonio Repiso, Los Bomberos, Acción Católica, Hospital Civil y Templo del Sagrado Corazón. El precio de entrada: luneta $2.50 y galería $1.00.

Esa noche, el actor principal José Luis Padilla -originario de Monterrey/1921-, recibió un emotivo homenaje de los victorenses. Al respecto el periódico El Heraldo de Victoria le dedica una columna, donde aparece una fotografía cautivadora: trajeado, pelo negro y ceja levantada, estilo Pedro Armendáriz. El público femenino, abarrotó las puertas del teatro: “…para contemplar de cerca a su actor preferido…Dio principio la función a las nueve y cuarto de la noche, con la alegre orquesta que dirige el maestro Muñuzuri, quien también fue ovacionado.

“La obra Rigoberto que fue puesta en escena ayer en la noche, gustó mucho al público que todos los asistentes cuando apareció en escena el señor José Luis Padilla, quien fue recibido con estruendosos aplausos y dianas que se prolongaron por más de un cuarto de hora. Visiblemente conmovido el señor Padilla dio las gracias y empezó a recibir los regalos que todos sus admiradores le hicieron llegar…”

El éxito de las funciones del Tayita fue contundente, a pesar que para entonces existían los cines Obrero, Rex y Avenida, donde los aficionados al séptimo arte pagaban entre cincuenta centavos y un peso la entrada. En esa época la manteca INCA estaba de moda, el Café Rico se vendía en bolsitas económicas de cien gramos y en la compra de una lavadora General Electric, la tienda Mercantil Victoria ofrecía a las amas de casa 25 cajas de FAB. El anuncio o jingle radiofónico creado por el poeta Salvador Novo, logró fama por su ritmo musical: “Siga los tres movimientos del FAB: remoje, exprima y tienda” interpretado por Eva Garza.

Gracias al éxito obtenido, durante febrero y principios de marzo del siguiente año la Compañía Padilla-Morones inició una nueva gira en Ciudad Victoria con las obras: San Francisco de Asís, La Plegaria de los Náufragos, La Carcajada, Blanca Nieves y Los Siete Enanos, El Manto Sagrado, Rosas de Pasión, La Madre y La Jaula de la Leona. Sin faltar El Derecho de Nacer basada en la reconocida radionovela cubana, escrita por Félix B. Cainet. Además el programa incluía: “Un gran desfile de variedades como en los mejores teatros de la Capital de la República”.

Al menos hasta la década de los sesenta el Tayita continuó presentándose en Victoria. Desafortunadamente hacia en 1974 los actores ofrecieron la última función en Acapulco, precisamente donde un par de años atrás, Jorge Lavat se había unido al repertorio. Esta empresa de sacrificados artistas, igual que la mayoría de las carpas desaparecidas de esa época, cumplieron a contrapelo un importantísimo papel para la difusión y forja del teatro a precios populares, por lo cual su sostenimiento económico resultaba difícil.

De cualquier manera, respecto a la Capital tamaulipeca considerada por los críticos como una ciudad culta, la cosecha de aplausos que levantó durante las temporadas que actuaron, fue monumental. Gracias a la fama de esas ovaciones llegaron a tierras cuerudas Mimí Debrá, Virginia Fábregas, Teresa Montoya, Lupita Tovar y Esperanza Iris. Es decir las verdaderas divas, de la crema y nata del teatro mexicano.

 

 

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