¿Para eso quería gobernar?

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Mauricio Zapata.-

Fue un luchador que por muchos años, según ha pregonado, buscó la democracia, la libertad y la justicia.

Encabezó un movimiento que terminó sumando millones de almas que querían un cambio verdadero en el país, y él, según sus seguidores, era el único que podía encabezarlo.

Fue víctima de un fraude en el 2006, según él.

Fue víctima de los “dados cargados” seis años después, según también él.

Y al final llegó el fruto. La mayoría de los mexicanos lo celebraron y comenzaron a ilusionarse de que pronto, muy, pero muy pronto se acabaría la corrupción y la inseguridad. Que México sería respetado en el mundo y vendría una etapa de progreso y transformación.

Se acabarían los gobernantes ocurrentes, el nepotismo, la torpeza, las cajas chinas, y la investidura presidencial tendría el respeto que se merece.

Él viviría en su casa de Copilco y, al estilo Mujica, usaría un vehículo compacto.

Pero las cosas no han cambiado.

Aunque diga que no, pero sigue la corrupción y la impunidad.

Ya no vive en Los Pinos, pero sí lo hace en un lugar mucho más caro y faraónico, como es Palacio Nacional. Ya no usa el Tsuru, ahora anda en Suburban, de las que no nos oponemos porque es el Presidente de la República.

Pero lo más importante: siguen las torpezas, las cajas chinas y la falta de respeto a la investidura presidencial. También sigue la inseguridad y la corrupción.

Y lo peor, se sigue gobernando con ocurrencias.

Bien dice el refrán que no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace su compadre. Y sí, esas ocurrencias no solo son aplaudidas, sino defendidas a capa y espada, tratándolo de hacer, hasta con argumentos absurdos.

Todos los días marca la agenda, claro… es el Presidente, pero si hacemos un balance, lo marca con ocurrencias. Podemos hacer un recuento de todo el año que lleva, pero nos faltaría espacio, nos quedamos con la última: la rifa del avión presidencial.

Tan absurdo como imposible. Muchos se burlaron, y es una vergüenza, pero hubo quienes lo defendieron sin darse cuenta que la ocurrencia es darle en la torre a los ciudadanos.

Imagínense, nosotros vamos a pagar un avión (comprando los “cachitos”) para que al final se lo quede un particular. Un particular que ni siquiera lo podrá usar. ¡Háganme el favor!

En fin. Lo único que concluyo es que México no puede seguir siendo gobernando con ocurrencias.

¿Para eso luchó tanto, señor López Obrador?

EN CINCO PALABRAS.- Ni AMLO quiere a Victoria.

PUNTO FINAL.- “Lo raro es caro”: Proverbio Chino.

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