Pobreza infantil

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Adriana Heredia.-

La sonrisa de un niño no tiene precio, pero sí un valor infinito que cura el alma, nos da felicidad y tristeza al mismo tiempo, sentimientos encontrados que se conjugan entre la miseria y la prosperidad,  y que nos dejan lo mismo un mal sabor de boca, que una alegría indescriptible.

¿Cómo la bella sonrisa de un niño nos provoca tristeza?, cuando se encuentra agobiado por una fatal enfermedad, y cuando en la marginación sus pies descalzos y sus manos llenas de inmundicia marcan ese contraste con la felicidad que reflejan sus labios, porque cuando un pequeño es pobre, nunca sabe que lo es, hasta que su mente madura y se enfrenta con sus propios miedos ante las necesidades más básicas para su sobrevivencia.

La pobreza en nuestro país no es un secreto de estado, tristemente existen comunidades enteras bajo ese estatus, esa pobreza que se respira cuando nos encontramos en esos lugares marginados por los gobiernos, por la propia sociedad y hasta por sus mismos habitantes que se aferran a un pedazo de tierra a veces infértil, pero hasta las más prósperas ciudades tienen sus cinturones con un alto grado de marginación, en donde la pobreza es la misma, pero se remarca ante el contraste con la opulencia de la misma urbe.

El problema no es sólo la pobreza como discriminación en un status social, el problema es lo que esto conlleva, porque la mente de un niño no alcanza a entender la malicia del adulto en cuanto a ello, lo difícil es la mala alimentación que se puede tener a esa corta edad y las repercusiones en su salud tanto en esa etapa de su vida como en la edad del desarrollo en la pubertad y la adolescencia, la falta de acceso a la salud por la falta de dinero, y aunque no menos importante la falta de oportunidades educativas y laborales en su momento.

Los niños deberían tener las mismas oportunidades de alimentación, salud y educación, los buenos padres estamos obligados a hacer grandes esfuerzos para que eso suceda, no todo en la vida es dinero, no todo en la vida es ser rico y mucho menos ocupar un lugar privilegiado en la sociedad respecto al status socioeconómico, o formar parte de la llamada clase élite de nuestro país, es darle las herramientas básicas para salir adelante, porque es triste ver a un niño con problemas de salud a causa de la mala alimentación producto de la pobreza, o verlo quedarse sin estudios porque no tuvo quien le diera la oportunidad de ir a la escuela.

El haz de este reflector indica que no podemos esperar que un gobierno nos vuelva ricos o que se ganen la lotería porque tampoco sabrían que hacer con tanto dinero, lo que sí es posible es que cada padre de familia o tutor se haga responsable de brindarle las herramientas a ese pequeño para que salga adelante, tomando en cuenta que no podemos cambiar nuestro pasado infantil de pobreza,  pero sí podemos estar satisfechos de brindarle a los más pequeños las oportunidades para que puedan salir adelante y a través de ellos ver realizados esos sueños que no pudieron lograr, y que en la medida de lo posible quienes se encuentren o nos encontremos cerca de esos pequeños apoyarlos no con una moneda si no con una oportunidad de vida, ¿le entran?.

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