Juárez y la historia

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Alicia Caballero Galindo.-

Voz que horada los caminos del tiempo y permanece en el ámbito nacional, como paradigma viviente de la democracia, la igualdad, la  constancia y el amor a la patria.

 

Cada vez que nos adentramos en la vida del Gran Patricio, es andar por los mismos caminos que nos ofrecen, un nuevo paisaje; su vida, está llena de lecciones, al leer un testimonio escrito por él mismo titulado “Apuntes para mis Hijos” imaginamos a ese hombre de ébano, con voluntad inquebrantable, que fue capaz de levantarse de la más triste miseria, sentado ante un pliego en blanco, tratando de dejar testimonio de su sentir más profundo. Están ya muy trilladas las expresiones monótonas que año con año se repiten por estas fechas como letanía, sin que penetren en lo profundo de las conciencias. No es lo mismo leer datos escritos por sus biógrafos en forma mecánica, que leer lo que, un día, sentado en un escritorio, solo con su conciencia, escribiera para sus hijos. Comúnmente se habla de un niño que creció en la orfandad y sin afecto, sin embargo, en este documento escrito de su puño y letra, manifiesta verdades no dichas, sobre su tío. Textualmente anota: “en sus ratos libres, mi tío Bernardino me enseñaba a leer; me decía lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano y como era sumamente difícil para la gente pobre, en especial para los indígenas, estudiar una carrera profesional. Era más fácil seguir una carrera eclesiástica. Me indicaba sus deseos de que yo estudiase para ordenarme”.

Este fragmento, pone de manifiesto el deseo de su tío Bernardino Juárez, de que Benito, se superara de alguna manera, sin embargo, su condición precaria, no le permitía apoyarlo, pero sí sembró de alguna manera en aquel niño el deseo de aprender. La semilla cayó en campo fértil. Más adelante, en el mismo texto, manifiesta el deseo ferviente de ir a la capital del estado, para poder aprender y el dolor que le causó alejarse de su familia y sus amigos. Su afán por superarse, fue mayor que la pena y venciendo esta circunstancia, se fugó de su casa el 17 de diciembre de 1818 y llegó a la casa de don Antonio Maza, en Oaxaca, donde trabajaba de cocinera su hermana María Josefa; tan sólo tenía 12 años y casi no hablaba castellano.

El destino permitió que su camino se cruzara con el de Antonio Salanueva, un hábil encuadernador de libros y protector de jóvenes; éste ofreció ayudarlo a estudiar y lo recibió en su casa, el siete de enero de 1819, aprendió a leer y a escribir y el oficio de encuadernador. El inicio en el aprendizaje fue duro; transcribo textualmente, otro fragmento de sus apuntes: “En las escuelas de primeras letras de aquella época, no se enseñaba la gramática castellana. Leer, escribir y aprender de memoria el catecismo del Padre Ripalda, era lo que entonces formaba el ramo de instrucción primaria. Era cosa inevitable que mi educación fuera lenta y del todo imperfecta. Hablaba yo el español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba el vulgo”.

“Al ser cambiado de escuela, empecé con un nuevo preceptor, don José Domingo González, quien me pidió hiciera una plana como mis compañeros; no salió perfecta como era de esperarse en su caso, “el maestro se molestó y en vez de manifestarme los defectos de mi plana y enseñarme el modo de enmendarla, me dijo que no servía y me mandó castigar. Esta injusticia, me ofendió profundamente, no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en aquel establecimiento que se llamaba Escuela Real, pues mientras un maestro, en un departamento separado, enseñaba con esmero a un grupo determinado de niños, que se llamaban decentes, yo, y los demás jóvenes pobres, estábamos relegados en otro departamento bajo la dirección de un hombre que se titulaba Ayudante y que era tan poco a propósito para enseñar y de un carácter tan duro como el maestro”.

Leyendo estas valerosas y sencillas palabras de aquel adolescente, podemos imaginar las penurias morales y económicas por las que tuvo que pasar para aprender. Sin embargo, su férrea voluntad, su espíritu de lucha y el profundo deseo de servir a su pueblo, que fue su vocación, le permitieron salir adelante y avanzar, sin perder de vista jamás su pasado, sus orígenes y su gente.

Su infancia y juventud fueron determinantes en la formación de su carácter y la fortaleza de espíritu fue única, inamovible, clara, trazó su rumbo sin salirse jamás de su camino.

Hoy 21 de marzo, celebramos el aniversario 214 de su natalicio; más que nunca los mexicanos necesitamos reflexionar en el ejemplo de este gran hombre de voluntad inquebrantable que supo concebir y cristalizar sus sueños. Vivimos tiempos difíciles; sin embargo, con armonía, unidad y amor a nuestra tierra, juntos podremos vencer las adversidades y marchar hacia el progreso. Construyamos una patria mejor, sin perder jamás las raíces que nos unen a nuestro pasado, y entendiendo el compromiso que recae sobre nosotros, de escribir con honor y respeto, la historia del México de cada día.

Compartiré con ustedes un pensamiento que escribí hace años.

 

El Titán de Guelatao

 

¡Albores de primavera! /¡Allá, en el corazón de la sierra de Oaxaca! /vio brillar la luz primera, entre trinos y perfumes/ aquel indio inmortal de espíritu indomable /que supo plasmar su luminosa huella. /Las crueles garras de la pobreza y la injusticia / fueron el crisol donde se forjó su conciencia

/el viento frío del desamparo y la soledad /templaron con dolor su firmeza de ideales.

Paso a paso, sin cejar jamás en su empeño/ se abrió camino en  la intrincada jungla/ donde el ario opresor, al indio segregaba./Fue saeta que remontó al firmamento /para hender de muerte /la injusta hegemonía del poderoso.

¡JUÁREZ! ¡Titán de Guelatao! /Inmaculada fuente donde se nutre/ la simiente de la democracia y la libertad. /Excelso intelecto que supo plasmar /con luz infinita, sapientísimas leyes /que son paradigma en América entera, /tu huella luminosa está inmortalizada /en las páginas de nuestra gloriosa historia.

Manos poderosas que templaron las riendas /cuando el blondo usurpador nuestra libertad rasgara/ supo conducir, sabio  sereno, ¡majestuoso! /los destinos de su patria por la senda de la victoria.

JUÁREZ! ¡Titán de Guelatao! /Fortaleza inexpugnable que guarda inmaculados /los más altos ideales que dignifican a un pueblo. /Su amor a la patria, su grandeza de espíritu /su fuerza ante la adversidad /esa voluntad que  nunca supo sentirse vencida /perfilan su recia figura con luz y esperanza  /en el firmamento de la historia.

América entera se inclina ante tu obra /porque tu luz se proyecta al infinito /JUÁREZ! ¡Titán de Guelatao! /¡Benemérito de las Américas! /piedra angular que sustenta nuestra libertad.

Con letras de fuego /quedarán grabadas en todas las conciencias /y para la eternidad

tus sabias palabras que encierran tus ideales:

ENTRE LOS INDIVIDUOS COMO ENTRE LAS NACIONES /EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ.

 

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