No la sigamos regando

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

Si alguien le dijera a usted que cada que se baña consume un promedio de 150 litros de agua, o más, ¿lo creería? ¡Pues créalo!

De acuerdo con estudios y mediciones sobre el uso del vital líquido, ese es el gasto aproximado que tenemos cada uno de nosotros cuando nos ponemos abajo de la regadera.

A eso hay que sumarle el agua que consumimos en el sanitario, en el lavado de manos, y por supuesto la que desperdiciamos irresponsablemente cuando regamos el jardín o lavamos la cochera y el coche.

“Lo hacemos porque no hemos vivido en Tamaulipas una situación grave de escasez de agua que nos ayude a valorar lo que tenemos”, dice al respecto, Felipe de Jesús Chiw Vega, al tiempo que aclara que hay ciudades como Victoria que padecen desabasto, pero se debe a deficiencias en la red hidráulica y no porque haya escasez del vital líquido.

El director general del organismo de Cuenca Golfo Norte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), lamenta la situación, que se deriva principalmente de la ausencia de una cultura del cuidado del agua.

Chiw explica que por naturaleza humana sólo entendemos el valor de las cosas cuando las perdemos. Tiene toda la razón.

Recuerda que eso les ocurrió a los vecinos en Nuevo León. Hace 35 años se quedaron sin agua, al grado de que la tenían un día sí y dos o tres no.

Diez años después, cuando el Gobierno resolvió el problema con la construcción de dos presas, la “Cerro Prieto” y “El Cuchillo”, los neoloneses ya habían aprendido el valor del agua y la importancia de cuidarla.

A raíz de eso Nuevo León es hoy un ejemplo nacional en cuidado del agua y pago del servicio. El 98 por ciento de los usuarios pagan su recibo.

En cambio, en Tamaulipas, solamente pagan el agua el 45 por ciento de los hogares.

Además, el desperdicio del agua es terrible. Se estima que se pierde el 60 por ciento en el proceso de distribución pero también con el desperdicio que se hace en los hogares.

Bajo esa realidad, me parece que es el momento de que hagamos conciencia.

No esperemos a que nos ocurra lo que a los neolonenses. Cada quien en su entorno personal cuidemos el agua. Enseñemos a nuestros hijos la importancia de hacerlo.

Y otra cosa: paguemos el servicio. No podemos exigirle a los organismos operadores del agua que hagan bien su chamba si solo pagan el servicio 45 por ciento de los usuarios. Ninguna empresa subsiste con ese porcentaje de recaudación.

Usted dirá que las Comapas son un barril sin fondo por tanta corrupción que ha imperado en ellas. Y sí, estoy de acuerdo en ello. Igual que usted pienso que gran parte de la quiebra financiera que enfrentan esos organismos se debe al robadero que hicieron quienes los tuvieron y tienen bajo su responsabilidad.

Sin embargo, ese es un problema aparte que compete al Gobierno combatirlo.

Lo que a nosotros como ciudadanos corresponde es cumplir con la obligación de pagar por el servicio que recibimos. Es lo menos que podemos hacer si queremos tener garantizado el agua en nuestros hogares.

Porque déjeme y le cuento que en el caso de Victoria, junto al valemadrismo del alcalde Xicoténcatl González Uresti, que además suma su ineptitud a la de quienes están al frente de la Comapa, el desabasto de agua se debe en gran parte al deterioro que padece la red de distribución.

Son tantas las fugas en las tuberías que se llegan a perder hasta 450 litros de agua por segundo.

Bajo ese escenario, lo que urge es rehabilitar la red hidráulica de la Ciudad para evitar la pérdida del vital líquido. El problema es que la Comapa no tiene dinero porque precisamente más de la mitad de los usuarios no pagan sus recibos.

¿Entiende el problema? Entonces, no la sigamos regando. Cuidemos el agua y paguemos la que nos entregan.

ASI ANDAN LAS COSAS.

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