Aurelio Baldor

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

ANTECEDENTES

Ángel Aurelio Baldor de la Vega nació el 22 de octubre de 1906, en La Habana, Cuba. Hijo del matrimonio formado por Daniel Baldor, copropietario de una fábrica de chocolates, y Gerturdis de la Vega y Sirvens, quien siempre se dedicó a apoyar a su marido como ama de casa.

Desgraciadamente, el señor Daniel murió cuando Aurelio tenía poco de haber nacido, así que fue educado por su madre. El apellido Baldor es originario de Bélgica, aunque sus ancestros provenían de Cantabria, región al norte de España. Valle de Oro, o Val’dOr, en francés, es la forma original.

Hay que aclarar que Aurelio Baldor no estudió matemáticas ni pedagogía, en realidad era abogado por la Universidad de La Habana. Sin embargo, amaba los números y se dio cuenta de que la mayoría de los alumnos tenían serias dificultades para aprender las operaciones básicas, por lo que se propuso redactar materiales de texto sobre álgebra y aritmética, los cuales tuvo listos antes de casarse.

 

COLEGIO BALDOR

Gracias a su dedicación y empeño para impartir clases, Aurelio se convirtió en el educador cubano más importante en los años cuarenta y cincuenta. Fundó el Colegio Baldor, del cual era director. En su época de esplendor la institución tenía tres mil 500 alumnos y contaba con 32 autobuses para transportarlos.

Aunque era una escuela privada, durante muchos años Baldor proporcionó ayuda y becas completas a los alumnos de escasos recursos para que pudieran realizar sus estudios en un plantel de tan elevado prestigio, ubicado en dos casonas de las cuales era el propietario. En el Colegio Baldor los jovencitos también eran formados en la religión católica, además de practicar deportes como natación, basquetbol y béisbol. Sus equipos representativos llegaron a ser reconocidos en toda la isla.

 

LOS LIBROS

En 1941 se publican los libros de Baldor sobre Álgebra y Aritmética en La Habana, utilizados en su colegio como textos de las materias de matemáticas, y su fama trasciende las fronteras en pocos años. Con el fin de obtener recursos para invertirlos en la escuela, Aurelio decide vender los derechos a la editorial mexicana Publicaciones Culturales.

El libro de álgebra se utiliza desde hace décadas en todas las escuelas de bachillerato latinoamericanas, desde Tijuana hasta Buenos Aires. Sin embargo, Aurelio Baldor y sus descendientes nunca recibieron dinero por concepto de regalías. En la actualidad los derechos pertenecen a Grupo Editorial Patria, de México.

Aunque se piensa que Aurelio Baldor es el autor de tres libros, en realidad escribió solo dos; el tercero, de Geometría y Trigonometría, fue escrito por su primo José Antonio Baldor. Preparó unas notas sobre Cálculo diferencial e integral, pero no llegó a publicarlas; su hijo no quiso terminar el texto y sacarlo a la luz por temor a que no estuviera a la altura de lo que su padre había planeado.

 

LA REVOLUCIÓN

El dos de enero de 1959 Fidel Castro y sus hombres, al mando de la Revolución cubana, tomaron La Habana. Poco después, el líder visita el Colegio Baldor e invita a su director a apoyar al movimiento y al nuevo Gobierno. Aurelio no simpatizaba demasiado con la causa, y solo quería que lo dejaran continuar con su labor educativa.

La familia Baldor vivía en una mansión cerca de la playa, además de que era propietaria de una escuela privada, así que fueron considerados aristócratas y enemigos de la Revolución. Pasaron solo unas semanas antes de que un grupo de hombres armados llegara a su casa con el fin de llevarlo preso.

La intervención del revolucionario Camilo Cienfuegos –tercero en la línea de mando, quien había sido su alumno y le guardaba gran cariño y admiración– lo salvó de acabar en la cárcel. Sin embargo, al poco tiempo este falleció cuando el avión en el que viajaba se desplomó en el mar (debido a un accidente o a un atentado).

Aurelio Baldor supo que se había quedado sin protección y que era cuestión de tiempo para que volvieran a detenerlo, así que el 19 de julio de 1960 reunió a toda su familia, junto con la nana, y les dijo que al día siguiente se iban de vacaciones a México. Años después su hijo recordaba que el semblante de su padre no iba acorde con el anuncio de un viaje de placer, y que todos pensaron que algo andaba mal.

 

El EXILIO

La familia Baldor pasó solo dos semanas en México, para después trasladarse a Nueva Orleans, Estados Unidos. Pero aquí viven en carne propia la segregación racial de la época; aunque ellos eran blancos, su nana, Magdalena, era mulata, así que tenía que viajar en una sección aparte en los autobuses y no podía entrar con ellos a comer en un restaurante.

Cansado de esta situación, decide irse a un lugar más liberal, así que se instalan en Brooklyn, Nueva York, el 31 de diciembre de 1960. Toda la familia tomó clases de inglés y él entró a trabajar en el St. Peter’s College de Nueva Jersey. Cada de uno de sus hijos estudió la carrera universitaria de su agrado, aunque ninguno siguió el camino de las matemáticas.

Al retirarse, se muda a Miami a pasar sus últimos años. Para esa época su fama era muy grande, en especial entre la comunidad de exiliados cubanos, quienes incluso formaron grupos de seguidores que se reúnen periódicamente.

Todas sus propiedades, incluyendo el Colegio Baldor, fueron expropiadas por el Gobierno cubano. Actualmente, la escuela que con tanto amor forjó, y en la que invirtió todos sus ahorros con el fin de educar a los niños y jóvenes de su país, es una institución exclusiva para estudiantes extranjeros provenientes de la Unión Europea.

 

VIDA PERSONAL

Aurelio Baldor era alto, delgado y apuesto. Su metro con 95 centímetros de estatura, junto con sus 100 kilos de peso imponían, al caminar vestido de traje y corbata por los pasillos del Colegio, un gran respeto entre sus alumnos. Era blanco, aunque de piel tostada por el sol caribeño, y se peinaba impecablemente hacia atrás con brillantina.

Además, era un gran orador, sus alumnos podían escucharlo por más de una hora sin aburrirse. En sus discursos de graduación solía llevarlos hasta las lágrimas, emocionados por sus palabras. Era aficionado al beisbol y al boxeo, y gran admirador de José Martí. Su vida transcurría entre la escuela, su familia y las matemáticas.

Se casó en 1940 con Moraima Aranalde, con quien tuvo siete hijos. Estos lo recordaban como alguien cercano a la santidad; profesaba la religión católica, siempre llevaba a toda su familia a misa dominical, y en su casa se rezaba el rosario todas las tardes. Su único vicio fue el cigarrillo, que nunca dejó, y que al final le ocasionaría el enfisema pulmonar que lo llevaría a la tumba.

Nunca se recuperó de tener que salir de su amada Cuba y no volvió a ser el mismo en el exilio; con los años se apagó el ímpetu que tenía en la isla. Aurelio Baldor falleció el tres de abril de 1978; un día antes todavía fumó su último cigarrillo. Aunque sus hijos afirmaban que no lo había matado el tabaco, sino la nostalgia de su tierra.

 

LEGADO

Los libros de Baldor han contribuido enormemente a la formación en matemáticas de varias generaciones de jóvenes latinoamericanos. Dejemos el reconocimiento a este gran educador, quien, además de no recibir nunca las ganancias derivadas de sus textos, perdió todo en la Revolución cubana. Estoy seguro de que todos los lectores lo recuerdan con nostalgia.

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