La última cena (II)

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Mauricio Zapata.-

El lunes y martes, a la llegada de Chuy y sus cuates a la tierra prometida luego de haber entrado victoriosos no sucedió gran cosa, salvo el “vuelve a la vida” a Lázaro por su resaca que lo revivió y el encuentro entre los 13 amigos.

Se quedaron en el hotel Las Fuentes divididos en cuatro habitaciones que estaban contiguas. En la noche del martes en el jardín alrededor de la alberca mientras comían, Chuy visualizó lo que vendría más tarde.

Estaban haciendo la coperacha para una cena que habría de realizarse el siguiente día, es decir, el miércoles. La idea era hacerla en una palapa que estaba cerca de la Loma, ahí en la colonia Sosa.

Los 12 pusieron su cooperación y se decidió hacer una carne asada con cerveza y una botella de whisky, pero Chuy, a quien algunos le decían “El Buki” por su parecido a un artista grupero de la época, andaba de malas, como que ya presentía algo.

De hecho, saliendo de Las Fuentes antes de llegar al centro, cerca de la colonia Mainero, vio como un hombre golpeaba a su mujer, Chuy, molesto y tenso, se regresó a defender a la chica de unos 27 años acusada de haberle puesto el cuerno al marido. Le gritó al esposo, “pues el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. El hombre era famoso por ser un “Don Juan” y de tener hijos fuera del matrimonio.

Llegó el día de la cena. Ya estaban todos en la palapa. Como muestra de humildad, Chuy les lavó los pies a todos antes de meterse a la alberca a nadar, y es que muchos después de la caminata tenían los pies mugrosos. Jesús era muy especial con la limpieza y por eso les puso agua y jabón y les advirtió que antes de chapuzón se dieran un regaderazo.

Una vez que pusieron el carbón y este estaba ya ardiendo, Chuy se puso a cocinar. Con sus pinzas le daba vuelta a la comida: carne, alitas de pollo, trozos de chorizo de Jaumave, salchichón, cebollas cambray y las quesadillas con tortilla de harina.

Tenía su bote de cerveza en la otra mano y volteó a ver a sus amigos y dijo: “Uno de ustedes me va a poner dedo con los ministeriales”. “Peter” se sintió aludido y dijo, “seré yo, mi Chuy”. “No, tú no, pero me vas a desconocer, vas a ver”.

Para entonces, el gobernador Paco Pérez del Toro había ordenado ya la detención de Chuy, entonces la policía, encabezada por el vicealmirante Augusto Caifás Morales, emprendieron la búsqueda del susodicho.

“Seré yo”, espetó Judas Iscariote. Chuy en silencio le sirvió su pedazo de carne y una quesadilla en su plato desechable y se lo entregó sin decirle nada. Con cerveza en mano les dijo que quizás esa sería la última vez que se verían y predijo su muerte.

La raza no lo tomó muy en serio, “no te azotes, Chuy, mejor brindemos”, alzaron su bote de Tecate light y siguieron comiendo y bebiendo casi hasta la medianoche.

En el karaoke, mientras don Chago y Pipe cantaban “Moneda sin valor” de los Invasores de Nuevo León, Chuy vio que Judas se había salido y se subía a una camioneta con rumbo desconocido. Lo mejor estaba por venir.

EN CINCO PALABRAS.- Siempre va a haber un traidor.

PUNTO FINAL.- “Yo soy feliz, dijo. Naturalmente, se trataba de un necio”: Proverbio persa.

Twitter: @Mauri_Zapata

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