La última cena (III)

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Mauricio Zapata.-

Judas Iscariote había abandonado la cena cuando ya se había acabado la carne asada y en el asador solo quedaban tortillas de maíz tostadas y algún pedazo de pollo quemado.

Jesús lo había visto marcharse de la palapa en donde celebraron esa última cena, Se había subido a una camioneta que pasó por el lugar. Los demás comenzaron a despedirse. Chuy permaneció serio y en silencio, solo estiraba el puño derecho para chocarlo entre sus discípulos, que uno a uno se iban yendo.

Mientras tanto, Judas había llegado a otro lugar en donde los ministeriales tenían otra carne asada. Comenzaron a platicar y lo persuadieron para que les dijera dónde estaba su maestro.

En medio del calor de las cervezas lograron sacarle información sobre lo que habían hecho y, sobre todo, dónde estaba Chuy. A cambio le dieron en un sobre amarillo rectangular 30 billetes de cien pesos.

Chuy acostumbraba a caminar muy temprano por el Paseo Méndez y fue ahí donde lo sorprendieron. Iba todo un comando, a bordo de tres patrullas con soldados, ministeriales y elementos de la Policía Estatal Acreditada.

Al llegar con el grupo, Judas vio a Chuy y se dirigió hacia él. “¡Hola, Rabí!”, le dijo y le dio un beso cariñoso. El maestro le preguntó que a qué había venido, y él mismo se respondió: “Judas, ¿con un beso me estás dando una puñalada en la espalda? ¡Qué poca madre! ¡Te la bañaste! Para eso me gustabas”, le señaló.

De inmediato los policías se acercaron y abrazaron entre dos a Chuy para arrestarlo. Otro lo esposó y a empujones lo subieron a la camioneta blanco con azul. Judas caminó hacia el lado contrario con la cola entre las patas y tocándose la bolsa de atrás del pantalón para sentir que llevaba su dinero y se alejó.

En el camino del Paseo Méndez a las instalaciones de la Policía Ministerial fueron golpeando a Chuy. Tomaron todo el 17 hasta Carrera Torres y de ahí derecho hasta esos separos. En el semáforo del Ocho Carrera le soltaron un “sape” en la nuca y más adelante, frente a Soriana Central lo patearon en las costillas.

Para entonces habían agarrado a algunos de los cuates de Chuy. Al “Peter” le preguntaron si lo conocía, “no, sabe quién sea ese vato”, les dijo. Pero no le creyeron y le insistieron ya con una bofetada, “¡¿Qué si lo conoces, cabrón?!”. “Ya le dije no”, señaló asustado. En una tercera pregunta, volvió a decir que no, que nunca lo había visto.

Ya en una celda frente a un Agente del Ministerio Público comenzaron a sacarle a la fuerza una declaración con agua mineral en la nariz, con toques en un bote de agua de 200 litros y también hundiéndole la cabeza en el agua para tratar de ahogarlo. Comenzaba la tortura.

Mañana el juicio, en donde el fiscal Poncio Barrios Pilatos no sabía si atraer el caso o dejárselo a las autoridades federales; aunque la crucifixión parecía inminente porque ya habían mandado a comprar material a la maderería El Pinal.

La pasión de Chuy conmovió a toda la tierra prometida. Mañana la última parte de este recuento.

EN CINCO PALABRAS.- ¿Le habrán inventado los delitos?

PUNTO FINAL.- “Las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros son las que verdaderamente curan las enfermedades”: Hipócrates.

Twitter: @Mauri_Zapata

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