Tamaulipecos en cuarentena: Un día más…

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Chantal Martínez Díaz.-

Cd. Victoria, Tam.-
Han pasado 30 días desde que se decretó el aislamiento social responsable y con ello la cuarentena, con lo cual se restringió en México y en Tamaulipas la movilidad de la comunidad. Algunas personas han ideado un plan de colaboración familiar y otras, van desarrollando su día a día de acuerdo a gustos, necesidades y obligaciones. Nada está escrito y tampoco pasa mucho si cambian los planes.

Es por ello que en El Diario de Victoria nos dimos a la tarea de pedir a las familias que nos compartan sus historias, su día a día y cómo han vivido esta cuarentena, que sin duda quedará por siempre en sus memorias.

Por ejemplo, en Tampico, en la familia Martínez Vázquez, Ivanna (que recién cumplió sus cinco años y alcanzó a que le hicieran su fiesta el 16 de marzo de la Mujer Maravilla) es la más contenta, literalmente está fascinada en esta cuarentena (se le nota en la voz). Dice que se siente muy feliz y que está “encantada” sobre todo porque está todo el día con su mamá, quien por su profesión (editora y reportera de un periódico en el sur de Tamaulipas) tiene que dejarla al cuidado de sus tíos abuelos o, cuando se puede, se convierte en una minireportera y acompaña a su mamá al trabajo.

Su hogar lo habitan Ivanna, Paty (su mamá) y don Gonzalo, su abuelito, además de tres perros y un cotorro.

Ellos nos comparten que estos días han sido de gran enseñanza, sobre todo para autovalorar lo que se tiene y reconocer que nos hace falta ser más empáticos como sociedad.

Paty Martínez nos cuenta que desde hace 15 días para ella comenzó el trabajo en casa tal y como lo dispusieron sus jefes. Ello implica que “home office” tiene que reportear y editar las secciones del periódico que le corresponden (espectáculos, sociales y deportes).

En un ejercicio de auto-reconocimiento dice que no han respetado los horarios; es decir, no hay un rigor específico para despertar ni tampoco para dormir, sin embargo, aclara que tampoco han caído en el desorden.

Específicamente han preferido llevársela relajados en esta cuarentena, sobre todo porque fuera de ella la vida les es muy ajetreada.

Por la mañana, alrededor de las nueve de la mañana Ivanna y su mamá preparan el desayuno. La niña ya aprendió a hacer puré de papas, agua de sabores (la de limón, más), además de postres.

Ayer lunes iniciaron las clases vía remota para Ivanna, quien estuvo emocionada y hasta se puso su uniforme para ir a su escuelita virtual, ver a sus maestras y aprender “muchas cositas en español e inglés”.

“Despertó emocionada… Inicia con clases en línea… Creo que lo que más gusto le dio fue ver a sus maestras y compañeritos. Es hermoso ver el esfuerzo y cariño que ponen las maestras al dar sus clases en línea, todos los chiquitos hablando al mismo tiempo, todos queriendo que la maestra los salude, creo que al menos en eso sí se parece a una clase normal”, dijo Paty.

Después de la escuela virtual, Paty se ocupa de enviar las notas a los diseñadores y mientras prepara la comida (alrededor de las dos o tres de la tarde), los creativos sacan la chamba y le mandan los bocetos para su revisión. Después los regresa y así, sección por sección lleva a cabo la edición que le toca.

Por la tarde, Ivanna juega bebeleche, anda en la bici en su patio, se da un ‘remojón’ en una tina, hace casitas con sábanas y cobijas o va a preparar postres con su mamá (hasta ahora ya aprendió a preparar carlota de limón, mousse de fresa, de mango y gelatina de piña con leche).

¿Lo mejor de la cuarentena? –se le pregunta a Patty– y sin pensarlo responde: “Ella”; es decir, Ivanna que ahora se ha convertido en el centro de amor, cuidados y atención para esta familia, pues con su abuelito también se da el permiso de regar las plantas o limpiar el patio.

Ciertamente, hay actividades imprescindibles como la compra de enseres domésticos, agua purificada y alimentos, que está a cargo de don Gonzalo o Paty y se hace una sola vez por semana, todo muy cuidado y con base en las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

“Siento que está tranquilo todo. Me siento tranquila. Sí hubo un momento en que me entró mucha ansiedad, pero si lo ponemos en perspectiva no nos ha pegado en lo económico, no nos ha faltado comida gracias a Dios, tenemos todo en casa y si nos estresamos es porque estamos acostumbradas a salir a la calle, pero nada de gravedad”.

“Lo positivo de la cuarentena es que estoy aprendiendo tecnologías de la información, pero más allá me deja que tengo que aprender a tener paciencia, a ser tolerante y a veces uno piensa que no tiene muchas cosas, pero no nos ha faltado de comer. Ahorita ya perdí la cuenta del día en que vamos en la cuarentena, pero lo mejor es que no he batallado. El día 15 fui a cobrar y ahí estaba mi sueldo, sigo vendiendo mis productos de belleza y mi gente me sigue comprando”.

¿Algo más que agregar?

“Que ojalá y la gente fuera más empática porque me ha tocado ver a personas que se burlan de otras que no tienen; otras que no creen que exista la enfermedad como tal y piensan que es algo del gobierno o que quieren fregar a los pobres y no se cuidan. Me tocó ver a un señor que se escupía en las manos y agarraba las manijas de los coches estacionados y eso es muestra de lo que nos falta. Que no respetamos nada y nos falta trabajarlo”.

 

EN LA TRANQUILIDAD DEL RETIRO

Por su parte, la señora María Astrada y su esposo, que viven en Victoria, nos cuentan que la cuarentena para ellos ha sido diferente a la de muchas familias, pues su hogar solo está compuesto por ellos dos y ambos viven del retiro del señor.

“Nuestro caso es aparte porque no tenemos niños, no tenemos a nadie viviendo con nosotros, nuestras hijas están casadas y viven fuera, es muy diferente la dinámica de nosotros dos”, dice María.

Por la mañana se despiertan a las 9:00 u 8:30 “me acuesto tarde porque veo una peli o porque a veces me tardo con las hijas hablando por teléfono”, confiesa. Después juntos elaboran el almuerzo, se ocupan del jardín para evitar estar sin hacer nada. “Hay podar, fertilizamos cada mes, pero lo regamos diario en esta temporada de calor y si hay que trasplantar lo hacemos”, dice.

Con respecto a las compras, ellos prefieren ir directamente a hacerlas debido a que no les gusta que escojan los productos por ellos y si tienen que pasar a la farmacia lo hacen sin mayor dificultad.

“No me gusta que me elijan las cosas, salimos a cosas imprescindibles, vamos acompañados de ‘Susana Distancia’, con guantes, cubrebocas, y anteojos, porque considero y eso es algo que no nos han dicho, que la micro gota que brinca de uno a otro y el ojo tiene mucosas y pueden generarse por ahí contagios. Solo opino, no soy médico pero tengo una hermana que sí y coincidimos, por eso creo que los lentes son fundamentales, así no pueden contagiarte”.

Al regresar a casa siguen las medidas preventivas: “llegamos, dejamos la ropa en remojo con jabón durante toda la noche, al otro día se lava, nos lavamos el cabello porque el virus se pega y volvemos al hogar donde siempre hay algo que hacer”.

Además, estar en su hogar es lo que le encanta.

María añade que sus hijas les hablan todos los días, “tenemos pláticas con ellas… las chicas nos llaman y piden recetas; o si no es con mis hijas es con mis primas que están en el extranjero, pero siempre tenemos contacto con ellas, así como con las amistades”.

Por ejemplo, cuenta que tienen dos o tres veces por semana contacto con sus amistades de España o de Italia, quienes están viviendo esta crisis sanitaria en condiciones muy difíciles. “Me cuentan que están bien, están totalmente encerradas y han tenido mucho cuidado”.

Gracias a las tecnologías de la información pueden hacer videollamadas con sus hijas o a veces –añade– llevan a cabo un “zoom familiar”, que es una reunión familiar virtual a través de esa aplicación, que les ha servido para mantenerse cerca y en contacto.

Al igual, en este hogar la cuarentena ha servido para hacer limpieza a conciencia y deshacerse de lo que no ocupan realmente. Sueltan y regalan lo que no usan y eso les da paz y tranquilidad.

Esta cuarentena, dijo, “creo que nos ayuda mucho para vernos y saber estar con uno mismo que a mucha gente le es difícil. Siento que no me es difícil, me encanta sentarme en el jardín, me pongo a pensar, oigo el trino de los pájaros, escucho música que es fabulosa, hay unos de los autores como Mozart que nos ayudan a estar tranquilos, pero yo escucho de todo desde el reggeaton al rock, todo me encanta, los boleros me fascinan, cuando estoy afuera en el patio me gusta hacerlo”.

Mientras tanto, su esposo a veces le acompaña o simplemente está al pendiente de las noticias y de lo más reciente de lo que sucede. “Luego viene y me platica… a veces da asesorías a amigos sobre jardines. En realidad está tranquilo y me ayuda con el jardín. Justamente hace unos días estaba viendo, un trabajo que necesitan una gente para home office, mandó su currículo a ver qué pasa, pues es lo que ahora puedes hacer”, compartió.

 

ME GUSTA HACERLOS SENTIR SEGUROS

En tanto, desde Ciudad Mante, Martha Hilda Garza nos cuenta que tiene 50 años, vive con su mamá de 84 años, es madre soltera y su hijo vive en Houston; su pareja que vive en Tampico y a pesar de todo ha mantenido el acercamiento y el amor hacia ellos.

“En casa cuido a mamá, tiene 84 años, es adulto mayor, también tengo una mascota que es un perrito pitbull y es como de la familia. Y a los dos me gusta hacerlos sentir seguros”

Su día a día tampoco es rígido. Este lunes tuvo que regresar al trabajo para recibir instrucciones, pues comenzarían las guardias; no obstante, como tiene la condición de vivir con diabetes, ha sido enviada a su hogar –por ahora– hasta el 30 de abril.

Le gusta hacerle almorzar, comer y cenar a su mamá. Pueden ser huevitos para el desayuno y en la comida espagueti con pollo, verduras, caldos, a veces carne guisada, pollo o hamburguesas, “lo que hace uno para comer al día a día”.

También, ella es la encargada de ir a hacer la compra del mandado, pagar los servicios o acudir al banco, pues su mamá está en cuarentena rigurosa.

“Ella no está saliendo para nada, está recluida, ya va más de tres semanas, afortunadamente está tranquila, no está alterada y eso me tiene tranquila también”, dijo.

Por cuanto hace a su hijo y a su pareja que están lejos de ella, Martha Hilda nos cuenta que echa mano también de las videollamadas tres o dos veces por semana para ponerse al corriente. Pero diario, están en contacto por WhatsApp. Lo mejor, “el gran acercamiento y el amor que se ha fortalecido”, entre ellos.

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