Contingencia Sanitaria

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Alicia Caballero Galindo

ANTE LA SITUACIÓN ACTUAL ES NECESARIO REFLEXIONAR, VALORAR Y ACTUAR

 

 

A mediados de marzo, se enunció la cuarentena sanitaria en nuestro país, ante la amenaza del Coronavirus; las reacciones de cada persona han sido impredecibles: para los que trabajan tiempo completo, representó vacaciones pagadas con el inconveniente del encierro. La suspensión de los viajes de vacaciones tiene dos caras, por una parte, para el viajero representa un ahorro que tal vez pensaban pedir prestado para viajar, y para quienes viven del turismo, una desgracia económica que no afecta gran cosa a las grandes empresas, pero lastima la economía de los comerciantes en pequeño que viven al día y dependen de turismo. Me duele pensar en los señores de la tercera edad, empacadores de las tiendas de autoservicio que fueron retirados por su seguridad, en los vendedores de las calles que viven de eso precisamente y, al no trabajar, sus familias se desamparan. Los apoyos, casi nulos, son insuficientes, mientras otras naciones están invirtiendo grandes cantidades al apoyo de esas personas en desventaja económica, el gobierno federa, no ha hecho nada representaativo al respecto ante la contingencia sanitaria…

¿Cuántas familias se quedaron sin sustento al cerrar obligatoriamente los comercios pequeños y los ambulantes? A ellos, ¿quién los protege? El desastre económico está a la vista…

En el caso de las escuelas, se sacan de la manga, la solución de “clases en línea”, y ¿dónde las tomarán los que no tienen acceso a Internet?… el silencio es la única respuesta. Para contrarrestar un mal, el remedio aplicado, generará daños irreversibles a la economía y la educación, tal vez de mayor impacto. Los transportes urbanos, con el mismo gasto de gasolina, llevan la mitad de pasajeros, pero las tarifas son las mismas, ¿cómo subsanan este déficit? Gran numero de empleados despedidos y otros a medio sueldo, ¿cómo solucionarán sus problemas? Hay demasiada gente que queda al garete sin recibir apoyo de nadie y… ¿de qué van a vivir si no hay trabajo?…

Es importante reflexionar en otro aspecto, permanecer en nuestras casas, en forma obligatoria, nos permite ver las cosas desde otro ángulo y se pueden asumir distintas posturas, lo más fácil es protestar por el encierro obligatorio y sentirse prisioneros, aunque en otras ocasiones, añoran estar en la casa porque el trabajo los agobia. Es necesario darse  la oportunidad de ver con otros ojos el entorno hogareño, hacer cambios importantes que, en tiempos normales no se hacen primero por el trabajo  y cuando hay tiempo libre se ocupa en descansar o vacacionar, postergando para “otro día” que casi nunca se llega, actividades como ordenar cocina, organizar la ropa de los closets, arreglar el jardín, hacer en el arreglos para los que casi nunca hay tiempo, convivir con los hijos más tiempo y conocer más a fondo sus inquietudes, necesidades, sueños… Planear actividades colectivas que agraden tanto a los padres como a los hijos. ¿Han hecho el propósito de tomarse esa taza de café matutina bajo la sombra de un árbol o frente al jardín y observar la gran cantidad de aves?, ¿se han percatado de la inmensa variedad de trinos variados que se escuchan? ¿Alguien conoce el dato, que esta zona tamaulipeca es santuario de más de trescientas variedades de aves? Es visitada por ornitólogos para su estudio. ¿Han observado por las mañanas, temprano, que parvadas de loros se posan en los árboles más altos? Yo he tenido el privilegio de fotografiarlos, ¡son magníficos!

¿quiénes se han puesto a revisar su librero y han encontrado ese libro favorito que leyeron hace tiempo y desean releerlo?

Estar en casa no es un castigo; es un privilegio que debemos capitalizar haciendo cosas que ordinariamente no se hacen, hay que buscar el tejido o bordado inconcluso para terminarlo, la silla rota que puede repararse en casa, pintar los rincones que lo requieren…

Y sobre todo, tender la mano a quienes están desprotegidos por la situación actual. La solidaridad humana es indispensable en estos casos porque del apoyo mutuo, surge el progreso. Compren fruta y verdura a quien vende en una esquina su producto. Ayudar, ayudar, ayudar. Para que como sociedad podamos sobrellevar la contingencia sin que explote la violencia, este brote se evita, con un alto concepto de disciplina y solidaridad humana. Es increíble cómo los mares y toda la tierra, está respirando y descansando de la depredación sistemática de la humanidad que, hasta la fecha, es la mayor de las plagas que destruyen esta tierra nuestra.

Reflexionar, disfrutar, crecer, aprender para surgir mejores después de tan duro aprendizaje.  

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