Preparar para la vida

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Héctor F. Saldívar Garza

Una de las críticas severas que generalmente se le aplica al sistema educativo nacional, es que no prepara a las personas para la vida. Esto es una verdad evidente, pero si no se profundiza en su concepción, para explicar con detenimiento sobre su entorno, no tiene mucho sentido enunciarlo. Aquí lo que procede es ir mencionando aristas sobre el significado de formar a las personas para la cotidianidad, e ir reflexionado en torno a las prioridades de acuerdo a un criterio determinado por quien pretende educar.

En el punto formar para la vida pueden incluirse los siguientes elementos: cuidados personales, el construir un proyecto de vida y cumplir con el compromiso de crear y responsabilizarse de una familia.

Si eres una persona que concluiste la profesión de docente e iniciarás la educación de un nuevo ser, o si te comprometes con una pareja y pretendes formar una familia, es seguro que en tu mente rondará la idea de qué aspecto podría ser lo más prioritario en la formación de una nueva persona.

De acuerdo a criterio propio en cuanto a lo señalado, es importarte precisar primero que los seres humanos debemos tener un equilibrio en nuestra persona, que nos permita tomar determinaciones conscientes, racionales, sin cargas emocionales que nos presionen a alinearnos en una forma específica. Asimismo, las decisiones por las que optemos, deben ir precedidas de un razonamiento puro, y respetarlo, para que sean reales.

Revisando al ser humano en líneas generales, podemos afirmar que lo concerniente al ámbito mental o cognoscitivo y emocional, son los dos aspectos en torno a lo que más se piensa cuando tratamos de precisar sus características distintivas. El criterio sobre cuál de ambos es más importante en el desarrollo de su vida, varía, incluso en ocasiones de forma polarizada.

Profundizando levemente en ellos, tenemos que el científico educativo Benjamín Bloom, cuando investigó para construir su taxonomía sobre

los diversos aspectos en que aprendía el ser humano, señaló a lo cognoscitivo y afectivo o emocional como dos pilares básicos, agregando el psicomotriz, al cual personalmente no incluí deliberadamente como prioritario, no obstante lo sea para muchas personas.

Asimismo los dividió en categorías que podrían considerarse de menor a mayor grado de dificultad. El cuanto al cognoscitivo, lo precisó de la siguiente manera: primero colocó al conocimiento, que representa los aprendizajes memorísticos logrados por la persona; comprensión, ubicándolo como el conocimiento obtenido a través del entendimiento; enseguida coloca a la aplicación, que es aplicar lo comprendido para solucionar una problemática determinada; a continuación menciona al análisis, que es dividir el todo aprendido, en sus partes constitutivas y profundizar en cada una de ellas; y por último establece a la evaluación, que es innovar alguna idea ya establecida o construir una nueva.

El afectivo, por su parte, lo subdividió en recepción, que se alcanza cuando el aprendiz aplica su atención, pero en forma pasiva; continúa con respuesta, este nivel se alcanza cuando el estudiante se aplica activamente en el proceso de aprendizaje; valoración, se aprecia en este nivel cómo el estudiante asigna un valor a un objeto, información o fenómeno; después coloca a la organización, donde los estudiantes logran agrupar valores, informaciones o ideas, acomodándolos en su esquema comparando, relacionando y elaborando los saberes; y finalmente menciona a la caracterización, espacio del saber que se alcanza cuando el estudiante cuenta ya con un valor particular o creencia que influye en su comportamiento; tornándose en una característica distintiva.

La preparación o formación para la vida, es un asunto que debe irse forjando desde los primeros niveles. Uno de los temas clave en su interior son los cuidados personales. Estos comprenden aspectos realmente simples como lo que corresponde realizar al despertar después del sueño nocturno. A ese respecto, a mediados del siglo pasado era común que los adultos de edad avanzada aconsejaran cuidarse de los cambios de temperatura; recomendaban por ejemplo que al despertar pisaran en un objeto más templado que la temperatura que tenía el cuerpo al estar en la cama; y asimismo se cubrieran la espalda para proteger los bronquios con alguna bata u objeto similar.

Otros cuidados al respecto son, que si se pretende abrir el refrigerador, lo hagan después de transcurridos diez o quince minutos de haberse despertado y no fijar la mirada para que los ojos se adecuen a la temperatura ambiente; y que se cubriera similar protocolo al lavarse las manos.

Tengamos presente que una característica que distingue a un pueblo con buen nivel de desarrollo, de otro que no ha despuntado al respecto, es el cuidado que muestran las personas hacia sí mismas. Quizá esta sea una razón por la que la sociedad en lo general padece de múltiples enfermedades, que bien podría carecer de ellas si se cambiase de actitudes hacia sí mismos.

Continuando con la temática de formar personas, revisaremos lo relativo a construir un proyecto de vida. Primero tendremos que definir el significado de proyecto. De acuerdo con sus raíces etimológicas proviene del latín proicere: “pro” hacia delante, e “icere” lanzar.

También es muy importante señalar que el proyecto de vida de las personas, está influido por su sistema de creencias, valores y también por el entorno y las posibilidades existentes de quien lo elabora. Asimismo puede ser un proyecto sobre una actividad concreta, por ejemplo estudiar una carrera; o muy amplio, como ser feliz o ayudar a los más necesitados.

Con respecto a los proyectos de vida, la crítica que generalmente se aplica a las personas que manifiestan carencias de desarrollo en muchos aspectos, es que no cuentan con un proyecto firme de vida, porque planear la existencia es fortaleza de pocas.

La última parte de la formación de una persona, podría ser el prepararla para construir y preservar una familia. Comprendemos que quizá esta idea ya no sea compartida por un porcentaje muy alto de personas, pero una gran mayoría continuamos pensando que la familia es la célula principal de la sociedad, y a través de ella se contribuye a lograr una mayor integración social.

En fin, si la cuarta transformación pretende un hombre nuevo, la educación es un elemento clave al que debe recurrirse, para que con sus principios sea moldeado y en paralelo a este accionar, los medios de difusión tendrían que contribuir, adhiriéndose al propósito reproduciendo sus iniciativas.

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