Dos íconos extrínsecos

0
25
Tiempo aproximado de lectura: 2 minutos

Pérez Ávila

Algo está funcionando a destiempo, fuera de lugar, sin fundamento ni justificación de ninguna índole, cuando no viene al caso mencionar nombres de ciudadanos que, consiguieron trascender, pero no por su oficio, por su actividad profesional, jamás por ejercer con sapiencia la tarea para la cual fueron preparados en las aulas académicas.

Tamaulipas tuvo dos médicos al frente de su destino. Quizá más. Mi reminiscencia no da para tanto. Norberto Treviño Zapata, un verdadero varón con principios sólidos, austero, serio, responsable. Se rodeó de un grupo bizoño, con el cual hizo su arribo a Ciudad Victoria, después de ejercer, toda su vida, en la capital del país. Llegaría después Emilio Martínez Manautou, a quien su esposa, doña Leticia, le reprochó «¿Y qué voy yo a hacer en un pueblo de pericos y cotorros?» cuando él le informó que sería gobernador del estado, razón por la cual tendrían que dejar su casona del D.F. para irse a vivir a Ciudad Victoria. Ese episodio anecdótico, me llevó a pronunciarme en una trivialidad, en una puntada. Llamé, a partir de entonces, «Cotorrotown» a la entonces bucólica Capital provinciana. También la denomino «Victorville».

Los tamaulipecos, cuando recuerdan a los dos médicos de marras, hablan de sus aciertos y errores, de cómo fueron ambos siendo gobernadores. Nadie, ni uno solo, se refieren a su calidad como profesionales de la medicina.

He dejado claro lo de todos sabido. La profesión se margina, cuando se arriba al poder político.

Por eso, me extraña la exaltación presidencial, de dos figuras muy controvertidas de la América Española, Salvador Allende y Ernesto «el ché» Guevara.

Debido a un lapsus, uno de tantos, que lo llevó a ofender a los médicos en general, tomando como base la forma de ser de unos cuantos, el señor Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ofreció disculpas, pero en lugar de citar a algunas eminencias mexicanas, puso como ejemplos de médicos a Salvador Allende, llamándolo «el mejor presidente de América Latina». Me sentí un poco inquieto, al escucharle decir, «Imagínense, era médico Ernesto ‘che’ Guevara».

Es verdad. Eran médicos. Pero no existen testimonios en torno a si «como médicos, tuvieron una vocación humanitaria». Todo cuanto se sabe del chileno y el argentino, se relaciona con la actividad política de uno y la revolucionaria del otro.

Le cito un caso, omitido por los panegiristas: Allende no obtuvo mayoría definitiva. Lo nombró presidente una Comisión Evaluadora Electoral. Fue un radical marxista. No murió combatiendo la sublevación. El doctor Salvador Allende, se suicidó utilizando el AK 47, regalo de Fidel Castro.

Y a propósito del ídolo de la zurda totonaca: No aceptan sus fanáticos que, para desembarazarse de “el ché” Guevara, cuya popularidad lo inquietaba, lo envió a Bolivia, supuestamente a organizar una revolución. Apenas desembarcó, fue capturado. Ipso facto, se le ejecutó. Yo estoy seguro que, al dictador genocida, no lo sorprendió la noticia.

NOS AMENAZA LA METÁSTASIS

Estamos en el umbral de lo incognoscible. Sé que lo entendió a la perfección, sin embargo, no obstante, me veo obligado a dilucidarlo para evitarle a alguien, en particular, la molestia de indagar: Estamos entrando en el ámbito de lo que no alcanza a entender, a plenitud, el ser humano. Para decirlo en la brevedad de la síntesis: No sabemos.

Quizá algún pedante de Comunicación Social, enmedio de la incertidumbre, le dé sentido pontificial a su adulación cotidiana, para melcocharle el oído al gober. De nada servirá, si la metástasis aparece.