¿Vejez? O juventud prolongada

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Alicia Caballero Galindo.-

No dejas de reír porque te haces mayor. Te haces mayor porque dejas de reír.- Maurice Chevalier.

 

Cualquiera que deja de aprender es viejo, ya tenga 20 años u 80. Cualquiera que sigue aprendiendo se mantiene joven.-Henry Ford.

La vida actual va en una vertiginosa carrera, las ciencias y la tecnología, generan cambios constantes que a los jóvenes les parecen naturales y  todo se vuelve obsoleto en poco tiempo porque siempre hay algo nuevo y mejor, generando  un consumismo desenfrenado. Para ejemplo basta un botón; la telefonía celular de todas las marcas, cada año renueva modelo y quienes se fanatizan con este instrumento comunicativo, sienten la “necesidad” de estar a la última moda y tener lo más nuevo, los cambios son mínimos pero la mercadotecnia “crea” la necesidad de los cambios, olvidando el valor utilitario de un aparato para hablar por teléfono. Lo mismo ocurre con los vehículos automotrices, el modelo nuevo es igual al anterior con leves cambios nada más. Todo marcha, en un espiral ascendente como un remolino de ideas, cambios y más. En el vórtice de este torbellino, los niños y jóvenes deambulan esperando cada día nuevos juegos, nuevas películas, y cambios constantes. Esta situación genera en ellos, que lo último, lo nuevo, es lo mejor y más novedoso, así ocurre también en este avance acelerado, a creer que las personas “caducan” en razón directa a su edad al grado que, en las empresas, se niegan a contratar a personal que tenga más de 35 años. Esta situación ocasiona que los jóvenes sientan cierto desprecio o menoscabo por personas mayores de cincuenta años por considerarlos “caducos” “descontinuados” “ineptos para ciertos puestos” y más, situación que se refleja en algunos casos en pérdida del respeto por las personas mayores.

En contraste con esta postura, se encuentra la de los adultos que “esconden” su edad por el temor a ser rechazados, no toman en cuenta que, la experiencia de vida genera en las mentes inteligentes  una riqueza increíble, y otorga una mayor capacidad de discernimiento producto de la reflexión vital. Si recordamos a los grandes genios de la política, de la historia, las artes, las ciencias, la tecnología, etc., la mayoría de los exponentes que han dejado historia son personas maduras, salvo honrosas excepciones que también las hay.

Cumplir años no es una “enfermedad”, al contrario, es un privilegio negado a muchos que sucumben por variadas causas en el camino. Las nuevas generaciones, inmersas en esta vorágine de cambios rápidos, deben apreciar la experiencia de mentes inteligentes y avanzadas en el arte de vivir, “cumplir años no significa hacerse viejo” la vejez se genera con la inactividad del cuerpo y la mente que se anquilosa en el tiempo y detiene su crecimiento.

A mediados del siglo pasado, una persona promedio e 50 años, se consideraba jubilado, fuera de servicio, descontinuado y más. Los adultos que en la actualidad pasamos de 50 años, somos apoyo de hijos o sobrinos ayudando con la educación de los nietos, por lo tanto, actualizados. Hay un número importante de adultos mayores activos, actualizados y contribuyendo al progreso de sus comunidades, aportando ideas, trabajo, letras, artes, ciencias, investigaciones y cuando éste es el caso, somos valioso porque aportamos experiencia y alternativas, otros enfoques a la solución de problemáticas. El respeto de las nuevas generaciones hay que ganarlo adecuándonos a la realidad actual y no pretender modificar los nuevos patrones e vida, al contrario, adaptándonos a la realidad actual y continuar aprendiendo para crecer.

La edad cronológica es relativa cuando mantenemos la mente activa. Se puede lograr ser un joven de 80 años cuando nos adaptamos al HOY, o ser un anciano de 20 años cuando nos negamos a crecer, aprender, evolucionar y superarnos.

La edad no se esconde cuando se paladea cada minuto de la vida los años, ¡se presumen! muchos cayeron en el camino. Cada año vivido es una victoria ganada al tiempo y debe aprovecharse positivamente para ser partícipes activos de la historia. Todo es cuestión de actitud.

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