La cajita de tesoros

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El Contador Tárrega

Vivo en la que fue la casa de mis padres, y hurgando hace días en un closet, encontré lo que yo llamaba de pequeño “mi cajita de tesoros”. Es una caja de plástico decorada en donde guardaba cosas que en algún momento me parecieron valiosas. Estaban ahí mis “panchólares” (billetes de “Pancho Pantera”, el del chocomilk). Los parches bordados conmemorativos de algún campamento scout. “El Helicóptero Zumbador” y “El Zopilote Vespertino”, boletines que daban también en esos campamentos. Mis “View Master” de Batman (jóvenes, de esto sí a lo mejor ni sus padres se acuerdan, mejor busquen en internet qué es). Mi colmillo de tigre que me mandó mi papá de Tabasco y que un tiempo  traje colgado del pescuezo. Mis hebillas de cinto texano, de la época en que iba a las tortillas en calzones y con botas vaqueras (estaba muy “huerquillo”; lo suficiente para no ser detenido por exhibicionista). Estaba también ahí mi agenda telefónica de la primaria con teléfonos importantes como el de la profe Belinda, mi maestra de quinto, de la que estaba enamorado; el de Manolo Gómez García, a quien yo admiraba porque era “el niño más fuerte del salón” y más admiraba cuando se ponía a cantar “Gabino Barrera” frente al grupo; el de Lorena del Carmen Moreno Varela, que ya desde entonces pintaba para ser la aguerrida litigante que es hoy en día; y el mío, que anoté, según yo, por si me daba amnesia.

Todo esto y algunas otras cosas más que ahí encontré, me ayudaron a revivir días felices de mi infancia y fue gracias a que en algún momento las consideré suficientemente importantes para guardarlas en esa cajita. Lo que no guardé ahí, simplemente se perdió.

He pensado que nuestro cerebro es algo parecido a esa cajita de tesoros. Lo que ponga ahí hoy, es lo que podrá salir en un futuro. Lo que no ponga ahí, simplemente no podrá salir, no importa qué tanto lo llegue a necesitar en un momento dado. Me gustaría sugerirte a ti, joven o señorita que estás en la etapa de la vida en la que mayormente almacenas material en tu cerebro, algunas cosas que me parece que sería importante que almacenaras en esa cajita de tesoros.

Pon ahí algún conocimiento específico que en lo futuro te ayude a ganarte la vida de manera honesta. De jóvenes nos puede parecer que será muy fácil ganarnos la vida haciendo “cualquier cosa”. Pero conozco personas ya maduras que lamentan no haber aprovechado cuando tuvieron la oportunidad de adquirir conocimientos específicos sobre alguna materia. Créeme, a medida que aumenta la edad, aumentan también las necesidades, y disminuyen las probabilidades de poder vivir bien haciendo “cualquier cosa”.

Haz espacio para guardar habilidades que te permitan guiar una familia. Una cosa es traer un hijo al mundo (ésa es la parte fácil), y otra muy diferente (la difícil) es criarlo, formarlo para bien. Existen libros, cursos, talleres y otros recursos que ayudan en este propósito, o con el otro, igualmente importante, de saber mantener un matrimonio en buenas condiciones. El viejo final de los cuentos “y vivieron felices por siempre”, idea con la que muchos jóvenes llegan al matrimonio, y que sugiere ausencia de problemas, puede ser muy diferente a la realidad que la vida te presente.

Guarda también en tu cajita una cultura general que te permita mantener una conversación de buen nivel con algún futuro jefe o con algún colega. Siempre les digo a mis alumnos: “Lean, no nada más el tvnovelas o el libro vaquero”. Compra un buen libro, lee la sección editorial del periódico, escucha las noticias, observa y analiza lo que ocurre a tu alrededor.

Almacena también sabiduría para afrontar las tempestades. La adversidad invariablemente nos visita. Quienes no aprenden a enfrentarla, se “quiebran” ante ella. Si lo deseas, encontrarás también abundante material que te enseñará a tener grandeza de ánimo ante las dificultades.

Todas estas situaciones se te podrán presentar en el futuro, de una forma o de otra. Te invito a que hagas “despiojadero” eliminando aquello que le esté robando espacio a lo que realmente podrías necesitar en el futuro. Si no guardas en tu cajita de tesoros las herramientas necesarias para enfrentar con éxito ese futuro, éstas no podrán salir, no importa cuánto las necesites, y podrías sentir un hueco enorme al querer echar mano de algo que nunca adquiriste.

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