Su vida muy junto a la mía (II)

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Eduardo Narváez López

Remedios observó que el dicho “El muerto y el arrimado a los tres días apestan” se cumplía cabalmente. Regreso a México a su cuarto, y a APAC, que constituían todo su mundo. Reflexionaba de cómo había llegado a este punto. Milagros, que no podía hablar, la miraba como preguntándole qué se decía a sí misma, y como diciéndole que se lo contara. Con algo que entendiera se conformaría. Remedios que sabía traducir sus gestos comenzó a relatarle:

-Yo nací en un pueblito de Oaxaca llamado Telixtlahuaca. Se fundó hace mucho, pero muy chiquito, no pasábamos de dos mil. Está a 30 kilómetros de Oaxaca a donde llevábamos a vender nuestras artesanías y costales de carbón, y llegaban a comprarnos los ladrillos que hacíamos muchas familias. Mi papá hacía las dos cosas. El recuerdo que tengo de él es que siempre traía una tos seca que nunca se le quitó. Su cara huesuda, triste, siempre sobándose la espalda, el pecho. us pulmones estaban ahumados por respirar el humo de los hornos donde se cocían la madera y los moldes de barro. Se murió a los 70 años. Mi mamá si era muy sana, aunque bien trabajada, duró 102 años. Fuimos dos mujeres y dos hombres. Todos se murieron temprano. El hambre y el humo los mataron. A mí fue a pedirme una familia de México cuando tenía 17 años.

Trabajé cinco años en su casa de la colonia Roma. Luego me ofrecieron el trabajo de conserje en este edificio grandísimo. Al principio era muy torpe, me salían ampollas; los zapatos se me acababan de tanto mojarlos, entonces andaba descalza. Ya tenía 22 años en 1955 y te esperaba; después vinieron tus tres hermanas. En una ocasión, en la madrugada cuando todavía estaba oscuro, tallaba con agua y escoba el piso de una parte del estacionamiento. Se fue la luz en esa parte. Entonces, de la bodega de útiles saqué una extensión en cuyo extremo estaba el socket con un foco, fui a enchufarla a un contacto donde si había corriente; pero como traía las manos mojadas me quedé pegada a él y no podía zafarme; la corriente me sacudía y me quemaba, no sé ni cómo retiré la mano que me quedó ennegrecida.Quedé inconsciente mucho tiempo. Cuando volví en mí me dijeron que tú, en mi vientre estabas a punto de morir. Además, que yo estaba muy débil para hacer el esfuerzo requerido para parirte y si lo hacía yo moriría, a menos de que te mataran en mi interior. Dijeron que era lo mejor porque saldrías con taras mentales. Grité que yo te quería con todo y taras aun cuando muriera en el intento.

Tal parece que Milagros entendía gran parte de lo que le relataba su madre, ya que abría desmesuradamente los ojos, como si los hechos estuvieran ocurriendo en ese momento, le hacía señas a su madre de que no la tuviera. La abrazaba y emitía sonidos guturales: “Ño, ño, ño”. Uno de los dos sonidos que podía emitir. El otro era “Ti, ti, ti”, para decir lo contrario: Sí.
Remedios se asustó de la reacción que causó su relato, por lo que trató de poner su mejor cara, aclaró su garganta y suavizó su voz:

-Por favor, no digas eso porque aquí estás. Hemos vivido juntas muchas aventuras; la mejor haberte llevado a la escuela de la APAC desde que se cambiaron aquí cerca. Acababas de dejar tu adolescencia. Allí has aprendido a hacer algunas señas, a convivir con otras muchas personas que te comprenden y te quieren. Tienes más de cuarenta años de ir y yo te he de llevar aunque sea a rastras y enojándome con los taxistas. Me doy por bien pagada, cuando veo que sales de casa sonriendo. Que estás ansiosa de ver a tus maestras y amigos. Ha sido tu segunda casa. Cuando me vaya recibirás mi pensión y lo que estoy ahorrando para dejarte encargada con mi comadre, la nueva conserje y única vecina de la azotea –Protección Civil de Gobernación, después del último temblor, dictaminó que el viejo edificio debía aligerarse demoliendo los cuartos de servicio. Todos se desocuparon, salvo el de nosotras; pero a la fecha ninguno se ha demolido
Remedios continuó contando parte de las vivencias felices que habían tenido en APAC: cuando la metieron al contenedor de globos donde pasaba un par de horas jugando con ellos. Ahí en ese salón de motivación, a Milagros le parecía ver un mundo fantástico. Contemplaba toda clase de atractivos visuales. Remedios le recordaba los eventos especiales en los días festivos; los convivios por los cumpleaños de sus amigos y otros. Se abstuvo de contar los malos momentos: cuando en el camión se alejaban de ella por no ver sus movimientos espásticos o la baba que sin cesar se le escapaba de la boca. De la burla de los otros niños en el parque: “Mira mamá, esa niña, ¿está loca?” De las fiestas para los niños en el edificio a las que no era invitada.
Remedios no acababa de contar tantos bellos momentos en APAC y de su vida muy junto a la de su hija Milagros.

P.D. Los alumnos de APAC disponen de becas de $1,000 a $5,500 gracias a donativos de diversas personas e instituciones. Agradeceré deposites el tuyo a la cuenta Bancomer 0442648040. Clave 012180004426480406. Mayores informes al correo: [email protected]

 

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