El enojo social está creciendo

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

Por más que se le quiera minimizar o atribuir trasfondo político, la caravana Antiamlo realizada el pasado fin de semana en al menos siete estados de la República Mexicana, es un reflejo claro de la creciente inconformidad social por la forma en que el Gobierno de la “4T” está conduciendo al país.

Solo el presidente Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes (que siguen siendo muchos, aunque ya no tantos como hace un año) se niegan a darse cuenta de ello.

Pero la realidad es inobjetable: las decisiones que se han venido tomando, y que mantienen al país al borde del colapso económico y en una terrible crisis de salud, que cada día se agrava más por el pésimo manejo de la pandemia del covid-19, ha generado enojo y preocupación en muchos mexicanos.

Por eso la protesta del pasado fin de semana exigiendo la renuncia o destitución del Presidente. Fueron pocos los ciudadanos que participaron, pero eso no significa que sean pocos los inconformes.

Los defensores del gobierno de la llamada “4T” descalifican la caravana por el hecho de que algunos de quienes la integraron usaban vehículos de lujo. Bajo esa lógica pareciera entonces que en éste país los únicos con derecho a protestar o manifestarse son los que menos tienen. Tener un vehículo, aunque sea modesto y producto del esfuerzo personal, te hace conservador o fifi, y te descalifica para inconformarte con las decisiones del Gobierno. Nada más absurdo que eso.

En lo personal me preocupan dos cosas: una,  la cerrazón mostrada por el Presidente, quien sigue sumido en una grave crisis de narcisismo que le hace creer ser el dueño de la verdad absoluta , y dos, la creciente polarización de la sociedad,  que nos está conduciendo a un inevitable enfrentamiento de mexicanos contra mexicanos.

Cada vez se marca más la fractura de la sociedad mexicana, en un hecho provocado y alentado por el mismo Presidente, con sus recurrentes arengas y arremetidas contra los que han logrado construir un patrimonio decoroso y contra aquellos que no simpatizan con su forma de gobernar.

A tal grado están las cosas que ser pobre te convierte en automático en pueblo bueno, y en contraparte, si no lo eres te hace malo, y te quita el derecho a alzar la voz para protestar.

No se necesita ser muy inteligente para prever que si esa brecha que divide a los mexicanos se sigue ensanchando, muy pronto la violencia alcanzará las calles.

Algo que, por supuesto, para nada es conveniente. No es deseable un escenario de un México convulsionado por las protestas callejeras.

¿Usted imagina a un país sumido en su peor crisis económica por la pandemia del covid-19 y los errores del Gobierno, y todavía con una crisis de violencia social en las calles? Sería el acabose.

El Presidente debe entender que gobierna para todos. Es el Presidente de todos los mexicanos, no solamente de los pobres.

Ojalá y que la gente sensata de su administración, que aunque usted no lo crea la hay, tenga el valor y la capacidad para sacar a López Obrador de su burbuja narcisista. Alguien tiene que hacerlo, y rápido.

 

EL RESTO

NO HAY DE OTRA.- El alcalde de Victoria, Xicoténcatl González Uresti, no terminará su mandato. Eso es un hecho.

No lo hará porque mantenerlo hasta el final de su administración pondría en riesgo la elección municipal para el Partido Acción Nacional (PAN).

Con todo y la ventaja que le representa al partido blanquiazul ser el partido en el Gobierno estatal y en la mayor parte de los municipios, eso no le garantiza un triunfo en las urnas si tiene estorbos en los Ayuntamientos.

Y en el caso de Victoria, Xico es un lastre para el panismo por su mayúsculo fracaso como Alcalde, pero también por la enorme animadversión y repudio que se ha ganado de los victorenses.

Bajo esas condiciones, el PAN tendrá que deshacerse de él. ¿Cuándo? Ya pronto. Nos dicen.

Así andan las cosas.

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