En México se derrumba el gigante de las mentiras

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Ciriaco Navarrete Rodríguez.-

Los políticos en complicidad con los dueños de los periódicos tradicionales crearon al gigante de las mentiras, que tal vez nunca se imaginaron que el pueblo lo derribaría con la fuerza de la inteligencia que ha crecido grandemente durante los últimos cien años de la historia de México; durante ese largo tiempo los mexicanos nos hemos alfabetizado y por eso se ha fortalecido la cultura nacional de manera aparejada con los avances educativos, tecnológicos y científicos.

A partir del año 1934, el día uno de diciembre arribó al poder presidencial el General Lázaro Cárdenas y, a partir de esa fecha, puso en pleno vigor la Constitución redactada por el Congreso de Querétaro en 1917, y aunque todavía hay algunos mexicanos que tienen arraigadas las creencias de que aquel presidente era un hombre bondadoso cuya política, supuestamente, la dedicó al pueblo mexicano, pero lo hizo con la puesta en vigor de aquel referente constitucional mediante el cual, desapareció la pequeña propiedad de la tierra y le dio paso al modelo agrario ejidal y comunal.

El error agrario que aún permanece porque está en pleno vigor de acuerdo con el artículo 27 constitucional, precisa con tramposa redacción que los bienes nacionales corresponden al pueblo mexicano, lo cual no es verdad porque esa ley agraria le garantiza plenamente la propiedad de la nación entera al presidente de la república en turno.

Ese artículo constitucional inicialmente está redactado de la siguiente manera: “Las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponden originalmente a la nación”, hasta ahí la redacción es correcta, pero al señalar “la cual” repite el concepto de nación, y como bien sabemos esa concepción equivale al territorio, al pueblo y al gobierno, y dicho sea coloquialmente, el territorio no habla, el pueblo no decide y por lo tanto en lugar de “la cual” debiera decir “y el gobierno ha tenido y tiene la facultad de asignar a los particulares el tipo de propiedad, bien sea ejidal o comunal”.

Aunque existe la figura jurídica de la pequeña y mediana propiedad de la tierra, la Ley Agraria no le concede solidez jurídica y por ese motivo el suelo mexicano, desde hace casi cien años, se encuentra teñido de sangre debido a las múltiples confusiones del pueblo porque no alcanzan a entender con claridad los límites legales de la propiedad de la tierra.

El artículo 27 constitucional tiene una amplia redacción en la que de manera muy tramposa se señalan las diversas formas de propiedad de la tierra, pero debido a que la constitución general de la república solo especifica como su base de redacción a la propiedad ejidal y comunal, a eso se debe que ese sea el modelo agrario constitucional.

Por eso debemos entender claramente que todo el territorio mexicano se encuentra dividido principalmente en ejidos y propiedades comunales porque esa es la figura jurídica constitucional.

Aunque existe la pequeña,  y la mediana propiedad de la tierra y hasta los latifundios, esas tres figuras territoriales carecen de solidez jurídica constitucional.

Lo igualmente preocupante es la lucha emprendida por el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha rescatado el país con pleno reconocimiento verbal de que en su totalidad, es propiedad del pueblo mexicano.

Lo preocupante consiste en que la tenencia de la tierra en México carece de solidez jurídica constitucional y por eso los grandes esfuerzos presidenciales son atacables desde el punto de vista agrario, lo cual pudiera traer como consecuencia el desarrollo virtual de una dictadura.

El trabajo del presidente López Obrador es altamente innovador y digno de todo reconocimiento pero se necesita que se imponga la mayoría legislativa con la que cuenta actualmente para corregir el referido error constitucional a fin de que sea fortalecido plenamente el derecho de la tenencia de la tierra que solamente se podrá lograr derogando al modelo agrario ejidal y comunal para dar paso a la adopción de la pequeña propiedad de la tierra tal como lo establece la Constitución de 1857.

Con ese paradigma juarista ofrezco la claridad necesaria para adoptar la democracia verdadera como régimen de gobierno tal como lo concibieron las trece colonias norteamericanas que redactaron la Constitución más avanzada del mundo y que está en vigor desde finales del siglo XVIII.

Ese régimen de gobierno ha demostrado que es el único que permite el crecimiento exponencial de la riqueza porque pone como sujeto fundamental del beneficio nacional al ser humano tal como lo entiende y lo está manejando actualmente el presidente López Obrador, a quien debemos aconsejarle la urgente necesidad de innovar la Constitución General de la Republica redactada en 1917.

Ese modelo agrario nos demuestra el franco y jurídicamente legal crecimiento de la riqueza y a eso se debe el poderío invencible del dólar norteamericano.

 

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