«El carnaval del mundo»

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Pérez Ávila

Y, a mí me hará reir, -pregunta angustiado el enfermo de tedio, fastidio, aburrimiento, al médico que, en vez de receta, le da un consejo para aliviarlo: «Sólo viendo a Garrik, podréis curaros». Me vino a la mente el poema de don Juan de Dios Peza, por el debate-rebate generado por la propuesta del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca para sancionar, (lo llaman contribución y hasta derecho) a empresas generadoras de energía eléctrica que contribuyan a la polución del ambiente natural. Como iniciativa, la encargada de darle cariz legislativo fue la diputada local neolaredense Imelda Sanmiguel.

Al márgen de toda conjetura o suspicacia, me llama la atención un hecho obvio: Han sido dos los neolaredinos seleccionados para presentar en el Congreso Local otras tantas iniciativas del ejecutivo. Manuel Canales, hasta se pandeó con el covidus, después de la solicitud del préstamo de 4 mil 600 millones para enfrentar la pandemia. Ahora doña Imelda con esa idea de multar por polucionar.

-¿Y, a mí me hará reir?-

Ahí tiene usted a mister Trump, avizorando en el horizonte, una posibilidad negativa a su afán de reelegirse, aduciendo a modo de excusa, que las elecciones de noviembre, «serán las más corruptas en la historia del país» ¡No podemos permitir que eso suceda!

Es una anticipación perversa, utilizada de acuerdo con el desenlace de la elección en puerta. Ante una bifurcación, dijo el genial Yogi Berra, toma siempre el mejor camino. Frente a Trump se levanta su propósito y el fracaso, si consigue lo primero, la elección no pudo ser ensuciada por los demócratas porque se los impidió el pueblo bueno e inteligente que lo apoya. En cambio, si sucede lo que hoy es una posibilidad con fundamento, Trump alegará que la elección fue corrupta, llena de trampas, con el sello de los democrátas.

Como me decía Cantú Rosas: «Si pierdo, me hicieron chanchullo. Si gano, la elección fue limpia».

Del mismo cariz fue la sentencia de López Obrador, en una dimensión política de mucho más envergadura. Al perder frente a Calderón, adujo: «Me robaron la presidencia». Cuando lo derrotó en forma contundente, Enrique Peña Nieto, aseguró que se debió porque «compró cinco millones de votos». Es decir, cinco millones de mexicanos se vendieron.

Todo el mundo se hace cruces ante la violencia desaforada, desafiando al Jefe del Ejecutivo escudado en su filosofía franciscana, en tanto jura de cara al mundo estupefacto: «No me dejaré intimidar».

Por eso, estamos intranquilos por su visita a la Casa Blanca, a donde acude para agradecerle a Mister Trump, su política, su afán personal, y su convicción de solidarizarse con México.

No lo invento. Lo ha dicho AMLO. Él, está agradecido con Trump.

«Y, a mí, me hará reir?»

De qué manera podemos permanecer ecuánimes, en vez de estar empavorecidos ante la espiral bestial, si el señor presidente nos asegura que «con trabajo, con perseverancia, con honestidad, con justicia, hemos mantenido la gobernabilidad en el país, la paz y la tranquilidad».

Al de Puebla, el corona virus no lo afecta «porque él es pobre». Ergo, el de Tamaulipas debe ser rico, porque lo alcanzó la pandemia.

GIRÁNDULA HISTRIÓNICA: «El carnaval del mundo engaña tanto….»

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