Pecados y pecadores

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Enrique Diez Piñeyro Vargas

Muy agradecido con el Lic. José Ángel Cárdenas del Avellano y a todo el grupo editorial del El Diario de Ciudad Victoria, por brindarme un espacio para compartir esta columna.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 41, fracción I, define a los partidos políticos como: “entidades de interés público; la ley determinará las normas y requisitos para su registro legal, las formas específicas de su intervención en el proceso electoral y los derechos, obligaciones y prerrogativas que les corresponden. En la postulación de sus candidaturas, se observará el principio de paridad de género.

Agrega, “tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público (…)”

Hasta ahí, todo suena muy bonito. Nos queda muy claro que con el paso de los años, la percepción que generan los partidos políticos ante la mayoría de la población está por los suelos y sin una oportunidad clara de levantarse, si no se empieza a implementar acciones serias y creativas que vuelvan a conquistar al electorado. Todo esto viene a colación, porque a pesar de esta situación que actualmente vivimos con el delicado tema de la pandemia, el próximo año tendremos elecciones, las cuales serán de vital importancia para el rumbo de nuestra nación.

Pero, vayamos por partes en este análisis. En primer lugar, en cualquier país del mundo, un partido político es una institución muy bien estructurada que cuenta con un origen, principios, una ideología, estatutos internos, programa de acción, etc. Debemos de entender que el problema no son los partidos políticos. Si estas organizaciones viven una crisis de falta de credibilidad, es por culpa de los malos políticos, esos que ensucian la imagen de la institución y que ostentan desde un puesto directivo, una posición en la administración pública, o en su caso, ocupan un cargo de elección popular, ya sea para desempeñarse en el caso concreto de México, como presidente de la república, gobernador, senador, diputado federal o local, presidente municipal, síndico y regidor.

Es indudable que en todos los partidos políticos también existen elementos valiosos, gente honorable, preparada, trabajadora y honesta. Desgraciadamente, políticos con estas buenas credenciales son opacados por lo negativo y en muchos de los casos, nos ha tocado ver que tienen que cargar con los pecados y con esa mala imagen que le genera a su instituto político los verdaderos pecadores, esos que tuvieron la oportunidad de servir a su comunidad y cometieron todo tipo de abusos y errores.

Otro punto a considerar, es precisamente la importancia de analizar el origen y la formación de esos políticos que buscan acomodo en los partidos políticos y evitar, que improvisados y oportunistas accedan a cargos representativos y posiciones de mando en la administración pública. Tenemos el ejemplo muy palpable que se vive aquí en Tamaulipas, donde una sociedad tiene que sufrir las consecuencias que originan los pleitos de mercado entre los políticos reventadores de la “4T” y los politiquillos espontáneos que forman parte de los ya devaluados “suspiros del cambio”, quienes no terminan de salir de un pleito para entrar a otro.

Por una parte, el gobierno federal concentra los programas sociales paternalistas con fines electoreros, mientras que en el gobierno estatal, no tienen la más mínima idea como gestionar recursos públicos en la federación. Después, los emisarios de la “4T” se han dedicado a desaparecer programas federales que beneficiaban a miles de tamaulipecos, demostrando una falta de planeación en programas de impacto social y evadiendo una colaboración estrecha con las autoridades estatales. Mientras que los improvisados del estado, con su falta de oficio e inexperiencia en la administración pública, salen con la brillante ocurrencia de endeudar una vez más al gobierno del estado, argumentando falta de fluidez en las finanzas, con el único interés de contar con recursos económicos que les permita financiar sus campañas el próximo año.

Y para ponerle la cereza al pastel; se les ha salido de control el tema de la pandemia. ¿Por qué está pasando todo esto?. Fácil, porque ninguna de las partes involucradas cuenta con la sensibilidad y la capacidad para ponerse de acuerdo y trabajar en conjunto en un tema tan delicado.

Tomando en cuenta todo esto que acontece, viene aquí el punto más importante; ¿Qué clase de político quiere la gente?. ¿Qué se espera de la gente que participa en política para acceder a cargos de elección popular o responsabilidades en cualquier nivele de gobierno?.

No sirve de nada culpar a los partidos políticos por los errores que comete quien ostente un cargo público. Hemos visto ejemplos recientes de esos famosos candidatos independientes que en contados casos han conseguido obtener un cargo de elección popular y han pasado con más pena que gloria. Es importante que a la hora de ir a votar, la gente realmente analice el perfil de cada aspirante, su trayectoria, la experiencia, sus resultados, de quien se rodea, y se deje en segundo término que partido lo abandera.

Todo aquel que incursione en política debe de tener vocación de servicio, conocimientos en la administración pública, sensibilidad, honestidad, debe apasionarle el ayudar a su comunidad y conocer su entorno. Quien no reúne estas características, no tiene nada que hacer en el servicio público. Cuando se escoge mal, tenemos los gobiernos que hoy nos toca soportar.

“Nuestro principal propósito en la vida es ayudar a los otros, y si no les puedes ayudar, al menos no les hagas daño”.

– Dalai Lama –

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