Reflexión Dominical

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Antonio González Sánchez

Lo que se lee en la Biblia es Palabra de Dios escrita. Y esta Palabra sirve “para enseñar, para persuadir, para corregir, para educar en la rectitud, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer el bien” (2 Tim 3, 16 – 17).

Y este domingo el texto del Evangelio, Mt 11, 25 – 30, presenta a Jesús orando a su Padre celestial: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien”.

Cuando Jesús habla de los sabios y entendidos se refiere en el aspecto humano, y esto hace que se cierren a las cosas de Dios. Sin embargo los que no tienen la sombra de la “sabiduría” humana están despiertos a las cosas de Dios.

En el texto Evangélico Jesús recuerda un aspecto para lo que Él ha venido: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Entonces Jesús es el revelador del Padre. Y para aceptar esa revelación las personas deben ser sencillos de corazón.

Y en medio de todas las dificultades de la vida, en el texto del Evangelio aparece Jesús exhortando “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Es decir, Jesús recuerda que Él camina con las personas en medios de muchos problemas, y da la fuerza para enfrentar las dificultades que se presentan cada día. Las personas deben buscar a Jesucristo y en Él encontrar la fuerza para enfrentar la vida diaria.

Deseo nombrar parte de la segunda lectura de la misa de este domingo, tomada de la carta de san Pablo a los Romanos: “Por lo tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán”. Entonces la presencia del Espíritu Santo en cada persona se manifiesta en vivir amando a los demás.

Te esfuerzas por vivir según el Espíritu Santo?

Que el buen Padre Dios permanezca siempre con ustedes.

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