La ambición presidencial de Ebrard

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Fernando Acuña Piñeiro.-

AMLO se llevó a lo más granado de la burguesía mexicana, la colocó frente a Trump, como aval de que su Cuarta Transformación es también neoliberal y capitalista, ¿o qué, acaso el T MEC es otra cosa?… ¡Amigou, amigou!, le dijo Trump a AMLO. Que los chavistas radicales de MORENA hablen ahora o callen para siempre. ¡Uppss!

Ambos presidentes se declararon su amor político y coyuntural. El tabasqueño se portó a la altura (le llega al hombro al supremacista Trump). Y de plano, nuestro “Juarez” de Tepetitán ya depositó su voto a favor del partido republicano. Aquí cabría modificar la emblemática frase, para quedar como sigue: entre los individuos como entre las naciones, alinearnos a tiempo es la paz.

En otro enfoque, si Televisa se le metió a Peña Nieto por el lado sentimental de “La Gaviota”, al presidente Andrés Manuel López Obrador lo están cortejando por la vía de su co presidente ejecutivo, Bernardo Gómez Martínez, mismo que, fue artífice de la reciente reunión Trump-AMLO.

Para efectos concretos, no creemos que la firma del T-MEC deje algo bueno para el país, en lo que a sacarlo de la pobreza y el desempleo se refiere. Pero lo que sí se observa es la ambición presidencial de Marcelo Ebrard, y el cabildeo de los negocios globales de la familia Trump, a través del yerno Kushner. Y justo ahí están los poderosos contactos del ejecutivo de Televisa, Bernardo Gómez.

¿Pasará puntualmente la factura el consorcio de Emilio Azcárraga?

Por nuestra parte, como ciudadanos, lectores distantes, consumidores ávidos de lo que se dijo y no se dijo en la cumbre AMLO-Trump, acudimos a un capítulo más de la relación entre México y Estados Unidos. Los dos vecinos de siempre, con su historia de poderío y de vasallaje. El que dicta cómo se deben hacer las cosas. Y el que trata de sacar raja política y económica, a costa de realizar acciones cuya traducción es un: A sus órdenes señor.

En las columnas políticas y en todos los foros de opinión mediática, para bien o para mal, todos hablan del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su reunión con su homólogo Donald Trump. Obviamente, el jefe político del país es la figura estelar.

Sin embargo, atrás de todo este tinglado político, hubo tres personajes poderosos considerados como los verdaderos operadores de la estrategia y del contenido de la reciente cumbre binacional.

El primero de ellos es el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, considerado como una especie de vicepresidente de facto en el gabinete trumpista. Mientras que por el lado mexicano, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, tuvo que compartir reflectores con el alto ejecutivo de Televisa, Bernardo Gómez Martínez, pues resulta que el verdadero amigo de Kushner es él, y no el Canciller mexicano.

Lo anterior se puso de manifiesto en marzo de 2019, cuando dicho empresario organizó en su casa la reunión de AMLO y Kushner. Ahí se gestó el acuerdo, sobre la reciente reunión Trump-AMLO. En este encuentro también estuvo presente Marcelo Ebrard, aunque se especula que al Secretario de Relaciones Exteriores se le avisó ya de última hora.

Habrá que ver cómo le va a Trump en la elección de noviembre, porque si se reelige los bonos de Ebrard van a subir notoriamente. Pero si fracasa, como dicen que el éxito tiene mil padres, pero la derrota es huérfana, entonces al Canciller le convendrá decir que todo el mérito de la cumbre AMLO-Trump fue del Ejecutivo de Televisa. Por lo pronto, una rivalidad de terciopelo parece existir entre ellos.

Se sabe que a partir de aquella reunión informal, en la casa del hoy copresidente de Televisa, Bernardo Gómez, con AMLO y Kushner como invitados, sirvió para que los de la Cuarta Transformación recibiesen instrucciones precisas sobre qué era lo que quería de ellos el presidente Trump, especialmente en el incómodo tema migrante.

Los deseos de uno de los jefes de Estado norteamericano más rabiosos y antimigrantes en la historia de la Casa Blanca, era ni más ni menos que el Gobierno mexicano le hiciera el trabajo difícil, el de frenar la ola de migrantes centroamericanos.

Esa y no otra sería la gran prueba de fuego, para AMLO y su secretario presidenciable, Marcelo Ebrard. Como ya todos sabemos, México resultó el policía más eficaz para evitar la llegada de miles de personas, que una y otra vez buscaron arribar a Estados Unidos desde la frontera sur. Pero fueron rechazados por una flamante Guardia Nacional, que de esta manera se estrenó, y no en el combate al narcotráfico, como era el propósito original.

Hoy, en un riguroso balance de lo que nos deja a los mexicanos, la reunión de nuestro Presidente con el Jefe de Estado norteamericano, debemos de decir que se trató de una reunión de estrategia política a favor del presidente Trump, en sus angustiosas pretensiones de reelegirse. Por algo el canadiense Trudeau no asistió, porque no quiso hacerle el caldo gordo al político republicano.

Imagínense si llegan a ganar los demócratas, la política exterior mexicana tendría que ejecutar una maroma más espectacular que los trapecistas del Circo Du Soleil. Difícil que suceda, pero no imposible, dados los errores de Trump en temas de represión policiaca contra la primera minoría negra de USA, y en el errático manejo del Covid-19.

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