Mujeres Vasconcelistas en Victoria

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Francisco Ramos Aguirre.-

A principios de 1929, meses después del asesinato del general Álvaro Obregón, presidente electo de México, José Vasconcelos, creador de la Secretaría de Educación Pública, anunció su candidatura a las elecciones presidenciales extraordinarias. Prácticamente la campaña del oaxaqueño, quien tenía millones de simpatizantes, resultó arrolladora en todo el país. Por tal motivo, el Gobierno federal lo consideró un peligro para su candidato, Pascual Ortiz Rubio. Más todavía en Tamaulipas, terruño del presidente provisional Emilio Portes Gil.

El movimiento vasconcelista en Ciudad Victoria es un capítulo escasamente documentado en la historiografía política. Gracias a Mauricio Magdaleno, sabemos del paso del comité de campaña en ferrocarril por Santa Engracia y Victoria rumbo a Tampico, donde asesinaron a balazos, después de una reunión, al activista Aurelio Celis, presidente del Partido Nacional Antirreleccionista en Tamaulipas.

Por su parte, María Antonieta Rivas Mercado, amante de Vasconcelos, menciona en sus memorias la situación que atravesaba Tamaulipas en ese momento: “…la pequeña patria socialista de Portes Gil… y de Marte R. Gómez…”, a quienes califica de falsos revolucionarios y caudillos de los agraristas. “Un Estado de gente libre, cuya conciencia no hubo de esperar la llegada de la vanguardia vasconcelista, sino que tiempo atrás se había organizado en núcleo fuerte, preparándose para la lucha.”

Entre los escasos tamaulipecos que se atrevieron a felicitar al líder oposicionista figuraba el doctor Francisco Vázquez Gómez, ex secretario de educación y simpatizante de Francisco I. Madero durante su campaña presidencial en 1910, donde el tulteco figuró de vicepresidente.

En esa época, la participación de las mujeres en actividades políticas no era bien vista por la sociedad, porque les había asignado un rol exclusivo en tareas del hogar y atención a los hijos. Entre las excepciones se encontraba un sector de féminas tamaulipecas -la mayoría maestras y obreras-, por ejemplo Caritina Piña, Olivia Ramírez y Soledad Alcalá, quienes luchaban por ser reconocidas y participar en escenarios exclusivos de los varones, entre ellos la política y derecho al voto.

No obstante estas limitaciones, el vasconcelismo representó para las mujeres victorenses una oportunidad para hacerse visibles en el campo de la militancia en el Partido Nacional Antirrelecionista. Por tal motivo, al enterarse de la simpatía que despertaba el candidato, el Gobierno tamaulipeco, la comandancia militar y Presidencia Municipal dispusieron un plan para evitar que las féminas se involucraran durante el proceso electoral.

Como sucedió con Francisco I. Madero, la campaña de Vasconcelos influyó en el despertar de conciencias por una verdadera democracia. Bajo estas circunstancias, tan pronto anunció su candidatura se sumaron a ella miles de simpatizantes, entre ellos maestros, intelectuales, católicos, escritores, estudiantes, periodistas y mujeres. Dicho escenario preocupó a los militares gobiernistas, dispuestos a seguir encabezando el proyecto de construcción del estado postrevolucionario.

 

PASCUAL ORTIZ RUBIO EN VICTORIA

A finales de agosto de 1929 llegaron a Victoria los vasconcelistas -entre ellos María Antonieta- de paso a Tampico. Desilusionado por el frío recibimiento, el oaxaqueño comentó en sus memorias que la Capital tamaulipeca estaba “…sometida al terror.” Incluso menciona que ellos mismos pagaron los gastos del hotel. Como era de esperarse, su opositor tuvo mejor suerte.

A principios de septiembre arribó en tren el candidato del PNR, Pascual Ortiz Rubio, acompañado de su comitiva. El día cuatro, grupos de campesinos y maestros afiliados al Partido Socialista Fronterizo invadieron las calles para escuchar el discurso del michoacano. Además, los líderes agrarios y del PSF iniciaron las estrategias de propaganda a favor del candidato oficial.

Aunque no tenían derecho al voto, uno de los obstáculos del PNR eran las mujeres, a quienes no podían controlar. Entre las estrategias para frenarlas, las autoridades declararon categóricamente al periódico El Jicote: “No se Permitirá la Intromisión de Mujeres en Asuntos Políticos el Próximo Domingo.” Además, advirtieron que no habría consideraciones de ninguna clase, por desobedecer a las autoridades de cualquier ciudad del país: “Por lo tanto, las que infrinjan esta determinante disposición serán remitidas a la Penitenciaría, mientras que reciban el castigo que por su desobediencia ameriten.”

“Con inusitado entusiasmo”, la directiva del Partido Socialista Fronterizo, fundado por Portes Gil, organizó la noche del 16 de noviembre una manifestación en apoyo a Ortiz Rubio. Después de recorrer algunas calles, los contingentes se dieron cita en la Plaza Juárez, donde hablaron: “…connotados oradores entre los que figura en primer término el Lic. Fidencio Trejo Flores, así como conocidos elementos ferrocarrileros que en su totalidad se han adherido al Partido Socialista Fronterizo.”

En medio de todo esto, el periodista Lucio Mancha, hijo de Nemesio Mancha, director de un semanario matamorense, interpuso una queja ante el agente del Ministerio Público por el delito de injurias y amenazas contra la dirigente femenil Violente Montoya y otras mujeres: “…que hace días armaron fenomenal escándalo en su contra, en céntrica calle de la localidad.”

Basado en la Constitución Mexicana y Ley Electoral, Mancha, director del célebre semanario “El Gallito”, publicó en octubre del mencionado año, que únicamente los hombres podían disfrutar los derechos políticos: “No de ahora, sino mucho antes, se ha hecho la misma consulta y siempre se ha llegado a la conclusión de que constitucionalmente la mujer no está capacitada para tomar parte en actividades políticas ni electorales.”

Todo indica que el movimiento vasconcelista femenil en Ciudad Victoria cobró una inusitada fuerza, que inexplicablemente se apagó. El once de noviembre, a pocos días de la elección: “…iracundas y agresivas” integrantes católicas del Club Josefa Ortiz de Domínguez, afines a Vasconcelos, se presentaron en las oficinas del periodista Lucio Mancha, donde “…armaron un fenomenal zafarrancho de carácter político.”

A decir del periódico El Jicote de Francisco Arreola, todo se originó porque el domingo diez, Mancha escribió que entre los elementos afines al candidato presidencial, figuraba gente: “…de dudosa conducta que censuró acremente, motivando que las correligionarias del candidato antirreleccionista se indignaran, acordando aplicar la acción directa a nuestro colega, que afortunadamente resultó ileso en el atentado fraguado por estas hembras de pelo en pecho.”

El grupo de damas que atacó los talleres tipográficos y redacción fue acaudillado por Violante Montoya. Probablemente una profesora de nombre María, originaria de Tampico. La nota refiere que una de ellas pronunció la frase: “Venimos a que nos dé nuestra libreta. Aparte de otras frases por el estilo, que evidenciaban la cólera de que estaban poseídas.” Después de una hora y media, Mancha llegó a sus oficinas -ubicadas a escasos metros donde estaba el local donde despachaba el Club Femenil Vasconcelista-. Para entonces, el número de manifestantes partidarias había aumentado considerablemente.

De acuerdo a la versión del director del bisemanario, las féminas tenían toda la intención de agredirlo, porque lo siguieron por céntricas calles, lanzándole a pocos metros improperios y toda clase de insultos: “…con el fin de saciar su encono, haciendo víctima de sus iras a nuestro colega, el cual encontró oportuno refugio en el Hotel Barcelona.”

De esta manera, Mancha, que en su periódico mostraba su carácter misógino, logró escapar de la “…avalancha de no menos de treinta o cuarenta mujeres armadas de piedras y palos al grito de ¡Viva Vasconcelos! e improperios que omitimos por respeto a la sociedad, estuvieron a punto de cometer un atentado sin nombre, en uno de los representativos de la prensa revolucionaria.”

El presidente del partido de Vasconcelos en Victoria era el médico cirujano Eleno Hernández Hernández, profesionista local recién egresado de la Universidad Nacional de México (1924), con la tesis Algunas Consideraciones Sobre Morfinomanía. Años después de su participación en el vasconcelismo, fue director del Hospital Civil. Cuando el galeno se enteró de la protesta, apoyó la decisión de las féminas, quienes hicieron suya la calle Morelos y Once, donde se protagonizó el escándalo.

Lucio Mancha amenazó denunciar el bochornoso acto en las instancias correspondientes. “…hecho del cual ha tomado debida nota la policía que espera localizar los domicilios de los principales protagonistas, a fin de que nuestras autoridades competentes, diluciden las responsabilidades en que haya incurrido, quienes incitaron este atentado.”

Como lo registra la historia, Vasconcelos perdió las elecciones mediante un fraude electoral antidemocrático. Resultó triunfador el candidato impuesto por el “Jefe Máximo de la Revolución” Plutarco Elías Calles, a quien Portes Gil rindió buenas cuentas para sostener su monopolio político en Tamaulipas.

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