Urbanidad y tacto político

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Enrique Diez Piñeyro Vargas

Durante esta semana hemos seguido muy de cerca la situación que actualmente padecen los municipios fronterizos en nuestro estado, especialmente la ciudad de Reynosa, a consecuencia del huracán HANNA. Los estragos de este fenómeno natural provocaron afectaciones en un considerable número de colonias en esta ciudad, y son miles las familias que tuvieron que abandonar sus hogares o no cuentan con los servicios básicos. Vemos como también las carreteras, principales vialidades, maquiladoras y hospitales fueron severamente afectados por las inundaciones.

Si bien tenemos que reconocer, en este caso muy particular, que los tres niveles de gobierno están haciendo presencia, seguimos viendo como cada una de las instancias quiere sacar una tajada política ante esta desgracia. Ya es una triste costumbre darnos cuenta que tanto los representantes del Gobierno federal y las autoridades locales no son capaces en ponerse de acuerdo para implementar políticas públicas, mucho menos ahora, para trabajar de la mano en situaciones de riesgo, como la que acontece en Reynosa.

A través de las redes sociales vemos fotográficas de los llamados “servidores de la nación” del Gobierno federal entregando despensas. Por otro lado, observamos al Gobernador del Estado placeándose con uno de sus pupilos a la sucesión, como lo es Gerardo Peña. Al otro día, lleva de la mano a su hermanito Ismael, para que no se pierda en las colonias y entregue cuatro trapeadores. Después, aparece el famoso “Cachorrito azul” haciendo Facebook Live trepado en una lancha, y por otro lado, damos cuenta de las acciones que realiza la alcaldesa Maki Ortiz con su equipo de trabajo.

Volvemos a insistir en el tema y nos hacemos la pregunta: ¿en verdad es tan difícil ponerse de acuerdo para atender a una población en desgracia?. La gente está cansada de solo ver actitudes de confrontación por parte de estos gobernantes. Es increíble que el representante del Gobierno federal no pueda ni saludarse con el Gobernador del Estado, así como incomprensible que este mismo Gobernador ni siquiera atiende las peticiones de la Alcaldesa. De igual manera, indigna que el Gobierno federal no priorice el atender una emergencia de esta índole a través del Fondo de Desastres Naturales, y obligue a la autoridades locales a transitar por un sinfín de procedimientos y trabas burocráticas para acceder a este recurso, el cual, si bien les va llegará a el próximo año.

Estos gobernantes no tienen la menor idea lo que significa la urbanidad y el tacto político. Siguen comportándose como si fueran porristas en una campaña y se les olvida que son servidores públicos. Lógicamente en nada les ayuda la cantidad de barbajanes de quienes se rodean, gente sin preparación ni cultura que jamás habían ejercido un puesto público. Ahí tenemos los tristes resultados cuando una administración pública se integra por gente sin conocimiento, sin vocación de servir a sus semejantes y solo con el hambre de servirse de sus negocios y transas.

Aquí mismo, en nuestra Capital, tenemos el mejor ejemplo de la ineficacia y la falta de coordinación entre los tres niveles de gobierno. Un Gobierno federal ausente, un Gobernador que desprecia todo lo que represente Ciudad Victoria, y un Alcalde que está más ocupado bailando zumba, paseándose en una suburban blindada y robándose el presupuesto con sus facturas falsas. La suma de estos factores, da como resultado que nuestra ciudad no cuente con recursos y acciones que le permitan volver a ser la ciudad limpia y amable que con tanto orgullo presumíamos.

Este escenario ha despertado en la población un desprecio generalizado hacia las autoridades, y confiamos en que el próximo año lo manifiesten a través de su voto. Sería muy lamentable que todo este hartazgo se tradujera en abstencionismo, ya que eso beneficiaría a esta bola de arpías, tal y como sucedió en 2019, que únicamente participó el 33 por ciento del padrón de votantes y, por consecuencia, el Gobierno local salió beneficiado.

Mientras todo esto acontece, es imposible que no venga a la mente aquel inolvidable discurso pronunciado por Luis Donaldo Colosio Murrieta, discurso para algunos muy trillado, pero siento, que para mucha gente es un discurso que aún falta por entender. Párrafos memorables como: “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Han pasado 26 años, gobiernos de todos colores y sabores, y hoy en día seguimos con este mismo mal. Todo está en querer hacer las cosas bien, con honestidad, con profesionalismo y con mucho amor a nuestra tierra. Sigamos exigiendo a las autoridades a que hagan su tarea, pero también, hagamos lo que nos corresponde como ciudadanos.

“Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos”.-

Luis Donaldo Colosio Murrieta

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