El Santuario de Guadalupe

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Francisco Ramos Aguirre.-

La postura anti guadalupana del ex obispo Eduardo Sánchez Camacho, aceleró la construcción de un templo en la Capital tamaulipeca, para rendir tributo y reivindicar el amor a la patrona de los mexicanos. Para ello en 1897 se dispuso de un terreno en la Loma del Muerto, transferido por el clérigo sonorense al nuevo obispo Filemón Fierro y Terán.

La información más lejana sobre el Santuario de Guadalupe se localiza en un plano de Ciudad Victoria de 1895. En la parte sur, se observa el nombre de la iglesia y un amplio predio, lo cual nos hace suponer que la idea original de edificar el templo, correspondió a Sánchez Camacho. Al año siguiente las cosas dieron un giro inesperado y el proyecto se detuvo, debido al pleito del “obispo rebelde” con la jerarquía católica mexicana y romana, quienes trataron de disuadirlo de sus opiniones sobre la negación de los milagros y aparición de la virgen en el Tepeyac. Este asunto generó encendidos alegatos a través de la prensa entre masones y católicos.

En diciembre de 1900, Fierro regresó a Victoria después de un recorrido pastoral por la huasteca y Padilla, donde reinauguró el templo abandonado los últimos treinta años. Para entonces, había encomendado los planos arquitectónicos del santuario a José María Canseco, uno de los mejores ingenieros de la ciudad. Al finalizar la misa del día 12 del mes mencionado, el obispo y monseñor Silvestre C. de León, presidieron una breve ceremonia donde: “…se puso y se bendijo solemnemente la primera piedra en el santuario que se va a erigir a esta Madre amorosa y tierna…en cuya construcción cooperará toda la Diócesis gustosa”.

Según narra el cronista, a pesar del mal clima  -casi 20 días de lluvia, sin verle la cara al sol- se reunieron cerca de cuatro mil personas atentas al discurso y la noticia: “Saludaremos el principio del nuevo siglo XX, consagrándole a María un Santuario, levantado en memoria de su imagen tan querida y venerada de los mexicanos, y tan perseguida y odiada por la herejía.”

Para cerrar con broche de oro este episodio histórico, un grupo de ciudadanos ofreció un suntuoso baile en el Teatro Juárez y un juego de loza fina con motivo del onomástico del gobernador Guadalupe Mainero.” Mientras tanto, por esos días Sánchez Camacho arreciaba en sus declaraciones sobre la absurda coronación de la guadalupana, como patrona nacional argumentando que él mismo Papa León XIII, no reconocía sus milagros.

Vale decir que al tomar posesión del obispado, la Arquidiócesis instruyó a Fierro y Terán para que encabezara varias peregrinaciones al Santuario del Tepeyac, para  demostrar públicamente el fervor de los tamaulipecos a la virgen morena. Una procesión célebre, se realizó por ferrocarril en agosto de 1904. Después de la misa en la Basílica de Guadalupe, las familias de Ceferino y Juan Terán, José María Canseco, Leonor Martínez, Antonio Fernández, Lino Villarreal, Rómulo Cuéllar, Carmen  Tirado, Aurora Carruché y otras, saludaron y convivieron con doña Carmen Romero Rubio, esposa de don Porfirio.

Al regresar a Victoria, la comitiva animó al obispo a concluir rápidamente el templo. Además, reafirmaron que su ubicación en La Loma del Muerto o colina al sur, estaba ideal. No sólo porque el terreno era amplio y disponible, sino por la conformación geográfica, asociada simbólicamente el Cerro del Tepeyac. De esta manera, los victorenses, apreciarían el templo desde cualquier punto de la ciudad.

Para motivar que los feligreses respaldaran económicamente la empresa, cada 12 de diciembre se ofrecían misas en áreas aledañas a la construcción, con la asistencia del obispo, Misioneros del Sagrado Corazón y seminaristas. En junio de 1905 días antes de fallecer, Fierro se trasladó caminando desde la catedral a la Loma del Muerto, donde supervisó algunas áreas y platicó con los albañiles, asegurando que la inauguración sería en diciembre. En realidad, transcurrió otro para su apertura.

 

LA INAUGURACIÓN DEL SANTUARIO DE GUADALUPE

El sueño largamente acariciado por la grey católica, terminó la mañana del sábado 12 de diciembre de 1906, cuando la inauguración se convirtió en una importante efeméride para la historia eclesiástica. Desde temprano, se congregaron miles de fieles de la capital tamaulipeca y otras localidades. El presbítero Hilario M. Maestro ofreció un emotivo sermón donde recordó que siete años atrás, La Colina del Muerto estaba poblada de maleza y reptiles, pero ahora convertida en: “…un centro de vida para las almas, es decir en un tabernáculo de Santa María de Guadalupe de aquella que a Juan Diego apareció prometiéndole ser siempre amparo, vida, refugio y esperanza nuestra”.

Lamentó la ausencia de Fierro, principal promotor del templo: “Él con aquella devoción ferviente…bendijo y colocó la primera piedra de este Santuario”. Entre elogios y agradecimientos a quienes colaboraron, mencionó a un anciano ingeniero, noble, humilde, abnegado y buen cristiano quien delineó el terreno y trazó los cimientos. Se refería a Manuel María Canseco, quien acababa de fallecer de tétanos en Monterrey.

Habló sobre la donación del oro y piedras preciosas de una dama de alta sociedad, útiles para liquidar los salarios de los trabajadores que limpiaron el terreno. Agradeció a quienes regalaron utensilios de labranza, dejando sin pan a sus hijos: “Vino después el centavo de los pobres, humedecido con el agua de sus ojos y con el sudor de su frente; y por último abrió el rico sus sacos repletos  de oro, y se mostró generoso y desprendido para cooperar con valiosos donativos a la erección del Santuario”.

Otro de sus impulsores fue Silvestre C. de León, colaborador cercano a los obispos Eduardo Sánchez Camacho, Filemón Fierro y Terán y Jesús Guzmán. Por tradición oral se afirma que era hijo del general José María de Jesús Carbajal, partícipe de la guerra contra la invasión norteamericana, Gobernador de Tamaulipas (1864-1865 y 1866).  Alcanzó la jerarquía de Monseñor en 1923, cuando era párroco de la catedral del Refugio, donde realizó una intensa labor entre la feligresía. Por ejemplo dirigió un coro infantil del cual formó parte Juan Diego Tercero, quien aprendió sus primeras lecciones en un piano abandonado. A pesar de sus méritos, le negaron su consagración de obispo, porque en esa época la iglesia prohibía dicho ascenso a los hijos naturales o nacidos fuera de matrimonio.

La planta arquitectónica abarca mil 35 metros. De estilo neoclásico, es la única iglesia de Victoria con dos torres. Fue construida con piedra, lámina acanalada y madera. Consta de una nave central, dos laterales, un altar mayor, sacristía, atrio y coro donde se instaló un órgano adquirido por Fierro en la Casa Wagner y Levien en 1905. Inicialmente no contaba con barda perimetral ni explanada.

A la entrada existe una placa, donde recuerda que el herrero Pedro Sosa Miranda (1853-1949), fue uno de benefactores del mencionado santuario. A finales del siglo XIX, era propietario de gran parte de los terrenos de la Loma del Muerto. Don Pedro donó diez solares a Sánchez Camacho y cientos de piezas de sillar para levantar las paredes.

El Catálogo de Patrimonio Edificado, menciona que el imponente edificio se encuentra: “…emplazado sobre una prominencia orográfica que le proporciona un gran relieve …desde su posición se domina todo el conjunto urbano de Ciudad Victoria. Carece de un estilo definido pero muchos de sus elementos responden a la factura neoclásica, presente en el gran frontispicio soportado por columnas que bordea su acceso único y principal, mismo que culmina en una gran hornacina, también en forma de frontispicio. Tiene dos sólidas torres simétricas…adornadas por columnas. Su planta arquitectónica es cruciforme, pero carece de cúpula, teniendo una cubierta de lámina, aunque conserva su cielo de madera”.

Al transcurso del tiempo se realizaron obras de infraestructura en el santuario y alrededores. En 1948 se colocó en lo alto un reloj, adquirido con la cooperación de los vecinos de la colonia Mainero. En noviembre de 1954 se realizó la coronación de la Virgen de Guadalupe. En 1956, el gobernador Horacio Terán inauguró dos rampas de acceso que beneficiaron el acceso vehicular a la colonia Pedro Sosa. Por cuenta del gobierno, se dotó de una bomba y motor eléctrico, para asegurar el abastecimiento de agua. En 1992 el gobierno de Américo Villarreal, aportó recursos para la construcción de una escalinata y la instalación de una escultura de bronce policromado de la Virgen, obra de Rosa María Ponzanelli.