Reflexión Dominical

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Antonio González Sánchez

Como sociedad estamos viviendo una realidad muy triste, nos hemos alejado de Dios. Y aquí entramos personas de todas las edades.

La Palabra de Dios escrita en la Biblia que hoy se proclama en la misa dominical es una invitación a acercarnos a Dios. No como concepto teológico, sino como lo que es, una persona. Dios Padre amoroso que ama a la humanidad. Y que es fuente de todo bien.

En la primera lectura de la misa de este domingo tomada del primer libro de los Reyes, 19, 9. 11-13, presenta al profeta Elías que sube al monte Horeb entró a una cueva y permaneció allí. “El Señor le dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”. Elías se queda en el monte y llega un viento huracanado, pero el Señor no estaba ahí. Se produce un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto; vino un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Después se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.

Les invito a reflexionar: es necesario alejarnos a un lugar solitario, sin ruido, para poder sentir la presencia de Dios. Vivimos con demasiado ruido y no podemos escuchar a Dios.

En el texto del Evangelio, tomado del evangelista san Mateo, 14, 22-33; es un texto que sigue inmediatamente al texto del domingo pasado, después de la multiplicación de los panes.

Jesucristo envía a los discípulos delante de Él, como queriendo enseñar que es importante que los creyentes, y las comunidades, y las familias aprendan a caminar delante de Él.

Y algo parecido a la primera lectura: “Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo ahí”.

Jesucristo, el Maestro, enseña que es necesario buscar el silencio para hablar con Dios. Para orar con Dios. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que el creyente aprende a orar contemplando a Jesús orando.

En la segunda parte del texto evangélico se narra que la barca iba ya muy lejos, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. Y a la madrugada vieron a Jesús acercarse a ellos caminando sobre el agua. Ellos se asustaron y Jesús les dijo esa frase que se encuentra muchas veces en la Biblia: “Tranquilícense, y no teman. Soy yo”.

En la vida cotidiana de todo creyente existen muchos problemas que a veces se siente que los agobian; ahorita se está viviendo un problema de salud, es aquí cuando se tiene que escuchar esa Palabra alentadora de Jesús: “No Teman”, pero necesitamos hacer oración, pedirle a Él. Y se tiene que sentir lo que le pasó a San Pedro, cuando sintió miedo: “Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

Se puede orar con las palabras de la oración de la misa: “Dios todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida.”

Que el amor y la paz del buen Padre Dios les acompañe siempre.