Analizando ‘Casi Famosos’

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La música rock y el cine siempre han tenido una buena relación, más si se trata sobre cómo llegar al estrellato y a la fama, con esta cinta en sus 20 años es casi como cualquier otra comedia americana porque trabaja casi sobre los mismos tópicos de un montón de películas hollywoodenses. Sus recursos formales y su tono, entre humorístico, melancólico y romántico, casi no distan de tantos otros filmes del rubro, ni de las anteriores películas de Cameron Crowe, su director.

Sin embargo, “Casi Famosos” tiene un guión sin fisuras, actuaciones parejas y muy convincentes, mejor música, cierta nostalgia que la vuelve atrapante y una trama que explota el recurso autobiográfico para ahondar en el mundo del rock and roll y la crítica musical en la década de los años 70. En la historia, William Miller, que es alter ego de Crowe a los quince años de edad, ama la música desde que su hermana mayor decide partir en busca de nuevas emociones.

Ella le deja su tesoro: la preciada colección de LP’s de The Who, Joni Mitchell, Bob Dylan y Led Zeppelin, entre otros. Discos que para la madre sobreprotectora que ambos tienen, encarnada por una acertadísima Frances McDormand, equivalen a la fruta prohibida del pecado y la promiscuidad mientras que para William, representan la libertad. Así se lo anticipa su hermana antes de alejarse al ritmo de “América”, de Simon and Garfunkel.

A partir de aquí William inicia un viaje transformador. El conflicto se desencadena cuando la revista Rolling Stone le encomienda entrevistar al grupo Stillwater durante su gira en un sueño hecho realidad para este joven que escribe como amateur. Este camino, que es literal pero también interno, le plantea varios desafíos: confirmar su vocación de periodista de rock, desentrañar un dilema moral (la amistad y el placer frente a la responsabilidad y el deber de ser honesto e inclemente), superar la virginidad, enamorarse, madurar. Sin saberlo, William va en busca de su identidad.

“Casi Famosos” no sólo es “sobre” músicos sino que “está hecha” de música. Una materia prima con la que crea climas, expresa emociones, postula ideas sobre los verdaderos fans de los cantantes, mira con nostalgia esos discos que son el “ideal” de la hermana de William y luego el de él, que intentará capturarlos con palabras. Si bien la música cumple con un rol importante dentro de la película, lo de Crowe no llega al regodeo.

 

Las secuencias de los recitales en los conciertos, por ejemplo, sólo son utilizadas para hacer avanzar el relato y mostrar la transformación de William como por ejemplo cuando Penny le quita el lápiz con el que toma apuntes para que se relaje y disfrute. El filme es semi-autobiográfico, ya que Crowe sí escribió para la revista Rolling Stone siendo aun adolescente. La película se basa en las experiencias de viajar con bandas de rock legendarias como Led Zeppelin o Eagles, entre otras.