Don Máximo nos necesita

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Chantal Martínez Díaz.-

El deficiente sistema de salud mental en el estado de Tamaulipas, tanto en la Secretaría de Salud (SST) como en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), es una de las múltiples fallas que nadie atiende.

Derivado de ello, miles de familias viven en el “limbo”, pues día a día luchan contra padecimientos que les inhabilitan y, lo peor del caso, es que no hay para cuándo se restablezca esta atención, que durante la epidemia de covid-19 ha quedado completamente relegada y vive de los peores momentos.

En la SST están suspendidas las consultas, en tanto que en IMSS, por ejemplo, ni siquiera cuentan con un psiquiatra; para poder acceder a esa consulta se canalizan al Hospital General de Ciudad Madero y los derechohabientes solamente cuentan con el pago de pasajes, la alimentación va por su cuenta.

En este día, El Diario de Ciudad Victoria presenta la historia de una mujer que vive con esquizofrenia, que su condición social es humilde y pese a que su marido trabaja como ayudante de albañil, la situación por la que atraviesan es mayor, ya que se hace cargo de su padre, un señor de 102 años que solo espera su muerte.

Vivir con esquizofrenia en tiempos del covid-19 es peligroso y la situación se agrava aún más si estás sumido en pobreza y con la responsabilidad de un familiar dependiente por completo.

Este es el caso de María de Jesús Reyes Becerra, quien vive en Ciudad Victoria, tiene 63 años, de los cuales lleva 20 “padeciendo de los nervios”, como le denomina a su estado de salud mental y, cuatro de ellos desde que fue diagnosticada con esquizofrenia.

María es madre, uno de sus hijos es quien la tiene asegurada en el IMSS, sin embargo por la epidemia y por la misma situación de su salud, no ha podido ir ni a consulta ni a surtir el medicamento que “medio la controla” en los días y noches.

“Soy peligrosa. Mi señor con todo el esfuerzo me tiene a una vecina que me ayuda a cuidarme porque me puedo hacer algo o a mi papá. Soy muy agresiva y no me doy cuenta”, señaló María, quien hace días en lugar de pedir ayuda para ella misma, en la desesperación clamó por apoyo para que pueda tener algo que darle a su padre.

El señor, de nombre Máximo Reyes González, tiene 102 años de edad, está la mayor parte del tiempo postrado en la cama, no tiene dientes y por ello solo come papillas, jugos y usa pañales talla M.

Se requiere para su atención toallitas húmedas, pañales, papillas marca Gerber (es lo que solicita la señora porque son las que come) además de “lo que sea que puedan aportar”, dijo doña María de Jesús.

“Lo único que necesito son bebidas que pueda comer, Gerber, juguitos, el Ensure lo pone alterado por eso no se lo damos. Él no tiene azúcar ni presión alta, lo que lo tiene así es la vejez. Sí da pasitos despacio, le digo que lo haga para que no se allague, le pongo trusa al día y en la noche le pongo el pañal… lo que más necesito es alimento para él”.

La señora quien todos los días requiere del medicamento Clonazepam, cuenta que vive en casa de sus suegros.

“Vivimos arrimados con mis suegros, ellos viven enfrente, mi cuñada arriba, nosotros en un cuarto de lámina y a mi papá lo tenemos en la cocina… con el techo de lámina, apenas soportamos el calor”, refirió.

A esta familia la encuentran en la colonia Veteranos de la Revolución, en la Manzana 1 lote 12 calle Emiliano Zapata, en Ciudad Victoria, Tamaulipas. El teléfono de contacto de la señora es el 834 103 8923.

Respecto de la atención a su salud mental, doña María dice que tiene mucho miedo, pues si va al Seguro Social “me van a matar (de covid-19), no puedo”, señaló.

Hasta ahora, la familia ha logrado sobrevivir con el poco trabajo que le llega al marido, además de la ayuda de sus familiares.

Sus hijos cuando pueden le echan la mano, pero los dos “viven al día” y no tienen mayores posibilidades de apoyarla.

“Cuando ya no podemos y ni tenemos qué comer, le pido a mis familiares que me están ayudando siempre, pero me da pena”.

Esta familia es de Jaumave, Tamaulipas, en el ejido Salamanca, que está a la orilla de la sierra, ya tienen muchos años viviendo aquí, no tiene la precisión de cuántos. Con independencia de ello pide a la comunidad de Victoria y de cualquier lugar que “le echen la mano” para poder afrontar esta situación por la que atraviesan.

 

ESQUIZOFRENIA

De acuerdo con los investigadores Brian González-Pérez, Ricardo Salas Flores, Raúl de León Escobedo, Liliana Aurora Carrillo Aguiar y Alejandra Salas Galarza, la esquizofrenia representa uno de los principales problemas de salud pública en psiquiatría.

Lo anterior debido a que “clínicamente, los pacientes se caracterizan por la presencia de alucinaciones, delirios, desorganización y déficits cognitivos”.

Ello significa que la enfermedad afecta todo, desde la capacidad productiva y de estudiar, y deteriorar las relaciones sociales, implica una alta carga económica, lo cual ocasiona que se le relacione frecuentemente con pobreza e indigencia.

Explican en el documento “Costo de la atención ambulatoria para esquizofrenia en Medicina Familiar” que aun cuando la incidencia no es tan alta, la esquizofrenia es una de las primeras diez causas generadoras de discapacidad.

Se trata de una enfermedad mental, a menudo crónica, que impone una gran carga sobre el individuo y la sociedad.

Para tratarla, se requiere de una terapia prolongada y en el caso de incumplimiento a las sesiones, aumenta el riesgo de sufrir recaídas, suicidios, heridas graves autoinfligidas, presencia de agresividad, lo cual incrementa la demanda de atención psiquiátrica y de hospitalizaciones ambulatorias.

En la literatura se describen las asociaciones entre el desempleo, el bajo nivel de ocupación y el bajo nivel de ingresos con los trastornos mentales, refieren.

Uno de los aspectos importantes que destaca la investigación, es que la mayoría de los afectados cuentan con un bajo nivel de escolaridad y no trabajan.