Los obreros en las fábricas

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Ambrocio López Gutiérrez

Un folklórico representante de la vieja clase política tamaulipeca priista respondía a las críticas radicales de sus opositores diciendo: el país está en calma, los políticos están gobernando, los obreros trabajan en las fábricas, los campesinos sudan en el surco, los niños y los jóvenes estudian en las escuelas y los reporteros se reúnen en los cafés y en los bares. Era una forma vernácula de explicar la tranquilidad de la República, a pesar de las manifestaciones, la toma de tierras, la represión contra los estudiantes, el control de los medios y otros graves problemas que agobiaban al país. En las cuatro décadas de neoliberalismo se minimizaban los conflictos, no había redes sociales, la gran prensa reproducía la verdad oficial, el PRI ganaba la presidencia, las gubernaturas, la mayoría de las senadurías y las diputaciones federales: a la minúscula oposición le dejaban algunos ayuntamientos y algunas curules locales o federales, para que siguieran participando y avalando al “partido de las mayorías”.

El tricolor perdió la presidencia en el 2000 y el PAN gobernó hasta 2012; luego el PRI regresó y ejerció el poder hasta el 2018, cuando ganó las elecciones

en forma aplastante el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuya bandera principal fue la lucha contra la corrupción. Algunos no lo tomaron el serio y su primer Secretario de Hacienda, un profesor del Tecnológico de Monterrey cuyo nombre no recuerdo, se tuvo que ir cuando se dio cuenta de que se acabarían los privilegios para sus compañeros de clase y, como buen resentido, ahora publica encendidos artículos vaticinando el fracaso del Gobierno federal. Pero no fue el único que creyó que la Cuarta Transformación era solo un discurso, hubo otros y hay un representante de la COPARMEX que, añorando sus viejos fueros, ataca todas las iniciativas del nuevo régimen. La expresión más acabada de la oposición es el minúsculo FRENAA, frente de coyuntura que realiza deslucidas manifestaciones para pedir la renuncia de AMLO.

A pesar de los enemigos de la nueva realidad, incluyendo a un reducido grupo de gobernadores mesiánicos que se conducen como dictadores de opereta, como hacendados porfiristas (separatistas de clóset les dicen algunos), la nueva administración federal ha emprendido la construcción de una refinería en Dos Bocas, Tabasco; el “Tren Maya”, que conectará zonas arqueológicas y turísticas de Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía, Estado de México, la terminación de decenas de hospitales, que dejaron inconclusos los priistas y panistas que preferían sus lujos personales antes que atender la salud de la gente más necesitada. Con algunos de los grandes medios (Reforma, El Universal y otros) que todos los días le cuestionan,

el Presidente de la República se da el lujo de informar de sus actividades todas las mañanas, enfureciendo a los grandes opinadores (Ciro Gómez Leyva, Sergio Sarmiento, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda y otros) cuyo veneno cotidiano ha sido inútil contra el tabasqueño, quien parece estar vacunado contra la insidia, la calumnia y la diatriba.

En la actual administración federal se capturó en el extranjero a Emilio Lozoya Austin, quien ahora es testigo colaborador de la Fiscalía de la República y tiene en jaque a personajes de la gestión de Enrique Peña Nieto. Otra presa famosa es la economista Rosario Robles Berlanga, titular de SEDESOL y SEDATU en el sexenio pasado, quien se promueve como perseguida política, además afirma que se le encarceló por ser mujer, sin embargo, hasta el momento no hay organizaciones feministas que respalden sus dichos. En los Estados Unidos espera juicio Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública en la presidencia del panista Felipe Calderón Hinojosa. También en el país del norte están detenidos los exgobernadores Tomás Yarrington Ruvalcaba (de Tamaulipas) y César Duarte Jácques (de Chihuahua).

Pese a las obras en marcha, en el respeto cotidiano a las libertades públicas, al manejo decente de una de las grandes pandemias de la historia, los conservadores siguen una protesta permanente, pero sin futuro, porque la mayoría de la población ha comprendido que quienes están molestos con el nuevo régimen son quienes se dedican a la acumulación primitiva de capital (ganancias rápidas, saqueo del erario, adicción a la compra de ranchos y

otros vicios). La manifestación más descarada de los panistas fue cuando sus diputados y senadores votaron en contra de las pensiones para discapacitados y para adultos mayores. Será muy complicado ir a pedir el voto de los ciudadanos cuando el PAN se ha opuesto desde las más altas tribunas parlamentarias a los apoyos gubernamentales para los más débiles. La salida de la CONAGO de un grupito de gobernadores protagónicos, las ridículas marchas del FRENAA, la violenta protesta de los “dueños del agua” en Chihuahua, la oposición al aeropuerto de Santa Lucía, el boicot al “Tren Maya” y a la refinería de Tabasco son parte de la misma lucha de las clases privilegiadas: el deseo ferviente de que vuelva el régimen de los contratos, de las proveedurías, del nepotismo, de la corrupción. Por lo pronto, AMLO y sus aliados siguen gobernando, los obreros en las fábricas, los campesinos en el surco…

 

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