¿Un tercero entre Mario y Porfirio?

0
104
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Fernando Acuña Piñeiro.-

Por lo que se va perfilando, en el tema de la próxima dirigencia nacional de MORENA se ve ya con mayor claridad que Mario Delgado no trae el apoyo decisivo del presidente Andrés Manuel López Obrador. El desgaste y el golpeteo a que está siendo sometido el embajador ebradorista en la lucha interna arroja luz suficiente para el análisis. Y fortalece la duda.

Por cierto, llamó la atención que durante el registro de Mario Delgado como candidato a la dirigencia nacional de Morena, se hiciera acompañar del exsubsecretario Ricardo Peralta, quien recientemente salió de la 4T por órdenes directas del Presidente AMLO.

Mucho ojo, porque en la disputa de la dirigencia nacional de Morena, y en medio de los influyentes y los dinosaurios (llámense Mario y Porfirio), aparece ranqueado con un excelente nivel de posicionamiento, Gibrán Ramírez Reyes, el más joven de los aspirantes, pues cuenta apenas con treinta años de edad. Y trae un discurso anticorrientes internas, y antitribus. A Gibrán, sus adversarios lo acusan de que su padre Rodolfo Ramírez Raymundo fue asesor de la SEP en los tiempos salinistas, junto a la llamada izquierda del neoliberalismo, representada por personajes como Adolfo Orive y Arturo Warman, entre otros. Pero dicho argumento, aunque es de mucho peso, se diluye con la presencia de Manuel Bartlett en la 4T.

Gibrán es doctor en ciencia política por la UNAM y el Colegio de México. Según él mismo se describe, este chavo, según parece, es el que está proponiendo los planteamientos más lúcidos, es hijo de maestros. Gibrán trae un imponente tren de participación mediática en foros de gran cobertura, como Milenio y Foro TV, también participa en Canal Once.

Hace dos semanas, Gibrán Ramírez dijo que los dirigentes tradicionales han provocado la parálisis de Morena. También ha dicho que, actualmente, las cúpulas morenistas están mirando solo hacia adentro, protegiendo sus intereses, pero que es necesario un partido fuerte, para acompañar en la tarea de gobierno al Presidente AMLO.

“Está bien que el Presidente se mantenga lejos de Morena, pero Morena no puede mantenerse lejos del Presidente”, sostuvo. Lo cierto es que el ascenso de Gibrán en sus aspiraciones por la dirigencia nacional morenista se puede calificar como impresionante. Se sabe que ya está en un empate técnico con Muñoz Ledo, y ya le pisa los talones a Mario Delgado.

¿Será esta la carta bajo la manga que se perfila como tercero en discordia, para lograr la unidad del morenismo nacional?

Por lo pronto, empresas encuestadoras, como Arias Consultores, ya colocan al benjamín de MORENA como el que lleva el primer lugar en las preferencias para dirigir este partido. Gibrán aparece, no como el más conocido, pero sí como el que mayor número de opiniones positivas tiene, por encima de Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo.

Como le digo, llama mucho la atención que Gibrán aparezca de pronto, peleándole la dirigencia a los dinosaurios y apadrinados.

Mientras tanto, lo que constituye la llamada segunda encuesta de reconocimiento ya arrancó justo este 16 de septiembre, y terminará el 22 de este mismo mes. Del 26 de septiembre al dos de octubre (no se olvida) será la encuesta definitiva.

Pero como le decía en el inicio de esta columna, a Mario Delgado ya se le complicó el asunto.

El escenario político parece estar puesto para quienes se perfilan como los dos finalistas naturales: Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez, dos politólogos sin experiencia en el terreno de las urnas, pero ubicados como los dos referentes más importantes en materia de ciencia política, en nuestro país. Entre ellos existe una lucha, más que ideológica, de carácter generacional.

Lo que está en juego en el 2021 no es poca cosa. Se está apostando por la permanencia del proyecto lopezobradorista, o bien el principio del fin, al cual le apuestan sus adversarios.

Juventud como la de Gibrán..? O experiencia como la de Muñoz Ledo? El México que votará en 2021 es eminentemente joven.

Habrá que ver el desenlace.