Bajo advertencia no hay engaño

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

“Los funcionarios no saben lo que uno se chinga para producir una tonelada de sorgo. Por eso se la pasan recortando subsidios, porque no tienen ni la mínima idea de lo que se vive en el campo”, dice, con coraje, Rogelio Ortiz Moreno, presidente de la organización “Campesinos Unidos de San Fernando”.

Ortiz es uno de los miles de productores agrícolas de Tamaulipas que llevan más de un año y medio en confrontación continua con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en defensa del presupuesto para el campo.

Durante todo ese tiempo han “tomado” oficinas de Gobierno y bloqueado carreteras y puentes internacionales. Nada les ha funcionado hasta el momento, porque López Obrador y sus secretarios, de Agricultura y Hacienda, siguen sordos ante sus reclamos. Simplemente no los ven y no los oyen.

“Están llenos de soberbia. No se prestan al diálogo. Le siguen regateando los subsidios al campo y así no hay muchas esperanzas de que salgamos adelante”, señala, a su vez, Agustín Hernández Cardona, presidente de la Unión Agrícola Regional del Norte de Tamaulipas (UARN), la organización de productores más importante de la entidad.

Hernández advierte que el campo está al borde del colapso por las decisiones equivocadas y absurdas que se están tomando desde el escritorio en la Ciudad de México.

Usa como referencia el tema del cultivo del sorgo: producir una tonelada del grano cuesta más de tres mil pesos, pero el precio en el mercado es de apenas poco más de dos mil 900 pesos. Por eso la exigencia al Gobierno de un precio de garantía de tres mil 735 pesos.

“Pero no quieren autorizar el precio base. Dicen que el sorgo no es producto básico como el maíz y el frijol”, explicó.

Debido a esa cerrazón del gobierno lopezobradorista, podrían dejarse de sembrar más de 700 mil hectáreas en Tamaulipas. Será un colapso brutal para la economía de los municipios del norte del país y dejará sin fuente de ingreso a miles de familias.

Pero no solo son los agricultores los que padecen el abandono del Gobierno. Igual están los ganaderos y pescadores. Prácticamente les quitaron todos los apoyos.

Por todo ello es entendible el enojo, la frustración y desesperación, que invade a las familias del campo. Hay también decepción porque un gran sector de la población rural votó por López Obrador, creyendo en su ofrecimiento de campaña de que salvaría al campo.

“Puras pin…mentiras. Ahora sabemos que estábamos mejor antes”, dice enfurecido Ortiz Moreno.

Bajo ese escenario, el campo tamaulipeco no aguanta más. La desesperación, al ver cómo pierden su fuente de empleo, está empujando a las familias a salir a defender su patrimonio.

“Si el Gobierno no nos escucha vamos a hacer que voltee a vernos. Si hay que tomar de nuevo carreteras y puentes, lo vamos a hacer”, advierte Raúl García Vallejo, dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Tamaulipas.

El episodio de violencia en la presa de “La Boquilla” en Chihuahua, donde miles de agricultores enfrentaron a la Guardia Nacional (GN), podría ser nada frente a lo que puede detonar en Tamaulipas. Allá defendían el agua, aquí la defensa será por todo el campo y por la principal fuente de ingresos de casi cien mil familias.

Bajo advertencia no hay engaño. Que quede constancia de ello.

 

EL RESTO

¿QUÉ LE PASA? La semana anterior, la secretaria de Salud, Gloria Molina Gamboa, salió a la conferencia de prensa del gobernador, Francisco García Cabeza de Vaca, usando un cubreboca de caricatura.

Más allá de que el hecho contrasta con la investidura del cargo, Molina manda un mal mensaje a la sociedad, porque pareciera que toma a chunga su tarea como responsable de coordinar los esfuerzos para contener la pandemia del covid-19, que ha cobrado miles de víctimas.

¿Qué le pasa a doña Gloria?

Así andan las cosas.

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