2021: El enigma de las redes sociales

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Fernando Acuña Piñeiro.-

En Tamaulipas una evaluación a fondo, o el más ligero sondeo, arroja como resultado que las redes sociales hace tiempo que se divorciaron del panismo-cabecismo. Las reacciones anti vientos de cambio se hacen visibles de inmediato.

Pero exactamente lo mismo ocurrió, en la antesala del 2019, con una sociedad irritada que solía advertir sobre la hora de las urnas, y con su voto de castigo para la actual administración estatal panista. Y mire usted lo que son las cosas: llegado el momento, ni un alma resentida salió de su casa. Todas esas voces airadas que amenazaban y que atacaban de manera virulenta al cabecismo desaparecieron del escenario como por arte de magia.

En su lugar las urnas del 2019 solo registraron la puntual y leal votación de la estructura panista, que ya para ese entonces se había organizado en grupos de amigas y de comadres en las colonias, mismas que habían sido beneficiadas con su respectiva despensa cada quincena. Y que estaban como navajita, listas para operar.

El resultado fue una debacle política del morenismo, una catástrofe que evidenció como el cabecismo sabe operar en territorio, y demostrar que la política no es cuestión de desahogos, ni de pleitos o de ataques en Internet. La política como el futbol, o cualquier otro deporte, es de resultados concretos. Determinado equipo puede jugar como nunca y perder como siempre.

En un solo día el adversario político que durante meses estuvo siendo sometido a una guerra de desgaste, si no le amarran las manos, y lo dejan operar les gana la partida.

En Tamaulipas, ya vimos que, el PAN tiene estructura, y la sabe usar. MORENA carece de estructura, no se ve por ninguna parte. Sus grupos están peleados por proyectos locales de poder, y lucen enfrascados por la candidatura a la presidencia del 2024. Todo esto no sucede en el PAN donde sus gobernadores están concentrados en el 2021, y afilando sus estrategias y el control de su voto duro. Es cierto: el PAN cuenta solamente con el treinta por ciento de los votos cautivos. Pero son seguros.

MORENA en cambio le apuesta al hartazgo y a la figura del Presidente. Pero no se ve que haya un voto morenista estructurado y firme. O sea, ese setenta por ciento del voto restante, no se puede decir que sea de MORENA. Igual pueden salir a votar, o bien, como sucedió el año pasado, quedarse en casa.

¿Cómo podemos explicar todo esto? Uno de los factores es que MORENA sigue sin constituirse en un partido, y solo es un movimiento social, una percepción colectiva, que evidencia inestabilidad derivada de la pugna entre sus tribus y caudillos.

 

ESTILOS DIFERENTES

Tanto AMLO como Cabeza ganaron en 2016 y en 2018, gracias al empuje de las redes sociales. Fueron dos casos emblemáticos, que ya no necesitaron de los tradicionales mecanismos mediáticos de poder, para arrasar y acabar con su oponente: el PRI.

Pero, ya establecidos en la silla, tamaulipeca y presidencial, las estrategias para mantenerse en el poder, han sido diferentes. Cabeza mantiene en un puño al PAN. Los dirigentes estatales del partido azul, han salido de la primera esquina de Palacio, eso todos lo sabemos. El dedazo cabecista, no ha sido diferente al de los gobiernos priistas.

AMLO en cambio ha dejado suelto a MORENA ocasionando que dicha organización se convierta en un nido de pasiones y de ambiciones. En teoría podríamos decir que López Obrador practica la democracia, o al menos busca disimular su influencia como caudillo. Pero, en la realidad, está cometiendo un grave error pues no se puede dejar a su suerte al partido en el poder.

Esto no sucede ni en Europa, con sus democracias avanzadas, ni mucho menos en China o en Rusia, con liderazgos políticos muy fuertes que tienen un control absoluto sobre el partido en el gobierno.

Aquí AMLO le quiere jugar al demócrata, diciendo que él no interviene en MORENA, cuando todos sabemos que, si él, (AMLO), no hubiese propuesto el tema de la encuesta controlada, Mario Delgado no tendría ninguna posibilidad. O sea, vaya, a quien se busca engañar.