Gobernadores reaccionan 40 años después

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Ma. Teresa Medina Marroquín.-

A estas alturas de la guerra del 2021, iniciada mucho antes que las autoridades electorales dieran la voz de arranque, se vuelve imposible ocultarle algo al pueblo.

Es decir, quiénes son los buenos y quiénes son los  malos, y cuántos de estos es urgente sacar del poder para confinarlos en prisión.

Para empezar, el Presidente de la República y los gobernadores de los estados, siendo (en teoría) los políticos más poderosos del país, ya saben cómo les irá en las urnas el próximo seis de junio.

Saben, además de los dirigentes de los partidos políticos, quiénes de sus correligionarios ya han sido dados por muertos ahora que inicien los actos proselitistas por todo el país.

Y es que hay individuos que no deberían ser considerados para regresar a la escena política-electoral, pues de muchas formas han auspiciado una enorme red de corrupción, o a lo menos participado.

El fenómeno se observa en todos los institutos políticos que han arropado en sus filas a personajes oscuros y siniestros que no entienden otro idioma, que el de engrosar sus propias finanzas personales.

Si eso no fuera así, no habría por ejemplo en Morena la pugna entre Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo, además de la grilla que trae el propio presidente interino Alfonso Ramírez Cuéllar.

Ha sido tanto el circo de los morenistas, que hasta el propio Andrés Manuel López Obrador se ha visto tentado a separarse definitivamente de este partido, cuyos dirigentes formales y de facto no solo son transgénicos a conveniencia, sino que observan y tratan al pueblo precarista como a una masa desorientada, imposibilitada para saber lo que necesita.

Un pueblo que evidentemente no es así, porque el hartazgo le ha enseñado a discernir quiénes son los “líderes políticos” que aspiran a representarlo e incluso a tenerlo bajo su tutela.

 

EL RESTO DE LOS PARTIDOS TAMPOCO SE SALVA

Por su parte, todos los demás partidos políticos pareciera que no se saben otra tonada más que írsele a la yugular a sus adversarios de Morena y a su Gobierno federal.

Para todas estas organizaciones todo lo que ocurre en los estados que gobiernan no es tan grave, salvo que provenga de Morena. Un discurso que naturalmente está muy lejos de la realidad, pues a estas alturas es difícil encontrar a inocentes.

Si hacemos memoria, la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), fundada en 2002 por el PRI y el PRD, nunca tuvo el valor patriótico de reclamarle al Poder Ejecutivo Federal una renovación al Pacto Fiscal.

Y todo indica que siguen en las mismas, con la salvedad de la lucha que ahora enarbola la Alianza Federalista que a través de sus diez mandatarios que la integran advierten que impugnarán ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación la extinción de los fideicomisos que realizó el Gobierno FEDERAL, con el apoyo (obviamente) de la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados.

Pero, ¿por qué muchos de estos gobiernos, sobre todo de la Conago, nunca se habían pronunciado en semejante forma? ¿Por qué ahora Conago espera que la Alianza Federalista gestione y resuelva el grave problema de inequidad fiscal?

Respuesta: muchos de estos estados tuvieron en su momento a presidentes de la República emanados del PAN y el PRI. Y ahí, sobre todo en el PRI, había que disciplinarse o los hacían perros del mal desde Gobernación.

 

UN SISTEMA FISCAL OBSOLETO E INJUSTO

Lo que intentan modificar gobernadores como Javier Corral, Enrique Alfaro, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” y Francisco García Cabeza de Vaca, es la Ley de Coordinación Fiscal promulgada hace 40 años, en 1980.

Es una completa estupidez o un terrible abuso que esta ley, que regula los ingresos federales y las participaciones a los estados y municipios, no haya tenido cambios sustanciales a la par con los avances democráticos del país. Una injusticia que le otorga al Ejecutivo federal un poder exagerado sobre los estados, como el que ahora se quieren quitar de encima.

¡Feliz miércoles!

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