Réquiem a los fideicomisos

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Marco A. Ramírez.- 

Sobre aviso no hay engaño, desde el 2019 el Gobierno federal ya había sentenciado que el asunto de los fideicomisos tenía que revisarse, para ser consistente y alineado con la austeridad republicana. Fue la primera llamada y como que a nadie le cayó el veinte.

El dos de abril de este año 2020 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el “Decreto por el que se ordena la extinción o terminación de los fideicomisos públicos, mandatos públicos y análogos” sellado con el escudo nacional y firmado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. En el documento, con siete artículos, se solicita la disolución inmediata de todos los fideicomisos públicos sin estructura orgánica y que el dinero en dichos fondos debe regresar a la Secretaría de Hacienda a más tardar el 15 de abril. En el artículo cinco se establecen como excluidos del decreto “aquellos fideicomisos constituidos por mandato de ley o Decreto Legislativo cuya extinción o terminación requiera de reformas constitucionales o legales, los instrumentos jurídicos que sirvan como mecanismos de deuda pública o que tengan como fin atender emergencias en materia de salud o cumplir con obligaciones laborales o de pensiones”. Se calcula que en esta “cepillada” el Gobierno federal podría haber recuperado 740 mil millones de pesos. Fue la segunda llamada y la oposición nada más hurgándose la nariz.

En mayo, la diputada morenista Dolores Padierna presentó una propuesta para extinguir los fideicomisos excluidos en el decreto presidencial. La iniciativa fue aprobada el 28 de septiembre en la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública y el pasado martes seis de octubre se puso a votación en el pleno, donde se votó la extinción de 109 fondos y fideicomisos con 242 votos a favor, 178 en contra y siete abstenciones. Tercera llamada, ya fue demasiado tarde. En esta nueva cepillada estilo “raya en medio”, se estima que el Gobierno federal podría estar recuperando 50 mil millones de pesos.

Y es entonces y solo hasta entonces que la oposición empieza a hacer sus panchos y las redes sociales se llenan de especialistas en administración de recursos públicos, señalando que es un error dejar a la deriva todos los proyectos y programas que se sostenían a través de estos instrumentos financieros. La realidad es que la extinción de los fondos va a propiciar una reevaluación y ahora los administradores de dichos proyectos y programas tienen que justificar con papelito en mano la necesidad del recurso y someterse a los criterios estandarizados de operación, evaluación, auditoría y rendición de cuentas que establece la Secretaría de Hacienda. ¿A quién no le parece eso?

De nuevo y otra vez, la oposición sigue sin saber cómo ser oposición. La idea de golpear al Gobierno con la difusión masiva de noticias falsas no les está alcanzando ni los está posicionando favorablemente para las elecciones del próximo año; están tan fragmentados, consternados y apentontados que no la vieron venir desde el año pasado; ahí era cuando decir “esto no suena bien, vamos viendo cómo negociamos este bísne.”

Han empezado a salir a la luz algunos fideicomisos que por lo absurdo dan risa. El de Carstens para su comida, el de la remodelación de las casas de los magistrados de la SCJN, así como el de sus pensiones “suplementarias”, la Universidad Iberoamericana recibiendo partidas desde el Conacyt que también le otorgó recursos a un Chef con buenos “conectes” y que es dueño de varios restaurantes. De esto también se puede aplicar el “¿cuántos niños con cáncer podrían salvarse si no se robaran, perdón, si ese dinero fuera canalizado a garantizar el abasto de medicamentos?”. Es pregunta.

En un escenario imaginario, la extinción de los fideicomisos termina con los sueños de riqueza de muchos vividores y abusadores a quienes les han matado a su gallina de los huevos de oro. En represalia, se organizan para ejecutar campañas de desprestigio contra el Gobierno federal, pero no contaban con que la Unidad de Inteligencia Financiera ya les tiene echado el ojo. Muchos caerán.

Desde su etimología, los fideicomisos estaban destinados a no funcionar o corromperse en México. Del latín “fides” que significa fe o confianza y “commissus” que significa comisión o encargo, fe o confianza en la comisión o encargo. Con todo lo que se ha visto que sucede en este país, con un sistema judicial invadido por la impunidad, es fácil perder la fe en la gente, así que, mientras se transita por el proceso de recuperación, los fideicomisos se van y todo se centraliza en la Secretaría de Hacienda. No se extingue el apoyo del Gobierno federal, solo se elimina a un innecesario intermediario. Descansen en paz, así sea.

Se dijo primero aquí. En una semana, otro escenario.

Avui no és demá.

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