EL MENSAJE EN LA BOTELLA

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El Contador Tárrega

Este fin de semana pasado disfruté de un hermoso evento: la boda de mi hijo Manuel Alejandro con una linda jovencita, Natalia Guerrero, quien ahora ha pasado a formar parte de nuestra familia, así como Manuel ha pasado a formar parte de la suya.

El evento fue hermoso de principio a fin. Desde que salió mi hijo acompañado de los pequeños sobrinitos de Natalia para dirigirse a esperar a su futura esposa en el lugar en el que se realizaría la ceremonia, hasta que terminó la fiesta y todos sus familiares y amigos despedimos a los novios con luces de bengala. La fiesta, animadísima, y precedida por música de mariachi y bailables de Jalisco interpretados por el papá de la novia, su esposa y otros amigos de la familia. Ver el Jarabe Tapatío bailado en aquel lejano lugar, cerca de las Montañas Rocallosas de los Estados Unidos, provocó en mí una emoción muy especial.

Los novios me honraron pidiéndome que hiciera el brindis, cosa que me costó horrores, pues el sentimiento me ganaba y realmente sufrí las de Caín para poder controlarme y poder hablar fluidamente.

Dos momentos quedaron especialmente grabados en mi corazón. El primero de ellos, cuando mi esposa hizo el recorrido del brazo de nuestro hijo para llevarlo al lugar de la ceremonia. Con dolor en cada paso que daba por situaciones de salud que atraviesa, pero con una sonrisa radiante y hermosa que parecía decirle a la enfermedad; “ni creas que me vas a robar la dicha y el gozo de este momento”. El segundo, cuando la pareja inició su primer baile ya como esposos. Hace algunos meses, mi hijo me mandó una canción y me pidió que la escuchara, que estaba bonita. Era una canción de Maluma, del cual no soy muy devoto, llamada ADMV (Amor de mi vida). En aquel momento la escuché, la verdad, sin prestarle mucha atención, más que nada, para darle gusto a mi hijo. Pero al iniciar el baile y darme cuenta de que esa era la canción que él había escogido para ese momento especial, le presté más atención y me di cuenta de que partes de la letra son una verdadera poesía. “Cuando nos falle la memoria y solo queden las fotografías, que se me olvide todo, menos que tú eres mía. Cuando lo único que pese sea lo que hicimos en vida, y aunque nada de esto pase, eres el amor de mi vida”.

Hijito: nunca pierdas ese sentimiento. Haz que tu esposa sea siempre para ti, el ADMV.

Antes de tu matrimonio te compartí algunos consejos. Me gustaría ahora agregar algunos más para que logres que esa visión de la canción se convierta en una hermosa realidad.

1.- El éxito en el matrimonio consiste en enamorarse varias veces, siempre de la misma persona. Amar a alguien, hijo, es una decisión personal, no algo (como a veces se nos quiere hacer creer en las novelas o películas) sobre lo que no tenemos ningún control.

2.- Un buen matrimonio es como una hoguera de campamento: ambos se enfrían si no se les atiende. Para esto, los pequeños detalles son un combustible excelente para mantener ardiendo esa hoguera. Mandar una flor, una tarjeta, salir juntos a pasear. Si no hay mucho dinero, al menos salir a caminar tomados de la mano.

3.- Nunca se griten el uno al otro, a menos que la casa se esté quemando. Posiblemente habrás leído esa reflexión que dice que los enamorados se hablan en susurros porque sus corazones están muy cerca, y los gritos surgen cuando los corazones se han alejado.

4.- Antes del matrimonio hay que tener los ojos bien abiertos, y después, hay que tenerlos medio cerrados. Aquí sí se requiere que su visión NO sea 20/20. Sean “miopes” para ver los defectos del uno y el otro.

5.- El amor no es amor hasta que lo entregas. Este concepto lo aprendí de una canción que dice: “Una campana no es campana hasta que la tocas; una canción no es canción hasta que la cantas; así, el amor no fue puesto en tu corazón para quedarse ahí; el amor no es amor hasta que lo entregas”. Exprésense su amor de todas las maneras posibles que sean capaces de encontrar.

Por último, tres consejos en uno: Sueñen juntos, rían juntos, oren juntos. Dejen volar sus sueños, disfruten la vida juntos, tómense de la mano y pidan a Dios que les bendiga y fortalezca su matrimonio.

Manuel, Natalia: La felicidad en el matrimonio se construye cada día, con cada acción que realizamos, con cada palabra que sale de nuestra boca. Les deseo, desde el fondo de mi corazón, que tengan la sabiduría y la fuerza para que, sin importar cuántos años pasen, siempre puedan ser el ADMV, el uno para el otro.

Con cariño, papá (y suegro).

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