REFLEXIÓN DOMINCAL

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Antonio González Sánchez

Es indudable que la Palabra de Dios escrita en la Biblia, que se proclama cada semana en la misa dominical, es un alimento, una orientación y una reflexión para el creyente.

Este domingo se puede decir a quién debemos servir: a Dios o a los hombres.

En la primera lectura tomada del libro del profeta Isaías, 45, 1. 4-6, Dios se vale de un rey no judío, Ciro, para realizar sus planes, porque Dios saca bienes de males. “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”.

Y San Pablo en la segunda lectura tomada de la carta a los Tesalonicenses, 1, 1-5, dice: “En todo momento damos gracias por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor”.

Y frente a esta doble invitación a renovar la fe en el Dios verdadero se presenta el texto evangélico, presentado por San Mateo: 22, 15-21, en donde el evangelista presenta a los fariseos buscando la manera de hacer caer a Jesús, y, por decirlo así, lo tientan para ver si cae. No hay que olvidar que Diablo quiere decir “El Tentador”, y la pregunta que le hacen es: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con la verdad el camino de Dios y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?

Es interesante contemplar a Jesús como un hombre totalmente libre que no se deja atar por las alabanzas; ni tampoco por el miedo que puede generar la reacción de la gente.

Ya lo dije, se le tiende una trampa a Jesús: Jesús solicita la moneda donde está grabada la efigie del César, por lo cual se reconoce la soberanía del César. Y Jesús responde “al César lo que es del César”.

Pero es más interesante la segunda parte de la respuesta de Jesús: “A Dios lo que es de Dios”. Que esto viene a confirmar lo que ya dijo la primera, y la segunda lectura. Jesús distingue claramente quién es Dios, e invita a cumplir con los compromisos sociales siempre y cuando no vayan en contra de la enseñanza de Dios. Esto presupone una conciencia del creyente madura, iluminada por la fe y animada por la caridad.

Que el buen Padre Dios conceda a todos los creyentes la claridad para saber poner a Dios en primer lugar en todas sus actividades. Conscientes que cuando se aporta algo para mejorar la sociedad, se está sirviendo a Dios y cumpliendo su voluntad.

Que el buen Padre Dios les conceda su paz, amor y alegría.