Investigación y reflexión sobre algunos elementos de la educación

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(Segunda parte)

Héctor  F. Saldivar Garza

En la emisión anterior escribimos acerca de dos elementos que generalmente se citan cuando se habla sobre educación, y fueron los siguientes: conocimientos y actitudes. En esta ocasión nos abocaremos a las aptitudes, habilidades y valores.

Respecto a la aptitud, sabemos que es la “capacidad para desempeñar un trabajo u ocupar un puesto”. Es una manifestación natural de las personas y puede ser medida a través de un test. El conocer las aptitudes que posee, facilita a la persona, por ejemplo, decidir sobre el tipo de profesión que más le acomode; de ahí que el profesor debe estar atento a las necesidades del estudiante, para orientarlo debidamente en torno a su decisión vocacional cuando exista duda en él o solicite su apoyo. En caso de que el profesor considere carecer de los elementos suficientes para emitir un adecuado consejo, debe orientarlo hacia un profesional especializado para que le brinde la atención requerida, apelando a medios científicos.

No tengo un conocimiento preciso sobre las aptitudes que los alumnos muestran a su ingreso a la universidad, pero en casos esporádicos me ha correspondido escuchar comentarios de algunos, lamentándose de no haber elegido correctamente la carrera profesional en la que se encuentran inscritos, porque no se sienten aptos o no es de su completo agrado desarrollar en esa área. Por supuesto que, cuando así ha sucedido, los he remitido ante la autoridad competente para que procedan a apoyarlos, ya que estoy plenamente convencido que los profesores que enseñan a jóvenes aptos para los estudios que están realizando, o bien que les resultan muy de su agrado, permite incrementar sustancialmente las posibilidades de culminar un curso o una profesión con mayor opción de destacar.

Finalmente, sobre este punto deseo aclarar que también les informo a los estudiantes sobre las posibilidades de empleo en las diversas áreas de estudio. Les reitero que lo ideal al momento de elegir una profesión es combinar adecuadamente aptitudes con posibilidades del medio para desarrollarlas; ya que existen espacios donde prácticamente están ausentes las ofertas de empleo. Existe también la alternativa de incorporarse en alguna actividad productiva instalando un negocio, asunto que la Universidad está promoviendo mediante el programa Emprendedores; sobre el cual, hasta este momento, no tenemos datos que nos indiquen los productos que ha logrado.

En cuanto al término habilidad, es definida como “cualidad de hábil”, “maestría o disposición para hacer algo”. Generalmente, cuando se habla de habilidades nos referimos a desplazamientos extraordinarios de algunos de los órganos del cuerpo. Por ejemplo, hablamos de habilidades para la computadora o para el futbol.

Esta cualidad suele ser altamente notoria, de tal forma que la persona por sí misma puede detectarla, o en su defecto los demás que lo observan generalmente se lo hacen saber por las evidencias manifiestas, sobre todo si lo muestras continuamente a través de la vida.

En la Universidad, el manejo de las tecnologías de la información y comunicación así como los idiomas y las habilidades sociales se suelen considerar habilidades importantes a desarrollar. En lo referente a los idiomas, el inglés se incluyó en la currícula de todas las carreras; solo con el transcurso del tiempo sabremos si aprenden lo necesario o únicamente se les está ofreciendo un barniz de lo que corresponde para un desempeño adecuado en el campo laboral. Por cierto, respecto a lenguas extranjeras fundamentales para los futuros profesionistas, sería conveniente que la Universidad realizara un estudio para detectar que otras opciones es prudente implementar, ya que otras naciones están avanzando rápidamente, y sus empresas muy pronto invadirán el comercio internacional, y muy probablemente requerirán profesionistas que dominen los idiomas que practican.

Sobre el empleo de las tecnologías, los jóvenes manifiestan casi en su totalidad un gran apego, demostrando gran habilidad para su aprendizaje; y en lo referente a las habilidades sociales, que son aquellas que nos permiten interrelacionar con los demás con cierta facilidad, lo consideramos un punto donde se requiere trabajar enérgicamente para solventarlo, ya que un gran porcentaje de los estudiantes de los grupos que me corresponden curso tras curso, llegan a la Universidad con un escaso equipaje emocional para interrelacionar adecuadamente, por lo menos con los profesores. Entre las razones evidentes que podemos apreciar como causantes de esta carencia citamos al nivel socioeconómico de origen, que suele generar inseguridad; lo que se manifiesta mediante el apartarse de los demás y hablar solo lo indispensable.

El último elemento que he clasificado son los valores. Este término no es fácilmente definible, porque en torno a él se pueden manejar una serie de enfoques. Sin embargo, los valores tienen relación con la “significación o importancia de algo”. Cuando hablamos de cosas decimos que un valor es: “cualidad de las cosas por las que estas son deseables (bienes) o indeseables (males), pues los valores se dan en –polaridad- (bueno-malo, bello-feo, etc.) a ambos lados de lo indiferente.

En lo referente al manejo de valores por parte de los estudiantes que ingresan a la UAT, he podido observar ya desarrollados algunos, como el respeto y la solidaridad, sobre todo con sus propios compañeros o gente necesitada que recurren a su apoyo. Pero en lo general, respecto a otro tipo de valores que incidan en su preparación profesional, como la responsabilidad, puntualidad, trabajo y disciplina, aún será necesario que los docentes y estudiantes nos apliquemos enfáticamente para mejorarlos.

Cuando las personas poseen valores dignos, su conducta es encomiada por la comunidad donde se desenvuelve. Quizá por ello la UAT anuncia que en su interior se establece un programa de valores, que parte de los tres que identifican a la institución desde su constitución como entidad autónoma: verdad, belleza, probidad. Sin embargo, su implementación al terreno de lo cotidiano no se observa en lo general, y tampoco se registra un diagnóstico para saber lo que posee y de lo que carece el estudiante de reciente ingreso; asimismo, el que concluye su preparación profesional. Por otra parte, tampoco hemos visto evaluación alguna que se haya realizado para saber lo que hemos avanzado en este delicado campo del desarrollo profesional.

Quizá las unidades académicas, cada una por su cuenta, estén realizando un cumplimiento adecuado de esta iniciativa rectoral, pero un acuerdo de todas las dependencias de la institución educativa a la búsqueda de implementar el programa, no lo hemos observado; y quizá sería muy interesante que pudiese presentarse unidad en torno a actividades como esta, que pueden contribuir en generaciones de egresados que resulten más significativas para la sociedad.

Bibliografía: diccionario Enciclopédico Grijalbo, 2005. [email protected]