La recta final en las elecciones en EU 2020

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Enrique Diez Piñeyro Vargas

Dentro de pocas horas sabremos quién resultará ser el ganador de la elección con uno de los niveles más alto de participación ciudadana que se tenga registro. Todo esto, a pesar de lo complicado que ha sido este año 2020 a consecuencia de la pandemia, de los cientos de miles de personas contagiadas, las lamentables pérdidas humanas, los escenarios económicos adversos y las repercusiones que implica este contexto para un mediano y largo plazo.

Así es, el próximo martes tres de noviembre se realizarán las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. Hemos constatado como, desde hace semanas, gracias al sistema de votación en el vecino país, millones de estadounidenses han salido a emitir su sufragio en los centros de votación instalados con antelación, así como el alto nivel de participación vía correo, mecanismos que permiten a la ciudadanía ejercer su derecho a votar sin la necesidad de hacerlo el “Súper Martes”. Se habla que casi 60 millones de ciudadanos ya ejercieron su voto, es decir, un tercio de los votantes.

En una anterior colaboración dimos un vistazo a la trayectoria de quienes competirán en la carrera presidencial. Analizamos el perfil de los competidores, y durante este largo proceso electoral hemos escuchado sus posturas en referencia a cada uno de los temas de interés del pueblo norteamericano. Seguimos con atención los debates, tanto de los candidatos presidenciales, como el de los candidatos a Vicepresidente. Fueron debates con un pobre contenido de propuestas, basados únicamente en señalamientos, gritos e interrupciones. En realidad, dudo mucho que suceda como en anteriores procesos, cuando los debates inclinaban la balanza en favor de uno de los competidores.

Es muy importante recordar que el sistema electoral norteamericano es uno de los más complejos del mundo, y se establece en una votación indirecta. Se cuenta con un órgano llamado Colegio Electoral creado cada cuatro años, que define a los ganadores para Presidente y Vicepresidente mediante delegados elegidos previamente por los partidos políticos con derecho a un voto electoral, distribuidos de acuerdo al tamaño de la población que reside en cada estado. Es decir, son 538 delegados que corresponden en número a los cien senadores (dos por cada estado), a los 435 congresistas en la Cámara de Representantes y a tres delegados correspondientes al Distrito de Columbia.

El candidato que obtiene la mayoría del voto popular en un estado, automáticamente se lleva todos los votos electorales del mismo, con excepción de los estados de Nebraska y Maine, donde se reparten proporcionalmente. Es importante tener muy presente lo sucedido en cinco elecciones presidenciales, que quien logra la mayoría del voto popular en el cómputo final no necesariamente es el ganador de la contienda. El ganador de la elección es quien obtenga 270 votos, lo que representa la mayoría de los 538 votos electorales en disputa en el Colegio Electoral.

Por este motivo, vemos a los candidatos enfocando sus estrategias en determinados estados de la Unión Americana, denominados como “estados bisagra” o “swing states”, que son los estados que marcarán la diferencia en la elección. A pesar que la mayoría de las encuestas colocan con una ventaja de 12 puntos porcentuales a Joe Biden por encima del presidente Donald Trump, esto de nada le sirve si no conquista los votos electorales de los estados marcados con este status.

Estamos ante un escenario donde cada partido cuenta con una tendencia en determinados estados. Por ejemplo, los demócratas se basan en los números que arrojan sus sondeos y el comportamiento del elector en procesos anteriores, en los cuales proyectan contar con estados grandes en población y votos electorales, como California (55), Nueva York (29), Illinois (20), Nueva Jersey (14), Washington (12), Massachusetts (11) y Minnesota (10). Bajo el mismo esquema, los republicanos hacen lo propio en estados como Texas (38), Florida (29), Georgia (16), Tennessee (11), Arizona (11), Missouri (10) y Wisconsin (10). Hay muchos otros estados con menor cantidad de votos electorales que marcan preferencias a ambos partidos y sus resultados han ido variando.

Ahora bien, estados con gran número de votos electorales que no registran una tendencia considerable en favor de algún candidato como Pennsylvania (20), Ohio (18), Michigan (16), Carolina del Norte (15), Virginia (13), Indiana (11) y Maryland (10), pueden considerarse “estados bisagra” o “swing states”. Quien obtenga estos 103 votos electorales o, en su caso, la gran mayoría de los mismos, prácticamente podrá proclamarse como el ganador de la contienda. Tenemos que considerar que el partido Republicano ganó la elección de 2016 con 306 votos en contra de los 232 obtenidos por el partido Demócrata, adjudicándose estados donde la candidata Hillary Clinton daba como un hecho obtener el triunfo, a pesar de haber obtenido más de tres millones de votos populares por encima de Donald Trump.

Lo antes señalado puede suceder ahora en estados tradicionalmente republicanos, como Florida (29), Arizona (11) y Wisconsin (10). Estos estados podrían también considerarse en cualquier momento como “estados bisagra o “swing states”, ya que las más recientes encuestas marcan un empate técnico, motivo que prendió los focos rojos en el war room de Donald Trump. En estas horas previas a la elección mucho tendrá que ver la estrategia a implementar por parte de los candidatos y sus equipos de campaña.

Las casas de apuestas ponen como favorito a Biden en -188, mientras que a Trump lo colocan en +150. Ante este escenario, y considerando todos los errores cometidos por parte del actual Presidente, sobre todo en este año 2020, pienso que el ganador de la contienda será el candidato demócrata Joe Biden. ¡Hagan sus apuestas!

“Un pueblo que ignora su historia, es un pueblo que está condenado a repetirla”.

Abraham Lincoln