Maradona… genio y figura en Victoria

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Rubén Jasso

Cd. Victoria.- Aquel viernes 8 de febrero del 2019 el estadio Marte R. Gómez lucía a reventar por la presencia en el banquillo de Dorados del campeón del mundo en 1986 y figura de talla mundial, Diego Armando Maradona, quien desde su llegada a la Capital tamaulipeca, dos días antes, había generado una gran expectación entre decenas de aficionados que acudieron a recibirlo al aeropuerto y otros tantos que se arremolinaban desde temprano en la puerta del hotel de concentración.

Y no era para menos, pues la presencia del considerado por muchos el mejor futbolista del mundo, desataba la locura y muchas personas buscaban su firma o una fotografía, algo prácticamente imposible por el cerco que su mismo equipo establecía en torno a él.

Evasivo con la mayoría de las personas y arrogante por momentos, el astro argentino también tuvo sus buenos detalles en el estadio, sobre todo al finalizar el primer tiempo, cuando se tomó fotografías con algunos recogebalones y antes de iniciar el partido con dos comunicadoras victorenses, además de saludar de mano a varios niños al bajar al vestidor para el descanso, lo mismo que a los aficionados de la tribuna “grande”, la de Plateas.

Aquel día se jugaba la jornada seis del Clausura 2019 y Dorados ganaba a Correcaminos por un gol a cero, resultado que además significó el despido de Juan Carlos “La Pájara” Chávez del conjunto universitario.

Maradona no terminó el partido en el banquillo, pues a unos minutos de finalizar le echó “bronca” al silbante y fue enviado a los vestidores, donde poco después protagonizaría un baile raro pero alegre junto a sus jugadores, quienes disfrutaban en grande del triunfo que les permitía salir de una mala racha.

Su condición física en aquel entonces no era la óptima, pues era evidente el trabajo que le costaba mantenerse en pie, aparentemente por problemas en sus rodillas, aunque la alegría mostrada al final de ese partido era contagiosa entre todo su equipo y el alboroto en el vestidor de Dorados era una auténtica fiesta.

Y así como llegó se fue, no dio entrevistas y aceptó unas cuantas fotografías con aficionados y otros “afortunados”, aunque finalmente el estadio Marte R. Gómez y los miles de aficionados que asistieron ese día, fueron testigos de la presencia de una figura, la máxima para muchos, del fútbol mundial, un auténtico genio y figura… hasta la sepultura.