Gracias por sus palabras

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Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Por: El Contador Tárrega

Nada de lo que aquí voy a escribir lleva el más mínimo deseo de presunción. Al final explicaré por qué he escrito estas palabras.

Me ha conmovido mucho la respuesta que tuvo mi columna de la semana pasada, “Mi Camela”. Mucha gente me compartió haberse sentido enternecida al leerla, y debo confesar que yo también me enternecí, al grado de las lágrimas, cuando la escribí. Cuando terminé de escribirla, y cada vez que la leía, evocaba yo la imagen de un hombre adulto y una anciana, tomados de la mano, encaminándose emocionados a la tortillería, reviviendo una imagen que para ellos había sido cotidiana muchos años atrás, mientras que las sombras que esa pareja proyectaba eran la de un niño en calzones y botas vaqueras, y una muchacha con la vida por delante.

Quisiera compartir algunas de sus palabras, amigos y amigas, que me hicieron llegar por diferentes medios a raíz de esa columna:

“Qué hermoso. Me recordó a mi nana, una hermosa mujer que me acompañó desde bebé; ahorita ya está con Dios, pero tengo los recuerdos más bellos de ella”.

“Gracias. Muy bellas sus palabras. Cuántos de nosotros no tuvimos alguna Camela”.

“¿Se imagina usted a Gabriel Rodríguez en la oficina fiscal del estado con lágrimas en los ojos en medio de tanta gente? ¿No? Pues imagíneselo porque así estoy”.

“También lloré!! La mía se llama Chole y tiene 97 años. Cuánto agradecimiento hay de nosotros para ellas!!!”

“Hermosas memorias del Contador Tárrega. Con lágrimas de alegría al saber que hay personas como Camela en la vida”.

“Me gustó muchísimo su mensaje en la botella sobre Carmela. Quiero decirle que me ha hecho despertar y estar con carcajadas y lágrimas, risas, gozo, sentimientos tan bonitos y tan necesarios para personas que, como yo, los necesitamos tanto”.

Y junto con sus palabras, algunas madres agregaban palabras de agradecimiento para las personas que habían cuidado o cuidan actualmente a sus hijos.

Ahora, ¿por qué he mencionado todo esto? Prometí que lo explicaría.

Cuando empecé con esta columna, definí la siguiente misión para esta actividad: “Utilizar la palabra escrita para despertar la sensibilidad de las personas, como un medio para conducirlas a lo mejor que hay en ellas”. Y definitivamente la gratitud, la ternura, la bondad, y otras cosas que tal vez despertaron al recordar a nuestras respectivas “Camelas”, son parte de lo mejor de cada uno.

Así que, gracias a todos por sus palabras, porque me hacen ver que esta misión, aunque sencilla, también está sirviendo para sembrar semillas de amor en sus corazones. Amor por la vida, amor por sus semejantes.

En ocasiones me han dicho que tengo un don para escribir. No lo sé, es posible, pero la invitación que ahora les hago es que cada uno descubra o reencuentre el don que se le haya dado. Todos tenemos cuando menos uno, y es parte de lo que en el fondo sabemos que somos. Dice Claudio Naranjo, filósofo y escritor español: “Un ser humano inteligente y con corazón, se vuelve sabio cuando conecta con su esencia, con su espiritualidad y con su misión”. Una vez (re)descubierto, utilicen ese don para tratar de hacer de éste un mundo mejor, más cálido, más humano. Encontrarán que, al hacerlo, recibirán grandes satisfacciones, de ésas que no compra el dinero, tal como las que yo recibo cuando con sus palabras me hacen pensar que lo que hago tiene un sentido. Les auguro grandes momentos de felicidad al entregar su don a los demás.

En cuanto a Carmela, alguien me sugirió que la buscara, pero la verdad es que no tengo la más mínima idea de dónde hacerlo, así que creo que la imagen del hombre y la anciana caminando de la mano quedará solo en mi mente y en mi corazón. Pero está bien así por ahora. Algún día seguramente nos encontraremos en otra esfera y el gozo del reencuentro será enorme, de eso estoy seguro. Y seguramente allá, también habrá tortillerías.

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