Rescatemos principios de nuestras culturas originarias

0
44
Tiempo aproximado de lectura: 4 minutos

Héctor F. Saldívar Garza

Sabemos que el momento actual que se está viviendo en México y múltiples países del mundo entero revelan un decaimiento del modelo neoliberal, lo cual, para quienes pretendemos una mayor equidad social en el mundo, suena bien, por tanto daño que le ha ocasionado al mundo. Pero a la vez, nos exige pensar en un pronto sustituto que sea el ideario motivador del interés fundamental de nuestros líderes.

Si revisamos con detenimiento el pasado histórico de una parte importante de la sociedad latinoamericana, que es el área que más nos preocupa; veremos que en la etapa previa a la conquista fue muy significativa la cultura de varios grupos humanos en cuanto a lo social, ya que una cantidad considerable de sus dirigentes aplicaban ideas que buscaban promover su desarrollo personal y comunitario.

Los principios que fueron base del proceder de algunas de estas culturas, los señalaremos a continuación, con el ánimo de extraer de sus entrañas lineamientos que sean benéficos para lograr un presente y futuro social de mayor calidad.

Estamos convencidos que es factible pensar en el advenimiento de tiempos mejores para México y un conjunto amplio de países, donde probablemente las acciones negativas empezarán a escasear, para dar paso a conductas más recomendables, que permitirán una vida con mayor calidad para los ciudadanos; pero esto no será producto de la casualidad, sino del trabajo del pueblo pensante, quien además debe colocar las bases adecuadas del futuro inmediato, mediante la puntualización de una democracia más participativa.

Todo esto requerirá de organización, pero en nuestra nación consideramos ya llevar un avance significativo por dos razones: la primera es que tenemos en la Presidencia de la República a una persona que comparte el propósito de impulsar nuevas ideas que sustituyan las bases del modelo neoliberal; y el segundo motivo por el que estamos en vanguardia es porque ya se cuenta con el partido MORENA, quien dentro de su estructura tiene un órgano denominado Instituto Nacional de Formación Política, y al iniciar como movimiento político ya varios principios se habían considerado como guía fundamental, los cuales coinciden con las actitudes básicas de nuestros ancestros.

Por principio revisaremos la cultura de los aztecas, o mexicas, la cual floreció entre los siglos XIV al XVI. Fue un imperio dominador que comprendió desde el centro de la actual República Mexicana, denominado Valle de México, hasta las ciudades que hoy integran el Estado de México, Morelos, Puebla, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, la costa de Chiapas, y Guatemala.

De acuerdo con registros realizados por sacerdotes católicos españoles que participaron en la evangelización, múltiples libros coloniales que narraban los avances que esa cultura tenía, fueron quemados por los conquistadores como parte de la destrucción de su historia; pero afirman que en estas tierras había filósofos y sofistas, ofreciendo la autoridad una educación formal donde incluían valores e ideas profundas sobre la vida. Esto lo realizaban mediante tratados, exhortaciones y diálogos.

El objetivo principal de los aztecas era llevar una vida digna de vivirse. Empleando el término arraigada o enraizada, lo que probablemente significó asimilar la idea desde lo más profundo de su ser, para que de esa manera permaneciera fija de manera indeleble.

Una distinción extraordinaria de ellos con el mundo occidental era la concepción de felicidad, ya que para los aztecas esta contemplaba también dolor, sufrimiento y no exclusivamente placer. La razón era que nuestros ancestros del valle central de la actual República veían al mundo resbaladizo y al ser humano imperfecto, como realmente somos; de tal manera que todos podíamos caer y sufrir, pero mediante esfuerzos o la ayuda de nuestra familia y amigos podríamos levantarnos y corregir el camino.

Partiendo de esto, una vida digna podía alcanzarse en cuatro niveles. El primero comenzaba con el ejercicio diario para alimentar al cuerpo, lo cual consistía en acciones similares a lo que determina el yoga. El segundo nivel se lograba enraizando esos principios en su ser de una manera definitiva abarcando mente y sentimientos. El tercer nivel se obtenía si a la comunidad se le contemplaba como algo crucial. Su ética, a diferencia de Platón y Aristóteles, no la basaban en el individuo, sino en la sociedad; donde incluía la familia, amigos y vecinos.

El cuarto nivel se alcanzaba con el arraigo, lo cual se experimentaba al cumplir con las tres etapas anteriores.

La felicidad la observaban como objetivo impropio socialmente. Para comprenderse, el autor del artículo que informó lo relativo a esta cultura, comenta la disyuntiva a la que se enfrentó Ulises cuando la Diosa Calipso con quien llevaba siete años viviendo en una isla paradisíaca, le planteó que podía quedarse con ella y gozar de juventud permanente e inmortalidad, o volver al mundo real donde se experimentan dolores y sacrificios, pero también estaban su familia y amigos; y el optó por subir a una barca semidestruida y hacerse a la mar en busca de su esposa e hijo, alejándose de la felicidad.

Otra cultura nuestra de gran trascendencia es la maya, que operó en  Mesoamérica y su periodo temporal activo fue la época preclásica, del año 2000 a. C. al 250 d. C y la clásica del 900 d. C hasta el 1527 d. C.

Respecto a esta cultura, podemos afirmar que el sentido comunitario rigió la vida de los pueblos que la desarrollaban, tanto en la agricultura, como en el trabajo y el ámbito religioso.

La ayuda mutua y la cooperación operaban como dos pilares para su desarrollo, los cuales se enseñaban en la educación formal e incluso en la propia familia.

Otro elemento importante en sus principios era el agradecimiento, que funcionaba como un vínculo de unidad entre la familia y las amistades.

Un punto más, en su amplio tejido de lineamientos que ordenaban su vida, lo constituía el reconocimiento para las personas que apoyaban a los demás. Esto lo manifestaban mediante el respeto, motivando a todos a ser responsables en la vida comunitaria.

Como valores fundamentales también disponían del amor, la armonía, el respeto, la honestidad y solidaridad; y cuando entre ellos había desacuerdos, el diálogo era un distintivo a emplear, y asimismo la propia comunidad contribuía a la solución de las controversias.

De estas dos culturas podríamos seleccionar varios principios que podrían ser parte de nuestra ética y moral, ¿no les parece?.