Goodbye President T****

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Marco A. Ramírez.-

En Estados Unidos está a punto de terminar uno de los episodios más oscuros y aberrantes de su vida política: la gestión del hasta hoy todavía presidente, Donald J. Trump. Es importante hacer el acotamiento “hasta hoy”, porque se espera que entre hoy y mañana se resuelva en las cámaras la propuesta de iniciar un juicio político (el segundo, pero este sí va a pegar) y removerlo de su cargo por su responsabilidad en los hechos ocurridos el pasado seis de enero, cuando un grupo de simpatizantes republicanos invadió las instalaciones del Capitolio motivados por un discurso de Trump, quien los alentó diciendo que era la última oportunidad de evitar que se reconociera oficialmente la victoria del ahora presidente electo, Joe Biden. Con su típica retórica cargada de falsedades, Trump incitó a sus seguidores para marchar hacia el Capitolio, incluso diciéndoles que él caminaría con ellos (obviamente eso no sucedió) y reclamar que la elección les fue robada.

Las imágenes del hecho se acomodan entre lo bizarro y lo surrealista, parecen sacadas de una típica película de Hollywood, pero en ningún momento aparecen las fuerzas de seguridad super-equipadas para dispersar la turba, que sin mucho batallar pasaron encima del primer “cerco” y luego como pudieron entraron al edificio, donde invadieron oficinas e hicieron desmanes. Adentro todo era confusión, porque nadie creía lo que estaba pasando. Al final, las autoridades retomaron el control y Joe Biden fue ratificado durante la madrugada del día siguiente. Cinco personas murieron y más de 60 fueron detenidas ese mismo día. El Alcalde de Washington D.C. declaró estado de emergencia por los siguientes 15 días después del hecho, vallas de contención han sido instaladas desde el nueve de enero, y al menos seis mil tropas ya se encuentran estacionadas en la ciudad, en preparación a la ceremonia de inauguración del presidente electo Biden, quien ha declarado que no tiene miedo de realizar la ceremonia al aire libre, como tradicionalmente se ha hecho. La mayoría de los estados también están preparándose para responder a posibles manifestaciones violentas en los Capitolios estatales.

El presidente Trump se ha quedado solo, sin aliados, sin apoyo, solo con los incondicionales de su círculo más cercano. Las plataformas tecnológicas de redes sociales, como Twitter, Facebook e Instagram, le cancelaron sus cuentas, argumentando que ha violado los términos y condiciones de uso de los servicios para dejarlo así prácticamente sin voz; dichas violaciones estuvieron sucediendo durante toda su presidencia, pero hasta ahora se animaron a hacerlo, porque es obvio que está solo y no habrá ya quien lo defienda, ni siquiera su “Chiquidrácula” personal Rudy Giuliani. Así mismo, diferentes empresas (Deutsche Bank, PGA, Shopify, Stripe, Comcast, Hallmark, Airbnb, American Express, AT&T, Best Buy, Mastercard, Morgan Stanley, Verizon, más los que se acumulen esta semana) han emitido comunicados para indicar que van a cortar todo nexo o relación de negocio que tenga que ver con Trump.

En un escenario imaginario, el juicio político contra Donald Trump es aprobado en las cámaras y Mike Pence asume las funciones de presidente interino. Donald Trump es removido de la Casa Blanca y se traslada a Florida para enfrentar, desde allá, un cúmulo de juicios y demandas, que eventualmente lo llevan a la quiebra… más bien a reconocer que ya estaba quebrado desde antes de ser presidente.

El juicio político para Donald Trump es importante, porque en el universo de la política la humillación pública es una poderosa forma de castigo. Numerosos republicanos que antes apoyaron a Trump se han estado pronunciado a favor del juicio político, porque no pueden pasar por alto el intento de mancillar la democracia y porque también quieren salvar su propio pellejo. Lo peor que puede pasarle a Trump después de quedarse solo, como ahora está, es la humillación que traerá consigo el juicio político y el repudio de los que antes lo siguieron y creyeron en él y en lo que representaba. Al final, la grandeza del país podría ser medida por haber sobrevivido a la administración un personaje que quiso, por capricho, ser presidente, y lo consiguió. Goodbye Mr. Trump, no lo vamos a extrañar.

Se dijo primero aquí. En una semana, otro escenario.

Avui no és demá.

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