Contribuyamos a mejorar las instituciones educativas

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Héctor F. Saldívar Garza

Las universidades en occidente fueron instituciones creadas con la finalidad de humanizar a las sociedades, mediante el desarrollo de las denominadas en la Edad Media artes liberales;  sin embargo, como ha sucedido con una gran cantidad de organismos, los propósitos con los que fueron creados no se han logrado del todo, e incluso, existen opiniones negativas sobre su desempeño.

Recordemos que la denominada Trivium, que consistía en el aprendizaje de Gramática, Retórica y Dialéctica; de acuerdo a la opinión de expertos académicos e investigadores, son aprendizajes logrados de manera muy superficial en la mayoría de nuestros estudiantes, asunto sobre el cual se requiere trabajar aún enfáticamente.

Muchas ocasiones las universidades reciben a los jóvenes con estas carencias, más ya ingresando es responsabilidad de estas asumir el compromiso de plantear proyectos para corregir las debilidades que presenten. Estas acciones podrán realizarse de muy diversas formas, como ejemplo podrían impartirse conferencias, vídeos, cursos presenciales cortos y una diversidad más.

Las cuestiones a mejorar que manifiestan es consecuencia de diversos factores, pero uno de ellos, que figura a nivel negativo destacado, es el modelo neoliberal en el que vivimos, cuyos objetivos principales son preparar a los profesionistas para ser competitivos; y esto suele reducirse en el mejor de los casos a saberes en torno a su profesión, lo cual se convierte en línea principal a seguir, sesgando diversas cuestiones que en su formación resultan básicas.

Como experiencia de más de 25 años de impartir clase en varias universidades, pude observar que en las autoridades educativas existe una débil preocupación por la preparación que alcancen los estudiantes, o por lo menos el nivel de exigencia no comprende este punto, ya que su interés principal está relacionado con el cumplimiento del programa asignado, lo cual, salvo excepciones, no se comprueba si se cubren a plenitud; asimismo, el nivel de profundidad.

Los motivos por los que se genera lo señalado son varios, pero uno de los principales lo comprende la preparación profesional de la mano que conduce el timón, ya que los lineamientos políticos de los candidatos que coincidan con el liderazgo gobernante superan todos los demás considerandos.

Partiendo de ahí van surgiendo elementos que son consustanciales a esa primera gran decisión. Entre ellos tenemos las personas que secundarán la labor del dirigente máximo, las líneas de acción que se trazan, las contrataciones de profesores, la responsabilidad y honestidad con que se labora y muchos más que suelen padecer de cuestiones similares.

Por supuesto que esto no es lo mejor que pudiese suceder, ya que resulta común que se piense actualmente, que la educación impartida en las instituciones superiores debe ser de tal nivel que cubra las necesidades actuales y futuras de la sociedad, y esto, por principio, requiere de un análisis largo y profundo, donde se incluyan las materias que serán motivo de más atención, precisando, asimismo, el interés de alcanzar el mejoramiento educativo de los estudiantes hasta la creatividad, en el desarrollo de la denominada Inteligencia intelectual o IQ.

Esto como consecuencia de la marcha siempre ascendente de la sociedad a la busca de un mejor nivel de vida; lo cual exige una capacidad de innovación y creatividad de los miembros de la sociedad, que se espera provenga de las instituciones de educación superior, por constituir el máximo grado de estudios.

Asimismo, en los últimos tiempos nuevas ideas han estado permeando a las dependencias aludidas y a los demás niveles de enseñanza; y es en el sentido de que en la formación de los profesionistas no debe omitirse el área emocional, ya que estudios realizados al respecto muestran que las capacidades intelectuales, si bien generan desarrollo material, la felicidad, que es un objetivo prioritario de los seres humanos, está más cercana a las personas cuya emocional está en niveles óptimos.

Por fortuna algunas instituciones de educación superior han hecho eco a este llamado de la sociedad, corrigiendo algunos planes y programas de estudio para cumplir con la demanda establecida, sin embargo, nuevas necesidades surgen y a ellas deben abocarse.

Estarán de acuerdo conmigo en que como el mundo está cambiando de continuo, otro tanto debe ser con las instituciones educativas; e incluso no es de ninguna forma un atrevimiento señalar que deben avanzar a la vanguardia de la sociedad, para prevenirla de las contingencias que surgirán.

Siguiendo esta línea de pensamiento, los planeadores de la educación tendrán que pensar no en el aquí y ahora, como suelen citar algunos psicólogos; tampoco en el futuro inmediato, como afirman los que se interesan por el mañana ya vislumbrado. El objetivo a alcanzar debe ser formar a las personas desde la estructura inicial para que se conviertan en amantes del saber; en ese contexto no resultará complicado encontrar personas que apoyen la iniciativa de educar para resolver las problemáticas que surgirán al transcurso del tiempo, las cuales tendrán que imaginar y preparar formas diversas de abordarlos, siguiendo rutas nuevas y empleando materiales y equipos que solo existen en la mente de los futuristas.

Esto será posible porque cuando se logra introyectar en los seres humanos el gusto por conocer, su mente, proyectos y todo accionar intelectual que realiza y en el mejor de los casos, también emocional, se transforma a límites en ocasiones inconcebibles para algunos, pero comprensibles para los observadores que desde tiempos previos han participado en las acciones que se desarrollan en las instituciones.

Entonces, si nos ubicamos en un plano analítico, la reflexión nos conducirá a comprender que como mínimo, cualesquiera que sea el área educativa donde nos desenvolvamos, nuestra actividad debemos realizarla cada vez con el máximo ahínco, para contribuir a mejorar la sociedad.