Un tuno de abolengo

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El Contador Tárrega

Agosto de 1981. Alguien le propuso al arquitecto Antonio Estrada organizar una rondalla en la Facultad de Comercio de la UAT, donde estudiaba el que esto escribe.

El arquitecto, originario de Guanajuato, les propuso mejor organizar una tuna. Creo que en toda la UAT nadie sabía qué cuernos era eso, así que él les explicó el origen del término: en sus orígenes, en España, las estudiantinas, como su nombre lo indica, estaban formadas por estudiantes, que eran los “riquillos” que tenían para ir a una universidad. A la par de estos grupos, había otros similares, pero formados por “la raza gandalla”, muchachos de bajos recursos que se organizaban para tocar en fiestas solo para que les dieran de cenar. A estos muchachos se les llamaba tunantes, y los grupos que formaban eran las tunas. Hoy en día, estudiantina y tuna casi son sinónimos, pero en sus orígenes esa era la diferencia.

Así que 13 muchachos, estudiantes de la facultad, iniciamos la aventura bajo la guía del arqui. Debutamos en febrero del ’82 teniendo unos padrinos de lujo, la Estudiantina (Tuna) de Oro de Guanajuato, de la cual Toño había formado parte.

Durante el fin de semana del Día del Amor, Ciudad Victoria vio cosas que nunca había visto. El sábado en la tarde realizamos una divertida “callejoneada”. La gente no entendía qué era esa gente vestida como de Carlos V, pero contagiados por la alegría de la música, se fueron uniendo a la procesión.

Al día siguiente, las funciones que realizamos en el teatro de la UAT estuvieron repletas. Nuestros padrinos dieron un recital exquisito, incluyendo piezas musicales que prepararon para una ocasión en que cantaron para la Reina de Inglaterra. Piezas clásicas (la Marcha Turca de Mozart, el Canto de los Esclavos de Giuseppi Verdi, la Novena Sinfonía de Beethoven) que les ganaron una ovación con el público de pie aplaudiendo por casi un minuto.

Durante los dos días que convivimos con ellos, nos platicaron muchas cosas de Toño que no sabíamos y pude percibir el gran respeto que sentían por él.

Había entrado a la estudiantina a los 17 años y estuvo con ellos durante 12 años. Participaron en una película que filmaron Enrique Guzmán y Rocío Dúrcal en Guanajuato, y Toño cantó como solista en una serenata que Enrique le lleva a Rocío en la película (tenía y sigue teniendo una voz de tenor privilegiada). Nos platicaron los tunos de oro que Rocío escuchó cantar a Toño la canción “Estudiantina canaria” –ella también la cantaba– y le dijo sorprendida “¡oye majo, creo que la cantas medio tono más arriba que yo!”. Participaron también en otra película con las gemelas Pili y Mili. Estuvieron en Siempre en Domingo, viajaron, ganaron premios, etcétera.

Junto con él, también viajamos (en uno de los primero viajes fuimos a Poza Rica, cantamos en una plaza y, al terminar, las muchachas se acercaron a pedirnos autógrafos, me sentía yo artista), también ganamos premios (primer lugar en el concurso nacional de tunas en Amazcala, Querétaro), corrimos aventuras (en ese viaje a Veracruz el camión se descompuso al regreso y nos venimos de ride como pudimos, otro compañero y yo nos venimos en un camión de redilas, arriba de la carga de naranjas que traía, agarrados hasta con los dientes para no caernos), pero sobre todo, nos divertimos.

Recuerdo que en una ocasión terminamos una presentación y le dije a otro tuno que me acompañara a una tiendita que estaba cerca, todavía traíamos los uniformes. Vi que la dependienta era una muchachita que se veía muy inocente, le guiñé un ojo a mi compañero y le dije a la muchacha, con el mejor acento español que pude hacer: “dizculpe hermoza donzella, ¿podría dezirme en qué año eztamoz?”. La muchacha peló unos ojotes y me dijo “1983”. Volteo con mi compañero y le digo “¡ezta máquina del tiempo ez maravilloza!”. Y nos salimos, dejando a la chica con cara de “what?” y la boca abierta.

Así que, por todos esos bellos momentos, dedico con cariño este mensaje a ese gran tuno de oro, mi Toño de oro. En verdad, un tuno de abolengo. Gracias, Toñito, por haberme permitido vivir tantas cosas que hoy son hermosos recuerdos y que revivo al son de aquella canción:

“Recuerdo como ayer, dos mil rondas siempre juntos / sin cansarnos de vivir aventuras por el mundo /. Imágenes de ayer que están en mi pensamiento / la ilusión que sentí al cantar /. Hoy vuelvo a recordar aquellas juergas de antaño / que el tiempo no ha logrado borrar en tantos años /. Y déjame cantar, porque aún soy un galante / y mientras el cuerpo aguante, seré tuno hasta morir”.

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