General Pedro J. Méndez, vencedor de los franceses

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Francisco Ramos Aguirre.-

En 1862 ante el desembarco de tropas francesas en Tampico, el gobierno republicano nombró comandante militar de Tamaulipas a Juan José de la Garza. En ese momento, autoridades, oficinas y docenas de familias se trasladaron a Altamira, mientras los chinacos custodiaban el parque y materiales de guerra. Ese año Pedro José Méndez y José María Martínez se presentaron en Ciudad Victoria para la autorización de una guerrilla.

¿Qué sucedía en esos momentos en la Capital tamaulipeca? Ante la difícil situación, la respuesta de los liberales, militares y ciudadanos fue inmediata, al instalarse «…una Junta Patriótica, para cooperar a la defensa nacional.» El general Macedonio Capistrán se unió a las tropas del Estado para hostilizar a los franceses; el general Canales asumió la jefatura de Tula y Méndez atacó un buque francés en el río Tamesí que le valió el grado de Teniente Coronel.

Entre las estrategias militares, figuran la instalación de veintidós puntos de vigilancia a distancias adecuadas y un cuartel general en la Hacienda del Chocoy cerca de Tampico, donde se concentraron fuerzas de Victoria, Burgos y Güémez. El resto de la ciudadanía incluyendo mujeres, no permaneció ajena a los acontecimientos: «En todas las poblaciones hay alistamiento de voluntarios, a cuyo frente se ponen las personas más acomodadas y de las mejores familias. Las señoras de Ciudad Victoria se ocupan de reunir donativos para los hospitales militares».

Darío Balandrano, colaborador de Juan José de la Garza editó El Guerrillero Tamaulipeco, para divulgar las ideas liberales: «No: Vosotros no necesitáis formar votos para que nazcan vengadores de nuestras cenizas. El día en que vuestra sangre tiña la tierra, la tiranía, sus palacios y sus protectores se desvanecerán para siempre ante la impotencia y la cólera del pueblo.»

En 1862 Francisco Gutiérrez, recibió en su casa de Victoria dinero para sufragar los gastos de guerra. A principios de 1866, fue tomado prisionero y trasladado a San Luis Potosí donde los franceses lo condenaron a muerte, junto con otros reos tultecos. Ese año, recibieron en indulto de Maximiliano: «Francisco Gutiérrez (35 años, nacido en Tula, Tamaulipas, talabartero y avecindado en el mismo lugar de nacimiento); Andrés Olvera (25 años, soltero, nacido en Tula de Tamaulipas, labrador y avecindado en el mismo lugar de nacimiento); Juan Proa (soltero, nacido en San Luis, Potosí, labrador y avecindado en la Villa de Santa Bárbara); Andrés Serrato (50 años, casado, nacido en Durango, arriero y avecindado en la Miquihuana)».

Ubicadas en la serranía, a mediados del siglo XIX Tula y Santa Bárbara eran ciudades importantes de Tamaulipas y paso obligado hacia Tampico para viajeros, arrieros y comerciantes. En medio de todo esto, el 30 de marzo de 1865, Maximiliano decretó que Tula se integrara San Luis Potosí, recién designada cabecera del Cuarto Distrito. El alcalde Cruz Morales aprobó la orden.

Al iniciar la guerra, todo indicaba que los tultecos permanecerían fieles a los republicanos, porque tenían fama de ser:  «…amantes de la libertad mexicana, y encaminados al combate por un jefe de los conocimientos militares del señor García Medina, tendrán una rara oportunidad de probarlo.» En 1854, este español era Juez de Paz en Jaumave y Comandante de Palmillas, pero terminó adhiriéndose a los franceses con el grado de Teniente Coronel. El 25 de junio de 1864 un grupo de tultecos notables entre ellos Nieva, Martínez y Niño, se deslindaron del liberalismo y firmaron en San Luis un acta de adhesión al Imperio.

 

TOMA DE TULA

En abril de 1865, mientras Méndez y su Cuerpo de Fieles vencían a los franceses en Victoria, las autoridades municipales de Santa Bárbara desalojaron a los soldados extranjeros y decomisaron cien fusiles que Tomás Mejía otorgó a los imperialistas. La reacción de los conservadores tultecos fue inmediata al enviar un contingente para controlarlos: «El destacamento regresó a Tula, y entonces los vecinos tachados de imperialistas comenzaron a sufrir persecuciones. El abate Mr. Chandron se vio amenazado de muerte, y solo pudo salir de ahí, perdiendo su caballo y 520 pesos que le costó el pasaporte».

A los chinacos se agregaron simpatizantes de Escandón, Victoria, Quintero y Morelos y formaron un ejército de cuatrocientos hombres. Para financiar este contingente, se decomisó dinero a los adictos del Imperio en Tampico. Así las cosas, «El 17 de mayo fue enviada de Tula, una nueva sección de menos de 200 hombres contra los republicanos». …y los juaristas volvieron…a situarse en Santa Bárbara y demás puntos comarcales, uniéndoseles Méndez y …un total de 800 a mil hombres de la misma localidad y de Jaumave».

El cuatro de junio de 1865, las tropas de Méndez se enfrentaron a las fuerzas enemigas en Tula integradas por «712 mochos», comandados por los coroneles Cosolenio Llera, Prieto y Balderas. Por la tarde, después de casi diez horas de combate se apoderaron de la plaza al vencer a los franceses, ocasionándoles: «Cuarenta muertos, 32 prisioneros, una pieza de artillería, un depósito de armas, parque y lanzas».

Al enterarse del triunfo, el presidente Benito Juárez lo ascendió a general. Luego, con la presencia de Mariano Escobedo marchó hacia Guadalcázar, Cerritos, Rio Verde y Ciudad del Maíz, al mando de mil 200 hombres. Para combatirlos, los imperialistas enviaron desde San Luis Potosí, tropas de zuavos. Algunos disidentes tultecos como Ignacio Treviño y Francisco Arana, prefirieron acogerse a la ley de amnistía del gobierno imperial.

El 19 de junio, luego de extraer fuertes sumas de dinero los republicanos se trasladaron a Victoria y Santa Bárbara. En ese tránsito, Méndez asignó cien hombres en Palmillas y otra cantidad igual en Jaumave. En Tula, decomisó una imprenta del semanario La Defensa Nacional del señor Puente: «…quien lo dejó a poco para combatir a los franceses en cuya campaña fue muerto, continuando la redacción del periódico a cargo del Sr. Cristóbal Montiel».

Cuando esa ciudad estuvo bajo la férula republicana, los juaristas decomisaron los bienes a varios imperialistas: «Entretanto multitud de individuos que combaten en las filas de los disidentes, perciben tranquilamente la renta de los bienes que han dejado bajo la protección del imperio». Según una carta de Manuel Gardette al general Méndez, Tula era importante para sostener la guerra: «…por dos razones: primero porque es la fuente del comercio de Tampico con el interior; segundo porque la hemos de exprimir hasta dejar a esos ricos cabrones, como un bagazo de caña».

El tres de julio, los juaristas recaudaron cuatro mil pesos, confiscaron la Hacienda El Rincón de Guadalupe y bienes del administrador de correos Hermenegildo Azpericueta. Ante la presencia del comandante Valles y un grupo de franceses procedentes de Tampico, se trasladaron a Jaumave. La guerrilla de Méndez, complicó el escenario a los extranjeros, quienes para combatirla movilizaban soldados desde de la huasteca y otros lugares Tamaulipas.

En agosto 18, el subprefecto potosino Joaquín Silva comunicó el ingreso de las tropas francesas a Tula a cargo del comandante Delloye. Los republicanos desalojaron la ciudad sin presentar batalla, mientras los imperialistas exhortaban a mediante avisos el regreso de las autoridades: «…a desempeñar sus empleos». Parecida situación vivieron en Santa Bárbara cuando en octubre estaba en manos del comandante Choppin.

Por esos días al transportar un envío de plata, los franceses se enfrentaron a republicanos en Santa Cruz del Nopal, cerca de El Chamal. En medio de la sierra: «…se encontró con la banda de Gómez…de 150 hombres. Un destacamento de 50 infantes y 30 caballos cuyo mando tomó en persona el señor Delloye, cerró sobre los disidentes haciéndoles 20 muertos y quitándoles armas y caballos; en los inútiles esfuerzos para recobrar las mulas quitadas por el enemigo, pereció un arriero y algunos mozos de la conducta desaparecieron».

El tránsito por ese sitio resultó complicado debido a un aguacero que puso en peligro el cargamento y vida de los custodios. En Las Minitas, estuvieron a punto de ahogarse las mulas y perdieron 25 mil pesos. Reunidos en la Hacienda El Chamal, las fuerzas enemigas de Delloye y Choppin esperaron a Méndez. El nueve de octubre se presentó un combate, donde los franceses ganaron. Los guerrilleros huyeron, entre la montaña por un camino angosto, abandonando las municiones: «Los arrieros que pasaron después que la columna, hallaron 40 cadáveres en el interior de los parapetos, contándose entre los muertos algunos cabecillas de importancia. Fueron también hallados enseguida 40 caballos ensillados, efectos personales pertenecientes a Méndez…» La región de Santa Bárbara no era desconocida a Méndez. En esos días, ordenó al coronel Francisco G. Vargas incendiar la Hacienda El Chamal de Miguel Blanco ex ministro de Guerra del presidente Juárez.

Para evitar otra sorpresa de los republicana, los jefes militares franceses y autoridades tomaron precauciones en Tula, colocando en las esquinas de la plaza principal: «…trincheras que son formadas de cerca de piedra y tiene vara y media de ancho, …en una de ellas está un carretón lleno de estiércol; que la casa de don Ramón Vértiz tiene en la azotea unas trincheras de adobe; que por la calle de la salida para ir enfrente de la casa del C. Antonio Orozco están unas vigas clavadas y que de noche cierran con atravesaños; que la puerta la cierran hoy que fue a misa, que no eran más que ciento ochenta hombres; …en el Cerro de la Cruz hay un polvorín que ya he dicho a V. y que tiene dos piezas chicas, que son las únicas que hay en la plaza».

Esta situación permaneció sin variar durante el resto del año. El fatal desenlace para Méndez, sucedió el 23 de enero de 1866 poco antes de vencer a los franceses que conducían una conducta de caudales en Tantoyuquita. Durante la refriega, fue herido de muerte por una bala en el pecho. A pesar de este incidente, los chinacos se impusieron a los imperiales.

Al morir, Méndez inauguró con su hazaña el santoral y cementerio de los héroes tamaulipecos. Gracias a sus afinidades republicanas, pronto se convirtió en figura de culto arropada por himnos, calles, medallas, oraciones cívicas, esculturas, nombre de municipio, lógicas masónicas y el periódico La Sombra de Méndez.